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Alberto del Río Legazpi

Los episodios avilesinos

El pecado de la contaminación

(Los recientes incidentes medioambientales, ocurridos en Avilés, dan pie a repasar la brutal contaminación sufrida por la ciudad y su comarca en la segunda mitad del siglo XX)
               Últimamente se están produciendo preocupantes aumentos en los niveles de contaminación atmosférica en la comarca avilesina. Al tiempo, en la Ría de Avilés, hay empresas a las que se les sigue ‘escapando’ material contaminante como si nada.
               Si preocupante es la contaminación por los efectos causados a la salud, no lo es menos la falta de duros castigos económicos a los culpables. Razón por la que contaminar sigue saliendo barato.
               En Avilés tenemos experiencias dantescas en el terreno sanitario ocasionadas por la brutal contaminación que comenzó en la década de los 50 del pasado siglo, a medida que entraban en servicio nuevas instalaciones en las empresas que entonces se instalaron en Avilés. ENSIDESA se llevó la palma, ésta vez para lo malo.
               Aquello fue una plaga que destrozó parámetros sanitarios. Tan envenenado estaba el medio ambiente que Avilés fue declarada,  por el Estado español, ‘Zona de atmósfera contaminada’ e ingresó en la lista de ciudades más contaminadas de España e incluso de Europa, lo que generó en torno a la ciudad una ‘leyenda negra’ (no podía ser de otro color) que dañó, y en casos aún daña, su imagen.
               En la década de los ochenta el panorama medioambiental era de película de terror en tecnicolor y pantalla panorámica. El plano general era una ciudad rodeada por un bosque de chimeneas que vomitaban humos de todos los colores.
               Desde entonces algunos le tomamos manía al nordeste, viento que proviene del Golfo de Vizcaya despejando nubes y dejando días claros y alegres. Pero, a cambio, el nordeste metía de pleno la contaminación atmosférica en la ciudad. Ya no es que te manchara la ropa, cosa que hacía a conciencia, sino que te ponía perdidos bronquios y pulmones por las elevadas concentraciones de materia en suspensión que éstos se veían obligados a consumir: Anhídrido sulfuroso, amoniaco y humos con todo tipo de concentraciones dañinas. Una asquerosidad.
               El aumento de enfermedades llegó al extremo de que la bronquitis simple y el asma empezaron a ser tipificadas como dolencias habituales de los habitantes de Avilés. En una información facilitada en 1981 se afirmaba que en los cinco años anteriores, el número de casos de cáncer de pulmón se había incrementado en un 141%. La muerte cabalgando sobre un relámpago intoxicado.
               Otro asunto controvertido fue el de las ‘placentas negras’ que algunos, como el ecologista José Luis Navazo en un congreso celebrado en Madrid, vinculaban a las madres que residieron durante su embarazo en la comarca avilesina. Este asunto –que creó una polémica de ámbito nacional– nunca llegó a aclararse de un modo suficientemente categórico por parte de las autoridades sanitarias.
               Lo que si se calculó fue lo que cada habitante avilesino soportaba como media anual: 2,5 toneladas de partículas contaminantes en suspensión. Son cifras de mareo.
               En el barrio de Valliniello –la zona de Avilés más castigada– había días que sufrían una contaminación 40 (repito, cuarenta) veces superior a lo admisible, que convertía en incomestibles los frutos de sus huertas. Se intentaron soluciones como la plantación de una barrera arbórea que actuase como cinturón de defensa de protección ambiental, pero hubo zonas (caso del barrio de San Sebastián) donde no hubo más remedio que desalojar a los vecinos, que vivían en casas situadas a escasa distancia de hornos altos, térmica y acerías, para albergarlos en pisos de la ciudad. Algo inaudito.
               Ya avanzada la década de los ochenta, la contaminación fue disminuyendo al ir cerrando –debido fundamentalmente a la crisis siderúrgica mundial– las instalaciones fabriles. Y así fue como cedió gran parte de la contaminación.
               Justo es decir que el gobierno local se volcó y volvió medio loco con este problema. La corporación presidida por el alcalde socialista Manuel Ponga potenció el servicio de lucha medioambiental al frente del cual estaba un técnico de reconocido prestigio como Antonio Suárez Marcos.
               Y se fueron a buscar soluciones allí donde habían resuelto problemas parecidos. De esta forma lograron traer a Avilés a los británicos del Phamef Water, que habían saneado el Támesis londinense. La delegación inglesa quedó impresionada por el estado en que se encontraba la ría de avilesina. Una caca líquida.
               El estuario recibía cada día 800.000 metros cúbicos de residuos contaminantes (grasas, aceites e ¡incluso metales!). El jefe de la delegación inglesa, Hugh Fish, calculó que se necesitarían 25 años para dejar limpia la ría con el consiguiente plan de actuación.
               No contó mister Fish (‘fish’ traducido al español significa ‘pescado’) con la puñetera dejadez, cuando no desprecio, de determinados estamentos económicos y políticos hacia el medio ambiente. Razón por la que los 25 años del inglés ya se cumplieron en 2008.
               Y aunque actualmente la Ría nada tiene que ver con aquella gigantesca cloaca de la segunda mitad del siglo XX, falta por rematar el gigantesco plan de saneamiento puesto en marcha por Manuel Ponga, que puso patas arriba la ciudad y que es la mayor obra pública de la historia avilesina. Todo un episodio aparte.
               A día de hoy y aunque menos –no se si porque menos son las instalaciones industriales que tenemos– seguimos cometiendo pecados medioambientales por tierra, mar y aire. Y la reacción de la autoridad resulta, generalmente, patética. Descaradamente una mayoría de empresas pasan de organismos oficiales de control con una pasmosa impunidad. Son cosas del progreso, aducen. Y parecen decirte que si quieres puestos de trabajo aguantes el envenenamiento. Come y calla.
               Una pena que mister Fish, el señor Pescado, aquel inglés salvador del Támesis londinense, no acertara en su pronóstico de la vuelta plena de los pescados a la Ría de Avilés, mayúsculo estuario donde sigue siendo pecado no tener pescado.
               Pecado mortal.

Los episodios avilesinos es un blog de La Voz de Avilés

Sobre el autor

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta


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