Las desigualdades, en lo que a servicios se refiere, entre el mundo urbano y el rural siguen siendo muy grandes o incluso se puede afirmar que en algunos aspectos aumentan. Una de estas desigualdades, quizá la mas sangrante por la importancia que tiene en el mundo actual, es la llamada brecha digital, es decir, la distancia en el acceso, uso y apropiación de las tecnologías de la información y la comunicación entre el campo y la ciudad. Según el Índice de Conectividad Global (GCI), que evalúa el progreso digital en cincuenta países, España ha mejorado mucho su situación en los últimos años con un rápido crecimiento de la banda ancha. Pero esta mejora no llega a muchas zonas del mundo rural asturiano, especialmente a las aldeas del Suroccidente, por lo que la distancia entre ambos mundos se hace cada día más grande.
Existen en el concejo de Tineo pueblos en los que la cobertura de móvil es tan escasa que es imposible hablar desde dentro de las casas. No es de recibo que en pleno siglo XXI sea necesario salir a la calle y andar un rato para poder realizar una llamada. El acceso a Internet también es complicado. La banda ancha no llega a estos núcleos de población y solo se puede acceder por el llamado Internet Radio, con un precio mucho más caro y un servicio bastante precario.
El acceso a las nuevas tecnologías es fundamental para mejorar la vida en nuestros pueblos. En primer lugar porque podría atraer población al mundo rural. Para la gente que trabaja desde casa a través de Internet, una posibilidad cada vez más extendida, la vida en el campo podría ser una estupenda opción si se dieran las condiciones necesarias para realizar dicho trabajo con seguridad. Es también muy importante para el turismo rural, tanto para los empresarios como para los clientes, así como para cualquier otra empresa que decida emprender desde estos lugares. Y un elemento fundamental de socialización para zonas con una población tan dispersa.
Pero, una vez más, como en tantas otras cosas que atañen a nuestro olvidado mundo rural, todo se queda en proyectos y buenas intenciones. O en mera palabrería. Seguimos siendo ciudadanos de segunda y cada vez con mayor motivo. ¿Tendrá esto algo que ver con que somos muy pocos a la hora de votar?