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Alberto del Río Legazpi

Los episodios avilesinos

La Cabruñana de Avilés, que se pierde en la noche de los tiempos

Cabruñana no es una calle cualquiera pues tiene un enorme recorrido histórico, aparte de ser una de las ‘nobles calles zurdas’, singular fenómeno urbano local solo comparable al pasmoso caso del ‘barroco boticario avilesino’ (ver LA VOZ DE AVILÉS, 13 de noviembre de 2011).

 Las ‘nobles calles zurdas’ son aquellas que unen, a su notoria antigüedad, el hecho de iniciar su trayecto con un palacio, como primer edificio, situado a su izquierda. Son cuatro: San Francisco que lo hace con el palacio Ferrera, Rivero con el de García Pumarino, El Sol con Valdecarzana y esta Cabruñana con el palacio de Maqua. Pero entre todas ellas no hay ninguna que termine como ésta última.

Cabruñana está ahí desde tiempos remotos, entonces más extensa que ahora, pues ocupaba [lo que ahora es] la actual calle San Bernardo (que también antes se llamó del Postigo y Real). Por gran parte de ella discurría el Camino Real de Grado a Gozón, que entrando por la puerta de La Cámara (o de Cabruñana o del Postigo) atravesaba Avilés, para salir por la puerta del Puente (San Sebastián) y cruzar la ría.

Siendo la calle más larga, era la menos poblada. En el siglo XVI, se instaló en la calle el convento de San Bernardo, bautizándola –para los restos– con el nombre del santo.

A partir de entonces Cabruñana quedó fuera de la muralla y reducida al trayecto, en pronunciada pendiente, desde la fuente de La Cámara al robledal del Carbayedo.

Calle Cabruñana, a mediados del siglo XX

  Cabruñana (Cabrunnana, Cabrugnana), para unos pertenece al grupo de topónimos asturianos de origen romano y para otros, el caso de Jorge Argüello en su libro ‘Abillés’, «puede haber obtenido su nombre del trabajo profesional relacionado con la manufactura de las pieles y del cuero» que se hacía en sus predios. En ella nacieron personajes como el obispo Fray Valentín Morán (1694-1766) o el militar Rodríguez de la Buria (1748-?).

Hoy es calle, con pocos restos del pasado, que se inicia compartiendo palacio de Maqua con La Cámara –eje comercial de Avilés– y asciende con cierta brusquedad, dejando a su izquierda un entronque moderno (calle Julia de la Riva) desde donde se atisba la plaza de Álvarez Acebal y parte de los notables edificios que por allí residen, como el palacio de Balsera, Escuela de Artes y Oficios, y Casa de Cultura.

Mural de Elisa Torreira.

La originalidad, actual, de Cabruñana se la da –desde 2003– el arte. Comienza la exposición, hacia la mitad de la calle, con la escultura ‘Al hombre que escucha la piedra’ de Ignacio Bernardo.

Luego en la parte llana y caminando en paralelo al hospital de Avilés –levantado entre 1920 y 1927, con planos de Manuel del Busto y Tomás Acha– comenzamos a ver (hasta siete) señales (zigzagueantes) distribuidas por el suelo de ambas aceras en forma de pequeños mosaicos de 0,40×0,40 cm. azules y blancos. Son preludios que anuncian el explosivo final artístico de la calle: un gran mosaico –de 11 x 5,5 metros– ‘sembrado’ allí por la artista Elisa Torreira.

Es el más sorprendente final de calle que conozco. O inicio, bien porque estés de vuelta de todo o, simplemente, porque viniendo del histórico Carbayedo quieres dejarte caer por la Cabruñana para aterrizar en el casco antiguo de la Villa.

Cabruñana y la Historia de Avilés fueron siempre ‘de la manina’. Cariñosamente hablando.

Los episodios avilesinos es un blog de La Voz de Avilés

Sobre el autor

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta


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