[Un fallo lo tiene cualquiera: Premio Princesa de Asturias 2016 de las Artes] Deudas | En funciones - Blogs elcomercio.es

Blogs

Alejandro Carantoña

En funciones

[Un fallo lo tiene cualquiera: Premio Princesa de Asturias 2016 de las Artes] Deudas

Este artículo, que apareció en la edición impresa de El Comercio del 12 de mayo de 2016, pertenece a la serie Un fallo lo tiene cualquiera, que gira en torno a los fallos de los respectivos Premios Princesa de Asturias 2016.

Por increíble que parezca, es la primera vez en la historia de los Premios Princesa que el de las Artes es para una actriz. De cine, teatro o televisión: Núria Espert es la primera. Además, hacía once años que el galardón no recaía en una mujer (las bailarinas Maya Plisetskaya y Tamara Rojo lo ganaron en 2005) y, en estos 35 años, tan solo en otras tres ocasiones lo habían ganado mujeres: las cantantes de ópera Barbara Hendricks (en 2000), Montserrat Caballé, Victoria de los Ángeles y Teresa Berganza (en 1991) y la pianista Alicia de Larrocha en 1994. Por decirlo de otro modo: Núria Espert también es la primera ganadora que no se dedica a la música.

No es la única deuda de los Premios: hacía casi veinte años que no era premiado un actor (el anterior fue Vittorio Gassmann, en 1997). Sin embargo anteayer Miguel Zugaza, director del Museo del Prado y miembro del jurado, apostaba por premiar artes plásticas, disciplina que llevaba sin recibir un premio desde 2003: si ahí hay una deuda, aquí, en el teatro, el olvido era clamoroso.

Quizás esto se haya debido a cierta reticencia histórica de los Premios a salirse del carril institucional: el de las Artes ha tendido a trayectorias consolidadas y percibidas como «serias»—directores de orquesta, arquitectos, etc.— a las que les cuelga cómodamente el adjetivo de prestigiosas, con poco riesgo. Quizás, entonces, el premio a Espert sea también una forma de ir quebrando esa costumbre tan cómoda. Porque, en cierto modo, se puede leer como un reconocimiento al oficio, al estajanovismo en las artes: por mucho que el acta del jurado subraye su contribución a la recuperación del patrimonio teatral español, lo cierto es que Espert es modelo y maestra, ante todo, por haber conseguido urdir una carrera artística popular, exitosa y extensísima. Su duración (¡seis décadas!), sus proporciones y su constancia son valores artísticos que en el pasado no habían tenido tanto éxito entre el jurado como el consabido «prestigio mundial», etcétera: las Artes también son manos hundidas en el barro, conciencia empresarial, olfato para llenar teatros y cierto tacto para equilibrar los propios deseos con el «No hay entradas». Esa, amén de lorcas y calderones y quevedos, es una dimensión a menudo obviada pero que constituye un orgullo para la profesión teatral, que merece ser reivindicada y despojada de tabús: precisamente, Espert proviene de los tiempos en que en el teatro o el cine se hablaba de dinero y espectáculo, y no solo de arte y ensayo. Esa es una deuda que España, por su lado, arrastra para con sus artes escénicas y para con su público: aquí no se habla de subsistir siendo artista, de formarse para vivir de las tablas o de aguantar sesenta años en un escenario. Un teatro lleno (de espectadores, no necesariamente de premiados) durante todo ese tiempo bien vale un Premio.

Sobre el autor

Letras, compases y buenos alimentos para una mirada puntual y distinta sobre lo que ocurre en Asturias, en España y en el mundo. Colaboro con El Comercio desde 2008 con artículos, reportajes y crónicas.


mayo 2016
MTWTFSS
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031