Cuando aquel 7 de diciembre Felipe González llegó a Ibiza hacía un frío que se las pelaba, de hecho dicen que fue uno de los días más duros de aquel invierno en las islas Pitiusas.
Sin embargo, en el muelle esperaban a Felipe González, a pie firme, las autoridades y una considerable cantidad de gente, no todos los días llegaba un nuevo obispo a la isla cuya población rondaba las dieciocho mil personas en aquel año de 1816.
Hablo, no se vayan a creer otra cosa, del prelado Felipe González—Abarca quien —junto con Valentín Morán Menéndez, Juan de Llano—Ponte Sierra y Aníbal Nieto Guerra— figura en la historia local como uno de los cuatro obispos, nacidos o ‘pacidos’, que ha tenido la ciudad.
Por cuestión de antigüedad comienzo por Valentín Morán Menéndez que vino al mundo en la cuesta de Cabruñana en 1694, profesó en el convento de La Merced de Sabugo y más tarde ocupó distintos cargos religiosos en España, parte de Europa (Roma fundamentalmente) y América (Perú). Fue obispo de Canarias donde ejerció, parece ser que magistralmente, durante diez años hasta su marcha —en 1751 y obligado por su estado de salud— hacia Avilés donde se alojó hasta su muerte (en 1766) en una celda del convento de La Merced. Anteriormente, la enfermedad también le había obligado a renunciar a su designación como obispo de Burgos.
Fue un hombre culto y muy sencillo que ayudó a mucha gente necesitada e incluso contribuyó al progreso de Avilés pagando —de su pecunio— reparaciones de calzadas, como Cabruñana, o el nuevo puente que unió la Villa con Sabugo en La Cámara. Una calle de Avilés lleva su nombre.
Luego está Juan de Llano—Ponte Sierra que nació en Avilés en 1727. Perteneciendo al clero secular y trabajando en la catedral fue nombrado obispo auxiliar de Oviedo en 1771 y titular de la diócesis en 1791 hasta su fallecimiento en 1805. El obispo Llano—Ponte era persona abierta a las nuevas ideas de la Ilustración -¿hace falta decir que era amigo de Jovellanos?- que por entonces se extendían por Europa. Fue Académico de Historia y colaborador del ‘Diccionario Geográfico–Histórico de Asturias’ proyecto de Francisco Martínez Marina donde el religioso avilesino se implicó poniendo a trabajar a muchos párrocos en la recogida de datos sobre sus territorios, coordinando él las monografías de los distintos concejos aunque finalmente el proyecto no llegara a culminarse. Este obispo venía mucho por Avilés, algo que no gustaba mucho en el Oviedo catedralicio, al palacio de su familia en la calle Rivero, donde luego estuvieron los cines Marta.
Felipe González—Abarca García nació en Avilés en 1765 y vivió hasta 1842. También ingresó de niño en el [hoy] desaparecido convento de La Merced, que estuvo, más o menos, donde hoy se levanta la iglesia de Sabugo nueva. El joven fraile mercedario, con 24 años, fue mandado a Roma donde estudió lenguas orientales llegando a dominar el sánscrito, arameo, hebreo, árabe, griego y latín, algo de llamar la atención. En 1791 obtuvo la cátedra de hebreo en la Universidad de Santiago de Compostela donde residió veinte años.
Este meteórico erudito avilesino ocupó la diócesis de Ibiza de 1816 a 1829 y posteriormente la de Santander, desde 1830 hasta su fallecimiento en 1842. Llaman la atención algunas medidas que tomó en Ibiza —y que recoge el historiador Joan Marí Cardona— especialmente la que ordena a los sacerdotes dar clases a los feligreses que no hubiesen podido estudiar las primeras letras en su infancia.
En el tránsito entre Ibiza y Santander vino a Avilés donde fue recibido y agasajado en el Ayuntamiento quien le pidió un retrato suyo, cuadro que hoy luce (junto al de Fray Valentín Morán) en el salón de Recepciones del palacio municipal. Posteriormente otra Corporación dio su nombre, también en Ibiza, a una calle.
Aníbal Nieto Guerra.
La calle González—Abarca está conectada con la plaza de La Guitarra donde tiene el domicilio familiar en Avilés monseñor Anibal Nieto Guerra, obispo de San Jacinto de Yaguachi (Ecuador). Nacido en Fermoselle (Zamora) y cuando solo tenía tres años (en 1952) sus padres decidieron emigrar con su familia a Avilés donde la creación de Ensidesa daba trabajo a miles de personas. «Me identifico como avilesino-zamorano. Mi padre trabajó durante 35 años en Ensidesa. Vivimos en Llaranes y tengo recuerdos muy hermosos. Después nos trasladamos a la plaza de La Guitarra…» le confesó el obispo al redactor de este periódico Fernando del Busto (ver LA VOZ DE AVILÉS de 24 de mayo de 2010).
Su vocación religiosa surgió siendo estudiante en el colegio de los Salesianos de Llaranes. Más tarde ingresó en la orden de los Carmelitas y con el tiempo cumplió con su deseo de ‘ir a misiones’ y en 1975 ya estaba en Guayaquil, la segunda ciudad de Ecuador. Años de entrega y mucho trabajo le convierten (en 2006) en obispo auxiliar de Guayaquil y luego obispo titular de la nueva diócesis (creada en 2010 por el Vaticano) de San Jacinto de Yaguachi, territorio donde viven unos 600.000 fieles, de una población superior al millón de personas.
Allí sigue monseñor Nieto Guerra tras las huellas que han dejado en la historia Fray Valentín Morán, Juan de Llano-Ponte y Felipe González Abarca. Tengo leído que solo los que se esfuerzan por ir mas lejos descubren lo lejos que pueden llegar.