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Alejandro Carantoña

En funciones

¿Quién es Svetlana Alexiévich?

En funciones es la serie de artículos de opinión que, cada domingo desde noviembre de 2014, aparecen en la sección de Cultura de la edición impresa de El Comercio, y cada lunes siguiente, aquí.

Lunes. Prácticamente nadie en España sabe quién es Svetlana Alexiévich, pero suena fuerte en las apuestas para el Premio Nobel de Literatura 2015. Martes. Alexiévich es bielorrusa y encabeza las quinielas. Miércoles. Ya es Alexiévich, y su apellido debería sernos tan familiar como el de Murakami, el Meryl Streep de las nominaciones al Nobel —Mery Streep ha ganado el Oscar solo tres de las diecinueve veces que ha sido nominada: Murakami es el eterno casi ganador del premio Nobel de Literatura—. Jueves, Alexiévich gana el Nobel de Literatura. Y para entonces ya está consolidada como «Alexiévich» (¿se escribe así?) o, como escribía apresuradamente en Twitter un periodista cultural madrileño, «la Kapuscinski bielorrusa». Muy elocuente.

Dice Wikipedia que solo existe una traducción al español de su obra, la de Voces de Chernóbil, escrito en 1997, editado en España solo después de que recibiese el premio de la crítica en Estados Unidos, casi una década más tarde. A la hora de la concesión del Nobel, ocupaba el puesto 14.015 en el listado de libros más vendidos en Amazon.

Es muy probable, por no decir seguro, que tanto este único libro publicado en español como todo el resto de la obra de Alexiévich hayan marcado un antes y un después en la literatura universal. No en vano, es muy, muy poco habitual que el Nobel de Literatura recaiga en gentes preocupadas por escribir no-ficción antes que novela o poesía, así que algo tiene que haber en la creación de Alexiévich que valga la pena descubrir. Valga el Nobel, así, para hacerlo.

Con todo, y desde el más absoluto desconocimiento de quién es esta autora o en qué consiste su trabajo, me pregunto si hubiéramos oído o sabido de ella de no haber sido localizada y traducida por alguien en Estados Unidos, nuestro proveedor oficial de culturas exóticas. Es más, posiblemente ni siquiera la trayectoria atesorada por Alexiévich en un país tan cercano (¡y lejano!) como Francia hubiese servido para que se convirtiera en un nombre familiar para nosotros.

Hoy, domingo, ya es tarde. Porque desde el jueves es Alexiévich y es una de las cronistas más importantes de la historia del universo mundo, aupada por el jurado de un premio tremendamente prestigioso a los anaqueles del recuerdo. A las 13.03, hora española, quedó prácticamente prohibido reconocer que no se sabía quién era esta mujer y cuáles eran los focos de su trabajo: todos han corrido mucho para escamotear, bajo la alfombra, el hecho de que nadie le hubiese prestado atención hasta este momento.

La prueba fehaciente es la urgencia con la que van a empezar a aparecer traducciones de libros suyos (antes de Navidad, posiblemente, y retraducciones, casi seguro), y esto es algo que debería hacernos reflexionar a quienes hacemos, amamos y consumimos libros todos los días: ¿cómo puede ser que entre las decenas de miles de libros que se publican anualmente en España no haya habido más espacio que ese, raquítico, que ocupa un volumen de poco más de 300 páginas? ¿Cómo puede ser que el periodismo cultural y literario, tan global y cultivado, no haya tenido tiempo u oportunidad de reproducir una de sus crónicas hasta este momento?

Así, que aún hoy nos estemos preguntando quién es Svetlana Alexiévich solo puede significar dos cosas: o bien que a quienes entregan el Nobel se les ha averiado la máquina de razonar, o bien que nuestro sector editorial se ha caído con todo el equipo en su tarea de localizar, traducir y proponer excelencia. Solo lo sabremos cuando hayamos contestado a la pregunta crucial: ¿Quién es Svetlana Alexiévich?

Sobre el autor

Letras, compases y buenos alimentos para una mirada puntual y distinta sobre lo que ocurre en Asturias, en España y en el mundo. Colaboro con El Comercio desde 2008 con artículos, reportajes y crónicas.


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