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Pilar Arnaldo

Desde La Pontecastru

OTRA VEZ LA TIJERA

Como todos los años, a principios del verano, la Consejería de Educación del Principado de Asturias realiza las provisiones de plazas para el próximo curso. Los recortes, desde hace tiempo, viene sucediéndose invariablemente. El criterio económico parece ser el primordial a la hora de gestionar la enseñanza, por mucho que nos cuenten lo contrario. Pero estos recortes son especialmente sangrantes cuando afectan al mundo rural. Sí, a ese mundo rural que últimamente tanto preocupa a políticos e instituciones y que vemos casi a diario en la prensa como un objetivo importante a proteger. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica.
Este año esa tijera implacable llegó al colegio de Belmonte de Miranda –no solo, también a otros como el de Soto de Luiña – . Precisamente a Belmonte, que es uno de esos lugares que cumple todos los requisitos para necesitar una protección especial: municipio pequeño, de montaña, en el occidente de Asturias, con una población envejecida y dispersa… Pero eso no parece que se mire en la Consejería de Educación. Allí lo que cuentan son los números, por más que el máximo responsable de dicha institución sea un hombre de letras.
El colegio de Belmonte fue durante estos últimos cursos un centro que llevaba a cabo importantes innovaciones metodológicas, con una plantilla entusiasta y entregada que ahora ve premiados sus esfuerzos con un recorte tan bestial que no queda ni una solo plaza a tiempo completo –exceptuando la de la directora porque esa no se puede recortar- en dicho colegio.
Así que una vez más toca recordarles a nuestros gobernantes esas cuestiones ya tantas veces repetidas. Nada hay más importante para fijar población en un pueblo que la escuela. Todos los servicios son importantes, pero este es absolutamente imprescindible. Si los niños se tienen que desplazar lejos, los padres acabarán yéndose con ellos. Pero también hay que hablar de igualdad de oportunidades y para ello lo primero que hay que tener claro es que no se pueden aplicar los mismos criterios al mundo urbano que al rural. Porque los niños de los pueblos tiene que hacer un esfuerzo mucho mayor para formarse que los de las ciudades y para eso necesitan un tratamiento distinto.
Uno de los grandes errores que se cometieron con el mundo rural fue el de imponer las mismas leyes, normas y criterios que para el urbano cuando la realidad es completamente distinta. Así nuestros pueblos se están quedando abandonados irremediablemente. Pero no aprendemos.

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Sobre el autor

Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional


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