{"id":5294,"date":"2018-01-15T08:20:07","date_gmt":"2018-01-15T07:20:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/enfunciones\/?p=5294"},"modified":"2018-01-15T08:20:07","modified_gmt":"2018-01-15T07:20:07","slug":"los-publicos-notorios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/enfunciones\/2018\/01\/15\/los-publicos-notorios\/","title":{"rendered":"Los p\u00fablicos notorios"},"content":{"rendered":"<p>Cuentan que lo vivido este fin de semana en los Teatros del Canal fue irrepetible: el director belga Jan Fabre tra\u00eda a Madrid su comentado espect\u00e1culo <i>Mount Olympus<\/i>, que entrevera treinta y tres tragedias griegas, dura veinticuatro horas y contiene toda clase de pr\u00e1cticas sexuales, de esas que siguen asustando e incitando titulares ruborizados. Cualquiera de los tres ganchos ser\u00eda bastante, pero si se le suma lo limitado del aforo (ochocientas plazas agotadas hace meses), lo heroico de la proeza y lo inevitable de la pol\u00e9mica \u2014o de las ganas de encontrarla, en fin\u2014 estaba garantizada la talla de acontecimiento desde hac\u00eda tiempo.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2018\/01\/25DEEC44-AC12-4059-B75F-0688F32E303A-3285-000005E9B52D2127.jpeg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-5295\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2018\/01\/25DEEC44-AC12-4059-B75F-0688F32E303A-3285-000005E9B52D2127.jpeg\" alt=\"Mount Olympus, de Jan Fabre\" width=\"624\" height=\"385\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2018\/01\/25DEEC44-AC12-4059-B75F-0688F32E303A-3285-000005E9B52D2127.jpeg 624w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2018\/01\/25DEEC44-AC12-4059-B75F-0688F32E303A-3285-000005E9B52D2127-300x185.jpeg 300w\" sizes=\"(max-width: 624px) 100vw, 624px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Ahora bien, lo m\u00e1s llamativo ha sido que, desde el sof\u00e1 de casa y entre la tarde del viernes y la del s\u00e1bado ha sido posible seguirlo, y no precisamente por que se estuviese retransmitiendo en directo: es que no hubo un solo espectador que no nos deleitase con su llegada, estancia y partida en las redes sociales.<\/p>\n<p>Muy especialmente las celebridades del mundillo actoral y teatral de la villa y corte, que anticip\u00e1ndose a alguna cr\u00edtica deslizaron, en sus mensajes, no solo elogios sino excusas para abandonar el barco antes de tiempo. Del resto se encargaron los entusiastas cronistas teatrales: all\u00ed estaban todos.<\/p>\n<p>El caso es que Fabre \u2014lo hab\u00eda advertido el jueves\u2014 pretende con esta pieza llevar al espectador al trance, sumirlo en la duermevela y someterlo, por tanto, a un recorrido similar al de sus actores. Y se pregunta uno qu\u00e9 trance es posible, qu\u00e9 trascendencia absoluta, si existe la total libertad para ir a tomarse un cruas\u00e1n durante la funci\u00f3n o a lo peor contarle por WhatsApp al vecino qu\u00e9 tal va el partido. Al parecer, hubo muy pocos que se dejaran caer en los brazos de Fabre sin miramientos, sin red.<\/p>\n<p>Dec\u00edan que era una locura presentar un espect\u00e1culo de estas proporciones, que Fabre era un loco aventurero; pero lo cierto es que lo rompedor hubiese sido pedir al respetable que prestase atenci\u00f3n durante el tiempo que duraba el invento: pedirles que se despojasen de sus tel\u00e9fonos durante la representaci\u00f3n. Eso s\u00ed que no se ha atrevido a hacerlo nadie.<\/p>\n<p>Porque este hito ha coincidido con la gira de Daniel Barenboim por Espa\u00f1a, quien all\u00e1 a donde ha ido \u2014empezando por Oviedo\u2014 no ha tenido empacho en re\u00f1ir a su p\u00fablico por las continuas y t\u00edsicas toses. En Barcelona, incluso, se fue durante un momento a recuperar la concentraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esto ha provocado muchas reacciones, muy variadas: el director y clavecinista Aar\u00f3n Zapico se ha manifestado p\u00fablicamente en contra de que los int\u00e9rpretes hagan este tipo de aspavientos; la <a href=\"http:\/\/www.lavanguardia.com\/opinion\/20180112\/434229597232\/actriz-ante-el-caramelo.html\" rel=\"external nofollow\">actriz Clara Sanch\u00eds Mira, por su lado, dedic\u00f3 esta semana en <i>La Vanguardia\u00a0<\/i>una carta al espectador del caramelo estruendoso<\/a>. (No precisamente amable.)<\/p>\n<p>Los ejemplos son interminables y el acuerdo, imposible. Siempre hay alguien en alg\u00fan sitio que estorba al resto por su estatura, movimientos, ruidos o esf\u00ednteres; incluso (y muy especialmente) a los propios int\u00e9rpretes, que merecen un respeto m\u00ednimo, un decoro y etiqueta b\u00e1sicos que se les supone (y casualmente observan sin falta) quienes han pagado una entrada para ver un espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>Sucede que suelen montar los guirigays los invitados o viandantes o, mejor dicho, quienes montan los guirigays suelen ser invitados y viandantes: es decir, el problema no solo es de educaci\u00f3n colectiva, de respeto y de sensibilidad, sino de refalfio y desinter\u00e9s.<\/p>\n<p>Contaban quienes vieron a Barenboim que hab\u00eda, en el auditorio, un n\u00famero ins\u00f3lito de gente que no sab\u00eda ni a lo que iba; y en <i>Mount Olympus<\/i>, visto lo visto, a lo mejor el aliciente era, tristemente, otro. Que no era el teatro.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuentan que lo vivido este fin de semana en los Teatros del Canal fue irrepetible: el director belga Jan Fabre tra\u00eda a Madrid su comentado espect\u00e1culo Mount Olympus, que entrevera treinta y tres tragedias griegas, dura veinticuatro horas y contiene toda clase de pr\u00e1cticas sexuales, de esas que siguen asustando e incitando titulares ruborizados. 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