En Avilés si dices Ureña algunos piensan que te refieres al recordado Justo Ureña, otros a Gabriel Ureña Hevia –nieto del Cronista– y cuyo cello suena mucho y bien. Muy pocos saben de Federico.
Federico Ureña González–Olivares nació, en 1859, en Oviedo donde pasó niñez y juventud. Era primo del catedrático y escritor Leopoldo Alas Ureña (‘Clarín’). Al terminar sus estudios se traslada a Avilés, en 1882, para trabajar con el ingeniero vasco Carlos Larrañaga que dirigía las obras de canalización de la Ría, histórica reivindicación local conseguida principalmente por dos políticos liberales de Avilés en el Congreso, Julián García San Miguel (segundo marqués de Teverga) y Estanislao Suárez–Inclán.
Federico Ureña se alojaría en La Serrana durante dos años. Como no sabía perder el tiempo, su trabajo se expandió por distintos sectores, en una época donde no abundaban (al menos en Asturias) ingenieros ni arquitectos. Dirigió las obras de la carretera del Torno, así llamada porque discurría paralela a la Ría por el antiguo camino por donde un carro con torno tiraba de los barcos que encallaban en los arenales tan frecuentes en la ría de entonces. La carretera del Torno es hoy la avenida del Conde de Guadalhorce, aunque la gente abrevia con carretera de San Juan.
Ureña se implicó laboral y socialmente en Avilés en todos los sentidos. En 1884 se casa con María Dolores González–Posada la hija mayor de Serrana Gutiérrez Pumarino, dueña de la famosa fonda (luego hotel) La Serrana, donde se alojaba. El matrimonio compró una casa, por 20.500 pesetas, en el número 8 de la calle de Alante o Adelante y que a partir de 1890, cuando llegó el tren a Avilés, se llamaría calle de La Estación. Era un edificio con bajo, piso y huerta que daba a La Ribera (hoy calle Emile Robin, paralela al parque El Muelle). El matrimonio tuvo once hijos de los cuales vivían ocho cuando murió Federico.
Desarrolló labores –en sus veinte años de residencia en Avilés– en distintos campos: canalización de la Ría, empresa privada y ámbito municipal.
Hay que decir que el Ayuntamiento, haciendo de la necesidad virtud, le dirigió una carta ‘rogándole’ trabajase en lo municipal. Y es que se había quedado sin el arquitecto Ricardo Marcos Bausá que se había largado, después de tenérselas tiesas con el alcalde José Cueto a costa del proyectado parque El Muelle. Y puesto que los arquitectos escaseaban y el municipio tenía obras que no podía paralizar la cosa terminó con Federico Ureña como Director de Obras Municipales y como tal se hizo cargo de labores de ingeniería y arquitectura.
Por ejemplo las obras de construcción, hasta su terminación, del nuevo parque El Muelle (que había trazado Bausá) donde Federico diseñó un excelente kiosco musical que algunos consideran el mejor de Asturias. Proyectó la carretera que llevaba de Avilés a Piedras Blancas (la conocida como Carretera de la Plata). Trabajó en la crucial planificación del segundo ensanche de Avilés que comprendió la apertura de tres travesías (Pablo Iglesias, Libertad y Las Artes) que unían las calles Rivero y Llano–Ponte.
Federico Ureña fue solicitado por particulares para trazar planos de las siguientes edificaciones:
En el año 1883 el edificio nº 11 de la calle de Emile Robin (para entendernos donde está la Cafetería Germán), el nº 10 de la calle Pedro Menéndez y en la calle Galiana un palacete (conocido como casa de Arias de la Noceda) hoy propiedad municipal. Sobre este inmueble cuya autoría algunos adjudican a Armando Fernández Cueto (que tampoco era arquitecto sino maestro de obras) hay cierta confusión que Héctor Blanco (que se lo atribuye a Federico) justifica, en su excelente libro ‘Arquitectura sin arquitectos’, como que «probablemente ambos asumiesen conjuntamente la ejecución de algunas obras de especial envergadura técnica y decorativa».
En 1884 y 1885 los edificios 14 y 27 de la calle Ruiz–Gómez, este último haciendo esquina con la calle del Muelle ha sido recientemente rehabilitado. Así como los inmuebles números 2, 4 y 8 de Llano–Ponte, por lo que la singular esquina, en chaflán, de esta calle con Ruiz–Gómez también es obra de Federico Ureña.
En 1892 el histórico edificio nº 21 (hoy 29), que es todo un episodio aparte, de la calle La Ferrería; así como el número 6 de La Muralla. En 1893 diseña el lavadero público de González Abarca que, actualmente, y después de haber sido desmontado su techo y columnas es un espacio estúpidamente abandonado.
Finalmente está el espectacular edificio que hace esquina entre las calles Rui Pérez y La Florida que comenzó a levantar en 1890 y no se terminó hasta 1910. Algo que no vería Federico, cuyos bronquios no aguantaban con salud la humedad y se había marchado en 1902 con su familia, por alejarse de la costa se dijo, a Sevilla donde falleció en 1905, a los 46 años, cuando trabajaba en la construcción de un puente en Alcalá de Guadaira.
El joven músico Gabriel Ureña, con una brillante carrera internacional como solista de violonchelo, es nieto de Justo Ureña quien fue empleado del Ayuntamiento de Avilés (y en su jubilación Cronista Oficial de la ciudad) y el cual, a su vez, fue nieto de Federico Ureña, Ayudante de Obras Públicas que –por escrito queda– dejó su huella en trazados de carreteras, calles y edificios de Avilés.