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Alberto del Río Legazpi

Los episodios avilesinos

La plaza de Pedro Menéndez

A finales del siglo XIX llegó a Avilés una catarata de modernidad: nuevo puerto marítimo, ferrocarril, luz eléctrica, teléfono… pero sobre todo dinero para cambiar la ciudad, mayormente de los indianos que regresaban de una Cuba independiente que había dejado de ser una provincia española.
          Avilés, urbanísticamente, estaba amojamada y forzosamente tenía que crecer al demandárselo el progresivo aumento de población. Eso ya había ocurrido en el siglo XVII y de aquel arreón urbanístico nacieron las maravillas de la plaza de España y las calles porticadas de Rivero y Galiana.
Siglo XIX.
          Aquel fue un ensanche hacia el sur porque al norte estaban el mar y la muralla, aparte de la carencia de tecnología para construir en zonas húmedas. Pero a finales del siglo XIX eso ya era posible, y como a la muralla le habían dado matarile, vino el cambio variando la ubicación del puerto (cuyos muelles siempre había estado entre lo que hoy es parque El Muelle y el segundo tramo de la calle La Muralla) y desecando las marismas de la zona.
          Del cambio de líquido a sólido surgió un formidable solar que unió Sabugo con la Villa y donde se aposentaron la plaza del mercado (o Plaza Nueva y seis nombres más) y un parque (El Muelle). Al espacio de terreno que los separaba se la llamó calle de Pedro Menéndez, luego cambiado por plaza, y fue el primer homenaje oficial al marino avilesino fundador, en 1565, de San Agustín de La Florida, la hoy considerada ciudad más antigua de los Estados Unidos de América.
Siglo XX.
          A mitad del siglo pasado ésta plaza y el parque tuvieron un gran protagonismo social al ser lugar de ocio masivo en un tiempo donde aún no habían entrado en juego bares y discotecas. Pero el cambio de modas y hábitos sociales hacia ellos redujeron la presencia multitudinaria a la noche de San Juan y poco más. El parque Ferrera le dio la puntilla.
          Donde había una esquina de cine, con un clásico Café Colón con terraza aérea amueblada, ahora hay calamidad. Donde había un periódico hay pasteles (el primer domicilio de LA VOZ DE AVILÉS, en 1908, estuvo en el local hoy ocupado por una confitería) y donde había tranvía y autobuses solo hay taxis.
          Actualmente la plaza –triangular como el parque– está delimitada por el ala este de la plaza del mercado dotada, aquí, de espectaculares fachadas, la calle de La Muralla, el parque El Muelle y un moderno inmueble –donde tiene su sede el Casino de Avilés– construido entre las calles de La Estación y Emile Robin.
Siglo XXI.
          En su centro hubo una gran farola que a mitad del siglo pasado el Ayuntamiento desmontó para instalar una fuente estándar anunciada como luminosa. Pero como estaba averiada cada dos por tres se la llamaba ‘La malparida’, ya que ni hacía aguas ni daba a luz.
          En 2015 la fuente mana mejor, pero sin colorinos. Aunque sigue entristecida y sosa, pero no tanto como el vecino parque El Muelle cuya tristeza golpea, pues falto de un aprovechamiento ciudadano está limitado (salvo excepciones) a lugar de paso, constituyendo un llamativo fracaso social y cultural de Avilés. Se ha quedado parado en el tiempo ante la pasividad –manifiesta falta de imaginación– de los sucesivos gobiernos locales.
          Dicen los funámbulos que cuando más peligro tienen de caerse es cuando se quedan quietos.

Los episodios avilesinos es un blog de La Voz de Avilés

Sobre el autor

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta


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