Misterio, secreto, sigilo, enigma, incógnita, ocultación. Son términos que ayudan a explicar las sombras que siguen rodeando la vida de este caballero avilesino. Su obra literaria está bastante más clara.
Es Bances Candamo, autor teatral, con especial dedicación a la dramaturgia. Le avalan veintitantos dramas –destacando ‘El esclavo en grillos de oro’– sin que ello le impidiese dedicarse, con reconocido éxito, al género lírico. Y un excelente poeta –en su tiempo el teatro se hacía, mayormente, en verso– que tenía una habilidad especial para la ironía rimada. Pero el estudio, detallado, de su obra será otro episodio aparte.
Fue escritor de éxito, en Madrid. Sus obras, muy celebradas, lo llevaron a ser nombrado ‘Dramaturgo de Cámara del Rey’. Y tan apreciado que, se cuenta, que delante de su casa (en la calle de Alcalá de florista viene y va), altas instancias oficiales, ordenaron que se extendiera paja por el pavimento, al objeto de que el ruido de los carruajes, no distrajera la inspiración del autor en su creación literaria. Mola ¿eh?
Que tiempos aquellos. En el que un rey español (Carlos II) se rodeaba de intelectuales avilesinos: uno, Francisco Bances Candamo y otro, Juan Carreño Miranda, como su Pintor de Cámara. Un lobby avilesino, con tintes de Sabugo, donde ambos tienen calles, dedicadas, que se cruzan. Mira tú que curiosidad.
Pero cuando Bances estaba en la cumbre literaria oficial, de repente le vino el cataplum, y dio con él en funcionario de tesorería y administración, con destinos ambulantes por villas y villorrios del sur de España.
Con Bances, las incógnitas ya comienzan con su año de nacimiento, porque han desaparecido las páginas correspondientes en el archivo eclesiástico. Aunque se cree como más probable que fue 1662, el año en que Francisco Antonio de Bances y López-Candamo vino al mundo en el pueblo de Sabugo, muy cercano a la histórica y amurallada villa de Avilés.
Hijo de humilde sastre, fallecido joven, y tan menesteroso que fue ‘enterrado de limosna’. El óbito del alfayate trajo consigo la emigración forzosa de nuestro personaje, todavía un niño, a casa de parientes sevillanos. Y fue allí, en la tierra de María Santísima, cuando con el tiempo vería la luz su genio para el ingenioso arte del teatro versificado, que entonces -siglo XVII- ya estaba en crisis. Adviertan ustedes que no es un invento actual lo del aprieto teatral.
Gerardo Diego en su ‘Antología poética en honor de Góngora’ dice que: ‘Si queremos encontrar un verdadero poeta en la época del último Austria (Carlos II), hemos de trabar conocimiento con Bances Candamo. De los autores de teatro ‘postcalderonianos, es el más fino’.
El escritor avilesino Constantino Suárez ‘Españolito’, para quien Bances es una de las más altas y legítimas glorias puramente literarias de Asturias, escribe, sin citarlos –porque siguen en zona de sombra– acerca de ‘los puntos oscuros de su vida calamitosa y amarga’ y se refiere a la caída en desgracia, del sabuguero en la Corte madrileña como ‘el accidente’, que ‘Españolito’ achaca a rivalidades amorosas o peligrosas sátiras contenidas en los versos del poeta.
Se dice que cuando murió el rey de España, el comediógrafo quedó a merced de sus enemigos, que lo persiguieron hasta la muerte porque no le perdonaron las burlas que –tanto en poemas como en comedias satíricas– les fue asestando en vida. Quizá un ripio lo llevó a RIP.
Avilés le tiene dedicada la calle donde nació, en el barrio de Sabugo, y la biblioteca municipal lleva su nombre. También una comedía de Bances Candamo, «El imposible mayor, en amor le vence amor», con música de Sebastián Durón, fue rescatada del olvido y escogida para la reinauguración del teatro Palacio Valdés, el 14 de noviembre de 1992.
El escritor avilesino –enseñante en los Estados Unidos– Santiago García- Castañón, es un especialista en la obra de su paisano. El RIDEA (Real Instituto de Estudios Asturianos) sacó a la luz dos comedias de Bances en ediciones de Santiago García-Castañón: ‘Sangre, valor y fortuna’ (1990) y ‘Por su rey y por su dama’ (1997). Y también, con motivo del tercer centenario de la muerte del dramaturgo y poeta, García-Castañón editó su ‘Poesía selecta’ (2004).
Bances Candamo es, por supuesto, personaje recomendable como autor literario. Pero para jóvenes licenciados en busca de una tesis doctoral de impacto, aquí tienen la ocasión de su vida, investigando la vida tan mal parada del literato asturiano del Siglo de Oro, degradado como personaje del mundo teatral español, reconvertido en funcionario del tres al cuatro y muerto, misteriosamente, en el pueblo albaceteño de Lezuza, a los 42 años de edad. Y no por navaja, herramienta tan típica de aquella hermosa tierra, parece ser que por veneno.
Así acabó la azarosa vida de un escritor de la Corte que compuso afilados versos de este corte:
‘Mi consuelo es que de mí
no ha de sacarme mi suerte;
el rey puede hacer hidalgos,
pero Candamos no puede.’
Ya ven que, aun siendo más reconocido como dramaturgo que como poeta, Bances Candamo hacía gala de un hábil manejo del bisturí satírico.
Nació pobre y murió igual.
Su existencia fue todo un entresijo teatral con mezclas imposibles tales como literatura y burocracia, chocolate y ajo, aceite y agua. Esta mezclas quiméricas señalan las dos épocas, tan distintas, en su vida. Vida que terminó, para su desgracia, en burocracia y ajo y agua.
La realidad, una vez más, superando a la ficción. Y, en este caso, con demasiada aflicción.