Ayer su taxi entraba en la rotonda —casi desierta— sin apenas mirar a los lados, porque iba muy ocupada diciendo al retrovisor: «Bueno, ¿qué? ¿Mañana —por hoy— ganarán o qué?» ¿Qué responder? A través de la ventanilla, una lustrosa fuentona teñida de azul, de esas que han engalanado en los últimos días Oviedo; los restos de un montón de publicidad electoral caduca en un suspiro; un monstruoso anuncio que explica lo de la fuente, y puede que todo lo demás: hoy juegan Sporting y Oviedo, y quien más quien menos sueña con verse la próxima temporada un par de escalafones más alto. ¿Qué responder?
Por alguna extraña alineación de los astros, fuera de esa interminable y azulísima rotonda esta semana también ha habido más motivos para la victoria o la derrota, más opciones de respuesta más o menos rocambolescas: empezamos mirando fuera, lejos, por ejemplo a Siria. Allí vive el horror, pero sobre todo la incertidumbre, aún a la hora de escribir esta columna, a costa de los salvajes del Estado Islámico. Han tomado la ciudad de Palmira como rehén de sus atrocidades y la tienen sumida en algo casi peor que el caos, que es la oscuridad: el hecho de que haga días que nada se sabe de ese puntito del mapa hace intuir que, en los que están por llegar, aterrizarán en nuestras pantallas nuevos vídeos de destrucción patrimonial y cultural y humana. Pero posiblemente no estuviese preguntando por el Estado Islámico. Ni siquiera por Charlie Hebdo, que un par de patadas después de la solidaridad mundial parece empezar a descomponerse y, por ende, a dar la victoria a quien la buscó en su momento.
También cabe la improbable posibilidad de que en el realidad estuviese pidiendo alguna opinión sobre el palmarés del festival de Cannes, que se ha celebrado estos días con el boato y polémica acostumbrados en la glamourosa costa azul francesa; o incluso —más improbable aún— que quisiese saber el parecer del pasajero con respecto al otro festival, el de Cans, que también se ha venido celebrando este fin de semana en O Porriño, provincia de Pontevedra. Simpre con vencedores, y con vencidos. ¿Qué, ganarán?
O puede que la explicación, ya al tomar la salida de la rotonda interminable, estuviese en un mensaje de texto que llegó un par de horas más tarde, uno que hablaba del histórico reto partidista que se plantea cada cierto tiempo, de ese que nunca deja a nadie satisfecho y al que sin embargo nos empeñamos en volver: «¡Aupa Edurne, tú puedes!»
«¿Qué, ganarán mañana? La gente se va a poner contentísima». Estaba claro que ni Estado Islámico ni Pontevedra, ni siquiera Côte d’Azur: era el Oviedo, el Real Oviedo, sobre lo que quería saber. Había que completar con algo, el destino estaba cerca: «Bueno, Slim ha cogido un avión desde muy lejos.»
«En realidad», prosiguió, como aprovechando un pie que venía esperando, «a mí el fútbol no me gusta. Pero mañana va a hacer un día de película, se nos acumulan los eventos y aquí no va a haber quien pare. Así que mañana vamos a hartarnos a trabajar: vamos a ganar», remató con una sonrisa. «¿Dónde vamos?», preguntó enfilando otra rotonda con felicidad. Hoy estará contenta. Porque hoy, pase lo que pase, habrá ganado.
[Este artículo apareció publicado originalmente en la edición impresa de El Comercio del día 24 de mayo de 2015.]