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Alberto del Río Legazpi

Los episodios avilesinos

José Cueto y su céntrica calle, que acaba en un bosque

La madera fue la cuestión en la vida de José Cueto González-Carbajal, industrial avilesino que tuvo un gran aserradero muy próximo al lugar donde se instalaría más tarde, en 1903, la nueva iglesia de Sabugo.

Como alcalde de Avilés –desde el 1 de julio de 1891 al 1 de enero de 1894– cuando la ciudad rozaba los 10.000 habitantes, dejó huella por sonados acontecimientos que tuvieron lugar durante su mandato, fueran o no fruto de su trabajo político.

Por ejemplo, la histórica entrada en servicio de la dársena de San Juan de Nieva, en 1893. Y en aquel mismo año, el nacimiento de El Bollo (primer festejo de masas de la historia avilesina), así como la puesta en marcha, el 4 de julio de 1893, del tranvía a vapor (el primero de Asturias) más conocido como ‘La Chocolatera’, que cubría el trayecto Avilés–Salinas. También destaca la inauguración del puente metálico de San Sebastian (19 de octubre de 1893).

En cuanto al jocoso asunto del Parche, nombre (cariñoso hoy, que en su día saltaron chispas) adjudicado a la plaza de España por una obra malhecha –según muchos y de ahí el nombre– durante su mandato como alcalde, tengo datos –un episodio aparte– que demuestran que no fue él, sino su teniente de alcalde (Juan Rodríguez), como alcalde en funciones, el responsable del alboroto.

José Cueto (1844-1899), miembro del Partido Liberal de Avilés, fue hombre de modernos horarios europeos cuando España dormía largas siestas de pijama, padrenuestro y orinal. Dicen que «Vivía como un artesano, madrugaba mucho, comía a las doce y se retiraba al ocultarse el sol». Fue persona desprendida que cedió terrenos suyos al municipio para abrir una nueva calle que iría, con el tiempo, desde la plaza de la República (nombre que tomó, el 8 de mayo de 1931, la hoy plaza de La Merced) hacia la zona del Quirinal.

La calle de José Cueto fue creciendo sin prisa pero sin pausa. Hoy mide 1.129 metros. Primero fue residencial, luego los chalés fueron sustituidos por edificios de altura, cuya máximo exponente es el conocido como ‘Maspalomas’.

En esa zona, donde se ubican los mayores aparcamientos (parking) de Avilés, estuvo el antiguo recinto de La Exposición, dedicado en origen a feria ganadera y hoy es plaza despejada para el ocio. Aquí también está plantado, desde 1943, por el alcalde Román Suárez-Puerta Rodríguez, el estadio que hoy lleva su nombre.

La calle se cruza con otras, todas recientes, que llevan nombres de políticos de ámbito nacional como los exministros avilesinos José Manuel Pedregal y Fernando Morán, la diputada Dolores Ibarruri o alcaldes locales como José López-Ocaña, Francisco Orejas o José Antonio Rodríguez. A los que se suma el científico Eduardo Carreño Valdés.

Después del estadio hay una preciosa alameda, por donde iba el río, delimitada por dos conjuntos escultóricos del artista Ignacio Bernardo, titulados ‘Espacios para el ser y el estar’.

Luego atraviesa glorietas, como la formada por las calles Fuero de Avilés, El Quirinal y Juan Uría Ríu (que se sepa que en Avilés también hay calle Uría) y hasta un parque que lleva por nombre María Zambrano, terminando poco más allá la calle –justo después de cruzar la glorieta que José Cueto forma con Victoria Kent y Flora Tristán– con sus dos últimos edificios  se ven frenados por un bosque.

La realidad, que siempre abusa de la ficción, ha hecho posible que la calle dedicada –en tiempos de la II República– a un exalcalde, haya crecido más de un kilómetro hasta terminar hoy –en tiempos de la monarquía parlamentaria de 2014– nada menos que en un bosque tupido, regado por un arroyo que nos remite al famoso –en la historia de Avilés– río Tuluergo hoy encauzado en una bóveda al entrar en zona urbana y atravesando bajo tierra El Quirinal, Las Meanas y centro urbano, para terminar desembocando en la Ría.

Pero paro, de momento, aquí la historia y dejo atracado o amarrado, este intríngulis del Tuluergo, para mojarme otro día en él.

Hoy el protagonismo es el de una calle, más larga que un día sin pan, que naciendo en el centro de la ciudad muere en un bosque. Final de una lógica aplastante, pues recuerden que, para José Cueto la madera fue una cuestión vital.

Estaba cantado. Y él estaría encantado.

Los episodios avilesinos es un blog de La Voz de Avilés

Sobre el autor

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta


junio 2014
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