{"id":4873,"date":"2015-07-06T15:48:21","date_gmt":"2015-07-06T13:48:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alejandrocarantonna.es\/?p=4873"},"modified":"2015-07-06T15:48:21","modified_gmt":"2015-07-06T13:48:21","slug":"en-funciones-32-la-mordaza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/enfunciones\/2015\/07\/06\/en-funciones-32-la-mordaza\/","title":{"rendered":"La mordaza"},"content":{"rendered":"<p>Rodrigo Garc\u00eda es uno de los m\u00e1s importantes directores teatrales del momento, en parte, quiz\u00e1s, por haber padecido algo tan com\u00fan como la pol\u00e9mica m\u00e1s acerada. Y, recientemente, la censura por la peor de las v\u00edas: la administrativa.<\/p>\n<p>Garc\u00eda ocup\u00f3 la atenci\u00f3n medi\u00e1tica, primero, en abril de este a\u00f1o. Entonces estrenaba en Par\u00eds un espect\u00e1culo en el que un actor, debidamente adiestrado por un chef de Lastres, mataba, abr\u00eda, cocinaba y degustaba un bugre en escena. Las asociaciones animalistas pusieron el grito en el cielo y Garc\u00eda, tambi\u00e9n: \u00abQue quede claro desde la primera l\u00ednea\u00bb, escrib\u00eda en su p\u00e1gina web, en letras enormes: \u00abSois completamente imb\u00e9ciles\u00bb.<\/p>\n<p>El asunto qued\u00f3 zanjado y la pol\u00e9mica, servida, mientras que el espect\u00e1culo segu\u00eda adelante: muchos espectadores no se sent\u00edan c\u00f3modos con la escena (que era precisamente lo que buscaba Garc\u00eda, hablar de matar para comer). Esta misma semana, tambi\u00e9n, uno de los teatros de \u00f3pera londinenses (la Royal Opera House) ha vivido otro episodio de inc\u00f3moda pol\u00e9mica, una versi\u00f3n actualizada del monumental foll\u00f3n organizado por David Alden y su <em>Mazeppa<\/em> de Chaikovski en la English National Opera en 1984 (<em>La matanza de Mazeppa,<\/em> la llamaban), del de Calixto Bieito y su sonad\u00edsima escena del descampado en <em>Un ballo in maschera<\/em> en el Liceu de Barcelona, en 2000, o de Hans Neuenfels y su <em>Idomeneo<\/em> de Mozart en la Deutsche Oper de Berlin en 2006, autocensurada temporalmente por miedo al fanatismo isl\u00e1mico \u2014en la escena final aparec\u00edan las cabezas de todos los dioses, incluido Mahoma\u2014. Ahora le ha tocado el turno a Damiano Michieletto, un jovenc\u00edsimo director de escena italiano que lleva ya una buena temporada buscando su gran foll\u00f3n. Lo ha ido a encontrar, como digo, en la Royal Opera House con <em>Guillermo Tell,<\/em> de Rossini, donde ha insertado una escena sexualmente violenta en el tercer acto para subrayar las brutalidades de la guerra descritas en la \u00f3pera (y de la cual el p\u00fablico hab\u00eda sido previamente informado).<\/p>\n<p>En estos cinco casos hubo pol\u00e9mica, se pidieron cabezas y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, el espect\u00e1culo sigui\u00f3 adelante: en Par\u00eds, Londres, Barcelona y Berl\u00edn los responsables de los teatros salieron al paso de las cr\u00edticas, algunos de ellos asumiendo el coste de dejar sus cargos por huir de la m\u00e1s temida de las censuras: la autocensura.<\/p>\n<p>El mes pasado, Garc\u00eda estrenaba un nuevo montaje, pero esta vez en el Madrid gobernado por los mu\u00f1idores de la oficialmente llamada Ley de Seguridad Ciudadana. En esta ocasi\u00f3n, cuatro h\u00e1msters eran remojados en un acuario \u00abdurante diez segundos\u00bb y unas ranas chapoteaban en fango, con el fin, entre otras cosas, de \u00abmostrar las relaciones de poder entre el hombre y la naturaleza\u00bb. Una vez m\u00e1s, los animalistas protestaron. Pero esta vez todo acab\u00f3 m\u00e1s deprisa, con una fulminante llamada del \u00c1rea de Protecci\u00f3n Animal de la Comunidad de Madrid al Centro Dram\u00e1tico Nacional, productor del espect\u00e1culo y, en teor\u00eda, blindado contra presiones externas: iban a sancionarles con entre 600 y 100.000 euros a menos que las dos escenas desaparecieran del montaje. No que se replanteasen: que desapareciesen. Garc\u00eda las cort\u00f3.<\/p>\n<p>Sirva este rodeo, puesto en otro contexto distinto del callejero, protest\u00f3n y revolucionario, para que nos paremos a pensar en lo inc\u00f3modo y lo irresponsable y lo innecesario y lo diferente y lo que nos estorba. En que a veces, incluso aquellas en las que hay que intervenir, no se puede hacer con trazo grueso, hechuras moralistas y holguras excesivas: al final todo eso, tan inc\u00f3modo, solo puede hacernos mejores.<\/p>\n<p>[Este art\u00edculo apareci\u00f3 publicado originalmente en la edici\u00f3n impresa de <em><a href=\"http:\/\/www.elcomercio.es\/\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\">El Comercio<\/a><\/em> del d\u00eda 5 de julio de 2015.]<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rodrigo Garc\u00eda es uno de los m\u00e1s importantes directores teatrales del momento, en parte, quiz\u00e1s, por haber padecido algo tan com\u00fan como la pol\u00e9mica m\u00e1s acerada. Y, recientemente, la censura por la peor de las v\u00edas: la administrativa. Garc\u00eda ocup\u00f3 la atenci\u00f3n medi\u00e1tica, primero, en abril de este a\u00f1o. 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