{"id":5150,"date":"2016-12-10T15:48:16","date_gmt":"2016-12-10T14:48:16","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/enfunciones\/?p=5150"},"modified":"2016-12-10T15:48:16","modified_gmt":"2016-12-10T14:48:16","slug":"si-carantona-levantara-la-cabeza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/enfunciones\/2016\/12\/10\/si-carantona-levantara-la-cabeza\/","title":{"rendered":"Si Caranto\u00f1a levantara la cabeza"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_5151\" style=\"width: 1361px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/enfunciones\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2016\/12\/M1-57035396-kdtG-1351x900@El-Comercio.jpeg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-5151\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-5151\" title=\"M1-57035396-kdtG--1351x900@El Comercio\" src=\"\/enfunciones\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2016\/12\/M1-57035396-kdtG-1351x900@El-Comercio.jpeg\" alt=\"\" width=\"1351\" height=\"900\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2016\/12\/M1-57035396-kdtG-1351x900@El-Comercio.jpeg 1351w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2016\/12\/M1-57035396-kdtG-1351x900@El-Comercio-300x200.jpeg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2016\/12\/M1-57035396-kdtG-1351x900@El-Comercio-768x512.jpeg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2016\/12\/M1-57035396-kdtG-1351x900@El-Comercio-1024x682.jpeg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1351px) 100vw, 1351px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-5151\" class=\"wp-caption-text\">Rafael Loredo me entrega los cinco \u00faltimos folios que mi abuelo escribi\u00f3 en el Dindurra, el pasado 8 de diciembre. Foto: Paloma Ucha<\/p><\/div>\n<p>\u00abSi Caranto\u00f1a levantara la cabeza&#8230;\u00bb. Esta frase, siempre bienintencionada pero seguramente falta de punter\u00eda, re\u00fane a la vez las cualidades de la nostalgia, del respeto, de la a\u00f1oranza y de la memoria viva. Todas encomiables, pero todas, a los 19 a\u00f1os de su muerte, merecedoras de pasar a mejor vida.<\/p>\n<p>Ayer fue un d\u00eda especial porque, de alg\u00fan modo, la jubilamos. Repusimos en el Caf\u00e9 Dindurra la placa que el Ateneo Jovellanos coloc\u00f3 en su d\u00eda para recordar su oficina port\u00e1til, la mesa en la que sorb\u00eda a tragos largos y escrib\u00eda con letra larga y le\u00eda con mirada m\u00e1s larga a\u00fan; pero lo m\u00e1s importante fue precisamente que despedimos y desterramos el \u00abSi Caranto\u00f1a levantara la cabeza&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>En cambio, Rafael Loredo nos entreg\u00f3 simb\u00f3licamente los que probablemente fueran los cinco \u00faltimos folios que mi abuelo garabate\u00f3 en aquella mesa; folios que rodaron de mano en mano y que revivieron su efigie alta y taimada, casi como antorcha incandescente que pasa de quienes lo recuerdan a quienes lo descubren ahora. Si Caranto\u00f1a levantara la cabeza se morir\u00eda de la risa por que medio Dindurra estuviese repleto un festivo por la ma\u00f1ana en torno a su mesa, por que cinco hojas escritas con urgencia removiesen tantas cosas y tan seguidas. Pero no lo hizo, no levant\u00f3 la cabeza. No lo har\u00e1.<\/p>\n<p>El regalo de Loredo, tan emocionante como inesperado, adquiere un valor especial en la medida en que era el preludio de su \u00faltimo libro, \u2018La estancia de Jovellanos en Muros de Galicia\u2019, que est\u00e1 dedicado casi p\u00f3stumamente a Cecilia y a m\u00ed, los dos nietos que exist\u00edamos entonces de los cinco que somos actualmente, para que no nos olvid\u00e1semos de nuestras \u00abra\u00edces muradanas\u00bb.<\/p>\n<p>Es reconfortante saber, lo fue ayer al verlo y vivirlo, que ni Mart\u00edn, ni Clara, ni Mar\u00eda, nacidos los tres cuando el abuelo Caranto\u00f1a ya hab\u00eda fallecido, han olvidado sus ra\u00edces muradanas. Ni las muradanas ni las gijonesas, la dimensi\u00f3n de su mirada, la condici\u00f3n de habitantes de esta ciudad, Gij\u00f3n, y de esta tierra, Asturias, de hechuras tan personales: nunca hay que olvidar que Francisco Caranto\u00f1a era un infrecuente especimen de asturiano voluntario. Es nuestra responsabilidad amplificarlo, compartirlo y hacer part\u00edcipes a todos los lectores hambrientos y, igual que nosotros hu\u00e9rfanos de abuelo, hu\u00e9rfanos de una pluma acerada.<\/p>\n<p>Ayer, con la generosidad de quienes han hecho posible que esa placa volviese a su sitio, borr\u00e1ndose, confundi\u00e9ndose en el tumultuoso acto de arrogarse m\u00e9ritos por reivindicar su figura, empezamos a forjar una nueva generaci\u00f3n no de seguidores o de \u00abrecordadores\u00bb de Caranto\u00f1a. Quiero pensar que ha quedado bautizada una hornada de nuevos lectores capaces de recuperar con emoci\u00f3n su escritura, que no conoc\u00edan, pero tambi\u00e9n de exigir a los periodistas presentes y futuros su mismo valor y tino. Quiero pensar que miramos al ma\u00f1ana m\u00e1s que al ayer.<\/p>\n<p>\u00c9l mismo lo quiso as\u00ed, tal y como recogi\u00f3 Loredo en sus vibrantes palabras al entregarme este tesoro \u00edntimo: nuestro abuelo corri\u00f3 para dejar dicho lo m\u00e1ximo posible; para dejar plantada una mirada que sirviese m\u00e1s como list\u00f3n alto que como espejo al que volver una y otra vez; para que quedase sembrado aquello que ahora le toca a otra generaci\u00f3n regar. Ha sido emocionante que esos lectores ya no pertenezcan al universo de la nostalgia, sino al de quienes, cada 8 de diciembre, nos reunimos con \u00e9l entre el respeto y el recogimiento y esperamos que impregne a los que vienen detr\u00e1s. Gracias por eso.<\/p>\n<p>(Este art\u00edculo se public\u00f3 en la edici\u00f3n impresa de <em>El Comercio<\/em> del 9 de diciembre de 2016, entre las p\u00e1ginas que cubr\u00edan la conmemoraci\u00f3n de la muerte de Francisco Caranto\u00f1a que se celebr\u00f3 la v\u00edspera)<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abSi Caranto\u00f1a levantara la cabeza&#8230;\u00bb. Esta frase, siempre bienintencionada pero seguramente falta de punter\u00eda, re\u00fane a la vez las cualidades de la nostalgia, del respeto, de la a\u00f1oranza y de la memoria viva. Todas encomiables, pero todas, a los 19 a\u00f1os de su muerte, merecedoras de pasar a mejor vida. 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