{"id":5053,"date":"2016-07-03T16:00:45","date_gmt":"2016-07-03T14:00:45","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/enfunciones\/?p=5053"},"modified":"2016-07-03T16:00:45","modified_gmt":"2016-07-03T14:00:45","slug":"realidad-o-ficcion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/enfunciones\/2016\/07\/03\/realidad-o-ficcion\/","title":{"rendered":"Realidad o ficci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Se dice de Gay Talese que, a sus 84 a\u00f1os, sigue escribiendo reportajes en los cartones que le meten dentro de los trajes en la tintorer\u00eda. Los recorta con cuidado y toma nota de todo lo que le acontece para escribir alguna cosa, como contaban con admiraci\u00f3n, celo y orgullo quienes le entrevistaron en su \u00faltima visita a Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Fue antes de publicar su nuevo libro, que se edita la semana que viene y del que ya ha dicho que no piensa hacer promoci\u00f3n. Ha sido culpa de una revelaci\u00f3n ocurrida esta semana: el libro, en el que Talese acompa\u00f1a y narra las andanzas de un propietario de motel que se dedicaba a espiar a sus hu\u00e9spedes, corre el riesgo de ser absolutamente falso.<\/p>\n<p>Tras haber aparecido <a href=\"https:\/\/www.google.es\/url?sa=t&#038;rct=j&#038;q=&#038;esrc=s&#038;source=web&#038;cd=1&#038;cad=rja&#038;uact=8&#038;ved=0ahUKEwjTxriQ-9bNAhVM7BQKHZtwC-cQFggeMAA&#038;url=http%3A%2F%2Fwww.newyorker.com%2Fmagazine%2F2016%2F04%2F11%2Fgay-talese-the-voyeurs-motel&#038;usg=AFQjCNFc2H6j4f2m-hoeWP9Mym_NmDWeAQ&#038;sig2=PrYfHR8aQwdnDErcNe5bsA\" rel=\"external nofollow\">un extenso fragmento en el <\/a><em><a href=\"https:\/\/www.google.es\/url?sa=t&#038;rct=j&#038;q=&#038;esrc=s&#038;source=web&#038;cd=1&#038;cad=rja&#038;uact=8&#038;ved=0ahUKEwjTxriQ-9bNAhVM7BQKHZtwC-cQFggeMAA&#038;url=http%3A%2F%2Fwww.newyorker.com%2Fmagazine%2F2016%2F04%2F11%2Fgay-talese-the-voyeurs-motel&#038;usg=AFQjCNFc2H6j4f2m-hoeWP9Mym_NmDWeAQ&#038;sig2=PrYfHR8aQwdnDErcNe5bsA\" rel=\"external nofollow\">New Yorker<\/a>,<\/em> el escrutinio del libro completo ha revelado \u2014a resultas de una investigaci\u00f3n propia del <em>Washington Post\u2014<\/em> que el propietario en cuesti\u00f3n minti\u00f3 a Talese en bastantes extremos de los que aparecen relatados. Talese ha dicho, al respecto, que no deber\u00eda haber cre\u00eddo una palabra de lo que le cont\u00f3. Se apoy\u00f3 en su credibilidad y, al parecer, el hombre le enga\u00f1\u00f3 con no se sabe qu\u00e9 fines. As\u00ed, <a href=\"http:\/\/www.nytimes.com\/2016\/07\/02\/books\/gay-talese-defends-the-voyeurs-motel.html?_r=0\" rel=\"external nofollow\">toda la obra ha quedado te\u00f1ida de duda<\/a>.<\/p>\n<p>Igual que la pol\u00edtica ha estado tan de moda en los \u00faltimos tiempos, el periodismo y la no ficci\u00f3n tambi\u00e9n han gozado de salud de hierro. Es m\u00e1s, no son pocos los autores que han decidido abandonar por completo la creaci\u00f3n literaria para pasarse a \u00ablo de verdad\u00bb, con resultados desiguales pero tan brillantes, a veces, como los de Javier Cercas.<\/p>\n<p>Hace seis a\u00f1os ya que el periodista polaco Artur Domoslawski salt\u00f3 a la fama por algo parecido, quiz\u00e1s inaugurando esta tendencia que anega las estanter\u00edas de novedades: en su biograf\u00eda del eminente Ryszard Kapuscisnki demostraba que el reportero entre reporteros se hab\u00eda inventado di\u00e1logos enteros, en pos de una mayor eficacia narrativa pero orillando, as\u00ed, el compromiso con la verdad factual que tiene la profesi\u00f3n. \u00abSolo digo que hay que cambiarlo de estanter\u00eda, de la no ficci\u00f3n a la ficci\u00f3n\u00bb, repet\u00eda.<\/p>\n<p>Al parecer Talese, la pen\u00faltima vaca sagrada del oficio de trascender las meras invenciones, acaba de ingresar en el mismo club \u2014muy a su pesar\u2014. Quedan hu\u00e9rfanos, as\u00ed, los fan\u00e1ticos de la exactitud de lo concreto y enemigos, o condescendientes al menos, para con el imperio del relato que transmite y transpira humanidad.<\/p>\n<p>Ahora que Ram\u00f3n J. Sender ha vuelto a la palestra, con la reciente reedici\u00f3n de <em>La aldea del crimen,<\/em> la discusi\u00f3n puede volver al interior de nuestras fronteras: es imposible que todo lo all\u00ed contado sea exacto, faltan fuentes y, al igual que le ocurre al no menos famoso Manuel Chaves Nogales, se intuyen ciertas licencias incompatibles con el periodismo quir\u00fargico, documental.<\/p>\n<p>Con todo, la obra de estos cinco autores \u2014y de otros much\u00edsimos\u2014 tiene el valor de la verosimilitud y el poso del reflejo acerado, de la buena literatura, aunque hayan perdido la guerra de los datos. Posiblemente, esa veracidad de la que tanto se precian allende los mares y que obsesiona a cada vez m\u00e1s j\u00f3venes sea sencillamente imposible: porque eso implicar\u00eda objetividad y porque la objetividad, am\u00e9n de imposible, ni siquiera es sana. Anula las pulsiones, pervierte las pasiones y agua las ambiciones cuando de dar cuenta del esp\u00edritu humano se trata. Talese no pretend\u00eda m\u00e1s que eso con su nuevo libro, pero cometi\u00f3 el error de envolverlo en la fe que ten\u00eda en su fuente: ahora, que ya no queda nada \u2014y eso que el libro ni siquiera est\u00e1 en las librer\u00edas\u2014 una historia insuperable ha quedado derruida.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se dice de Gay Talese que, a sus 84 a\u00f1os, sigue escribiendo reportajes en los cartones que le meten dentro de los trajes en la tintorer\u00eda. 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