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Alejandro Carantoña

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Francisco Primero

Un año más, y ya van tres, Gijón organiza puntualmente su simposio anual sobre libertad de expresión, declaraciones desafortunadas y cancelaciones en el último segundo. La primera edición, en julio de 2014, se fue de las manos y acabó en los tribunales: en una pirueta arriesgada, los gestores del Teatro Jovellanos decidieron abrir los encuentros con el grupo israelí Sheketak. Churruca y Enrique López acabaron en el banquillo de los acusados, tras la protesta frente al teatro, carga policial incluida, etcétera.

En el año 2015, para la segunda entrega, el Teatro prefirió un formato algo más sencillo y cercano, menos ampuloso: fue entonces cuando nació la modalidad del telesimposio, que tuvo el honor de inaugurar Albert Pla. Consiste en decir algo en algún lugar que no sea Gijón y que a ser posible no guarde relación con la ciudad y, a continuación, y muy airadamente, el consistorio decida rescindir el contrato. La parte de llegar a las manos ha sido suprimida hasta nuevo aviso: ahora, basta con una entrevista en EL COMERCIO.

Este año, el simposio se ha dado cuenta de que aún tiene un nicho por explotar: la canción melódica, las grandes estrellas de la tonada patria. De ahí que el excepcional invitado haya sido Francisco —que uno, personalmente, no sabía que siguiese cantando ni que fuese a actuar en Gijón: la publicidad está hecha, en cualquier caso—. Francisco publicó unas cuantas barbaridades en una red social sobre Mónica Oltra, la lideresa de Compromís y vicepresidenta de la Generalitat Valenciana. Y con esto y un bizcocho ha habido suficiente para evitar que actúe. El simposio en pleno apogeo.

Como nota de color adicional, para esta edición de 2016 se han traído nuevas atracciones: en concreto, el Ayuntamiento de Gijón ha prometido «altercados» de llegar a celebrarse el concierto. Es, según el informe jurídico que sustenta la rescisión del contrato, lo que podría llegar a pasar de dejar a Francisco cantar en el Jovellanos: sillas volando, contenedores ardiendo y trozos de suelo arrancados de cuajo por hordas encendidas por el son de ‘Violetas imperiales’.

Lo curioso del asunto es que Francisco se levantó caliente, un día de estos, tecleó sus cosas y a continuación ha visto cómo la polémica cruzaba el mapa de punta a punta: en su tierra, al parecer, nadie lee su Facebook. En Gijón, en cambio, ha logrado provocar una reunión urgente del consejo de administración de Divertia.

Allí, en el encuentro excitado para organizar el simposio de este año, fue donde los consejeros descubrieron quién era Francisco y a qué se dedica. ¿Quién decidió programar su actuación? Ahora el Ayuntamiento torna en damisela desmayada por unas declaraciones de hace dos semanas, cuando el ínclito, allá por enero, ya le aconsejaba al alcalde de Valencia que no confundiese «ir de Reyes con ir de putas».

Abierta, así, la caja de las esencias, el listón ha quedado altísimo para la edición de 2017: una vez hemos transitado por el conflicto israelí-palestino, hemos tratado con mimo la cuestión catalana y la identidad española y, ahora, hemos entrado de lleno en el territorio del machismo y el insulto, ¿qué nos pueden ofrecer después? ¿Acaso hay algo, más allá? ¿Quizás calentarse entre grupos municipales e intentar censurar todo lo del color opuesto? ¿O puede que prohibir el reguetón en las orquestas de prao? ¿Quizás desterrar las despedidas de soltero? ¿O desmangar las whiskerías que proliferan por toda la ciudad? No, eso seguro que no: eso no ocurre en el escenario del Teatro Jovellanos.

Sobre el autor

Letras, compases y buenos alimentos para una mirada puntual y distinta sobre lo que ocurre en Asturias, en España y en el mundo. Colaboro con El Comercio desde 2008 con artículos, reportajes y crónicas.


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