Cuando la fuente de los caños de San Francisco entró en servicio, entre siglos XVI y XVII, junto con la de los caños de San Nicolás, ya existía desde hacía años la de La Cámara, y también en Sabugo, pero no la de los caños de Rivero, que aún tardaría años en construirse.
Y puesto que la fuente de La Cámara que da nombre a dicha calle –y que estuvo ubicada en lo que hoy es el cruce de ésta con la de San Bernardo– fue sustituida por casas y cosos. Y dado, también, que la de San Nicolás, en principio situada en la calle La Ferrería, a los pies de la histórica iglesia (hoy conocida como ‘La de los Padres’), fue trasladada en 1891 al [entonces en construcción] parque El Muelle donde estuvo hasta 1915, año en el que fue retirada y nunca más se supo… Hemos de convenir en que la única fuente monumental que queda, de aquellos tiempos en que se extendió el arte barroco por Avilés –en forma de calles, palacios y fuentes– es la de los caños de San Francisco, uno de los principales símbolos del potencial artístico de Avilés. Y quien habla con símbolos habla con mil idiomas, decía Jung.
La monumental fuente –un icono del casco histórico– ha sobrevivido a parciales destrozos de descerebrados, a grafitis de gilipollas anónimos y también a brutalidades oficiales, como la llevada a cabo a finales del pasado siglo y desde instancias municipales, cuando para limpiarla se utilizaron materiales abrasivos que dañaron gravemente el escudo central dejándolo irreconocible.
Pero ahí sigue con sus cicatrices, produciendo un efecto imán tanto en cámaras de particulares como en las de teles nacionales y extranjeras. Antes, uno de los elementos más resaltado de Avilés resultaban ser sus mascarones, con su gastado escudo por sombrero, arrojando agua por un tubo de metal. La perfecta simetría y vitalidad del conjunto, ejercía –hoy con menos fuerza– un hechizo al que no escaparon directores de cine como José Luis Borau en 1984: “Menudo símbolo que tenéis aquí, oye” o, en 1987, Pedro Almodóvar: “Que alucine de imágenes, Alberto, hasta tienen connotaciones sexuales”.
Este monumento singular, es producto de una de las más grandes obras públicas de la historia de Avilés: la traída de aguas a la villa –realizada a finales del siglo XVI– desde el manantial de Valparaíso. Aunque sabemos que en 1488 (según acta del Concejo de Avilés del 12 de septiembre de ese año), ya existía, y procedente también de aquel lugar de Miranda, una canalización aunque muy rudimentaria y a cielo abierto. A claras luces insalubre, por lo que se acometió esta gran obra.
No hay unanimidad, entre los estudiosos locales en esta materia, en cuanto a la entrada en servicio de los caños de San Francisco. Para Enrique Tessier el nacimiento ocurrió entre los años 1593 y 1595, mientras que para Justo Ureña fue en 1617. Sin embargo, Francisco Mellén señala a 1595 como el año final de la obra que, además, adjudica al maestro cantero Pedro de la Bárcena Hoyo.
Construida con material de la cantera de Bustiello y piedra arenisca, consta de un frontal del que surgen seis cabezas humanas que manan el agua hacia un pilón rectangular que adopta forma ovalada en su centro. Por encima de tres de las cabezas figuran elementos heráldicos: en los laterales, dos escudos de Avilés, y en el centro, el de armas del reino de España. Los avilesinos estuvieron años sirviéndose del agua de esta fuente para su uso doméstico y por las mismas el pilón cumplía la función de abrevadero para el ganado.
El monumento incluso generó coplas, por ejemplo cuando con motivo de su traslado, ya que se cambió de emplazamiento en 1867 hasta colocarla donde está ahora al regularizar los terrenos de la campa de la iglesia. Entonces era alcalde Simón Fernández Perdones, hombre controvertido y de fuerte carácter, y quizá por esto y por aquello surgió la copla popular:
«Don Simón se fue a bañar
a los caños de San Francisco
y los frailes repicaron
creyendo que era el Obispo.»
Y aparte de coplas, también de copias. El monumento sedujo, en 2005, a una delegación de la ciudad norteamericana de San Agustín de La Florida (hermanada con Avilés), hasta el punto de solicitar una reproducción de la fuente, cosa que el Ayuntamiento avilesino realizó en moldes de silicona y fibra de vidrio y les envió como regalo. O sea que se puede decir, y con toda propiedad, que exportamos monumentos, ya que una réplica de los caños de San Francisco luce, actualmente, en la ciudad americana y frente a su edificio consistorial.
A la original, la de Avilés, la han rodeado de árboles (el bosque de San Francisco) y lo peor: de unos aterradores sarcófagos de cemento. También hay que decir que en 2009 afortunadamente se repararon daños en el monumento, pero resulta que ahora apenas mana agua y además no se entiende porqué coño han dejado sin caños a la fuente de los caños de San Francisco. Y no es coña. Que la han capado y hay que denunciarlo.
Esta es una fuente por la que merece la pena mojarse.