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Pilar Arnaldo

Desde La Pontecastru

ALDEANOS

Recientemente, en el transcurso de un debate parlamentario, la presidenta del PP de Asturias, Mercedes Fernández, zanja la discusión sobre la idoneidad del nuevo patrono de la Fundación Cajastur con la expresión “a ver si no somos aldeanos” referida a la objeción que algunos ponían a este señor por el hecho de no ser asturiano. Me parece, señora Fernández, que no pudo usted emplear una expresión más desafortunada. Desafortunada porque, al llamar aldeanos a quienes usted considera llevados por prejuicios, cortos de miras u ofuscados, está ofendiendo a muchos asturianos. Sí, nos ofende a los que de verdad somos aldeanos, es decir, habitantes de la aldea, que es el recto significado de la palabra. Pero también ofende a la gran mayoría que, aunque no habiten en la aldea, proceden de ella o descienden de aldeanos y a quienes los respetan y valoran. Con esta expresión parece usted abundar en la idea de que la persona que vive en el pueblo está en un grado de inferioridad cultural e intelectual con respecto a los habitantes de las urbes. El viejo prejuicio, que hoy creíamos superado, de que lo rural es sinónimo de pobreza y atraso subyace en sus palabras.
Los habitantes de las aldeas nos sentimos humillados con esta expresión desacertada. Y más cuando es pronunciada en la más alta institución de nuestra comunidad autónoma. Flaco favor le hace usted al maltratado mundo rural con expresiones así. Hoy, cuando a todos se les llena la boca con proyectos para combatir el abandono y despoblamiento de los pueblos, viene usted con su inoportuna manifestación a estigmatizar un poco más nuestros desatendidos núcleos rurales.
Discutan y peléense ustedes todo lo que quieran pero, por favor, dejen en paz a los aldeanos que, a menudo, suelen demostrar bastante más cordura y sentido común que los habitantes de la ciudad. Es posible que, si esas instituciones que sus señorías ocupan estuviesen gobernadas por aldeanos, nos fuera bastante mejor. Porque peor ya es difícil, especialmente en lo referido a este mundo rural al que no demuestra usted mucho aprecio.
“Las palabras nunca son inocentes ni impunes”, afirmaba José Saramago. Pues cuídenlas. Son ustedes nuestros representantes y nos deben respeto.

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Sobre el autor

Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional


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