El mismo día en que a Karen Armstrong le daban el Premio Princesa de Ciencias Sociales, Donald Trump decidía sacar a los Estados Unidos del Acuerdo de París, Premio Princesa de Cooperación Internacional el año pasado: es, así, la tercera vez en menos de un año que la inefable sombra del presidente estadounidense se cuela en los galardones (o que recibe un aldabonazo por parte de los jurados).
Porque este Premio, que llega en el momento justo y entra derecho al debate candente, viene a activar la figura de Armstrong en España (no tenía página en la Wikipedia española hasta ayer), y así arroja nueva luz sobre la monumental confusión que reina en torno a las religiones y su papel en la configuración del mundo actual.
Armstrong, que forma parte de ese escogido equipo de intelectuales que han transitado el mundo de la religión desde muchos ángulos (fue monja), plantea una visión histórica y comprensiva (y empática), y que en esencia incomoda tanto a los Trump como a laicistas recalcitrantes como Bill Maher, con el que ha mantenido enfrentamientos abiertos y públicos a costa de sus críticas al judaísmo.
Su último libro, que tiene dos años se titula Fields of Blood. A History of Violence (‘Campos de sangre. Una historia de la violencia’). En él, Armstrong reflexiona sobre los puentes que unen religión y violencia desde una mirada histórica y, lo que es más apetecible, sobre el mito occidental de que la una y la otra van necesariamente ligadas.
Igual que el año pasado la concesión del Premio a Mary Beard servía para matizar y enriquecer nuestra visión del imperio (romano, en este caso), el advenimiento de Armstrong y sus ideas están llamados a servir de bálsamo al fanatismo, informar las políticas de un país tan expuesto como el nuestro al choque de civilizaciones y, lo que es más importante, atenuar la sed de venganza que cunde con cada atentado.
Que empiecen a caer los mitos, los unos y los otros; pero, ante todo, que caiga el de Trump: no hay mejor antídoto contra el odio y el griterío.
Fe de errores: En una versión anterior indicaba, erróneamente, que Fields of Blood no está publicado en España, cuando ha sido traducido y publicado por la editorial Paidós.