>

Blogs

Alejandro Carantoña

En funciones

Un político en la ópera

En funciones es la serie de artículos de opinión que, cada domingo desde noviembre de 2014, aparecen en la sección de Cultura de la edición impresa de El Comercio, y cada lunes siguiente, aquí.

Wenceslao López, en calidad de alcalde, eligió llevar traje, disfrutar de la ópera y luego señalar que, así y todo, ese título especial fuera de la temporada regular de ópera carbayona era demasiado caro para la ciudad de Oviedo. Ocupó, junto a Roberto Sánchez Ramos —concejal de Cultura—, el palco municipal del Teatro Campoamor, presidiendo así la primera de las dos funciones de Falstaff, de Verdi, el pasado viernes 31 de julio.

Un espectáculo, dijo a posteriori, impresionante, pero cuyo coste juzgó «excesivo» (se han publicado cifras que superan el medio millón de euros de inversión pública). Aún no se ha hecho público el balance económico definitivo ni la venta de entradas.

El sábado también había algún político en la sala. Aunque en su tiempo libre y, por ello, sin que haya trascendido el gusto (o disgusto) del diputado en cuestión con lo que ocurría sobre el escenario y en el foso, ni tampoco su opinión sobre dineros, políticas, y todo aquello sobre lo que poco o nada hay que decir desde el momento en que Muti alzó su batuta.

Nuestro diputado, vestido de polo y pantalones ligeros, escogió ocupar su asiento —en la zona intermedia del teatro— con una antelación que dejaba entrever una mezcla de ritual y de discreción: ni él ni su acompañante salieron al concurrido y muy sociable vestíbulo del teatro en las dos pausas que incluía la función.

Por eso de querer buscar la discreción, porque era en su tiempo libre y, sobre todo, porque de saber su nombre y siglas quizás el acto se cargaría de connotaciones, no diremos de quién se trataba. Solo que es de izquierdas, que ha acreditado su preocupación por asuntos de índole social y que pagó su entrada. Aplaudió al término y, hasta donde podemos sospechar, disfrutó del espectáculo.

Angela Merkel es conocida en Alemania por haber rechazado, siempre y con un rigor estereotípico, las invitaciones a los teatros de ópera de su país. Siempre paga lo que haya que pagar —es una melómana reconocida— y aguanta estoicamente el tipo en los incómodos asientos del festival de verano de Bayreuth, la meca wagneriana (en la apertura de este año, de hecho, se rompió la silla que ocupaba poco antes del descanso).

Manuela Carmena también salió del armario operístico, al poco de ser elegida alcaldesa de Madrid en las últimas elecciones municipales, tras una reunión con los responsables del Teatro Real de Madrid, en la cual les anunció que el ayuntamiento renunciaba a su palco para que la institución pudiese venderlo e incrementar sus ingresos de taquilla.

Aquí, sin embargo, en este Campoamor que sigue teniendo su palco municipal en una posición que preside más el patio de butacas, la «socialité», que el espectáculo en sí, no son muchos los cargos públicos que se han dejado ver por las lides líricas. Y quienes se han declarado culpables del «guilty pleasure» carbayón por excelencia lo han hecho, casi siempre, por motivos ideológicos o de prestigio social en determinados ámbitos. Pocos por motivos artísticos: otro célebre sindicalista ha sido avistado en butaca de general, en la última planta, entrada pagada y en la mayor de las discreciones, de nuevo.

Sería tremendamente positivo que, por encima del ruido que envuelve a la lírica, algunos de ellos —nuestro diputado, nuestro sindicalista— recogieran el guante y dieran un paso al frente; que lo dijeran, que se significasen. Que quedase claro que la ópera puede acoger a cualquiera. Que dejasen claro que esto es, ante todo, cultura, no política. Música, no ruido. Que se adueñasen de ello.

Sobre el autor

Letras, compases y buenos alimentos para una mirada puntual y distinta sobre lo que ocurre en Asturias, en España y en el mundo. Colaboro con El Comercio desde 2008 con artículos, reportajes y crónicas.


agosto 2015
MTWTFSS
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31