>

Blogs

Alberto del Río Legazpi

Los episodios avilesinos

La tertulia prodigiosa del marchoso Café Imperial

            Hubo en Avilés, a comienzos del siglo XX, dos cafés que destacaban sobre el resto, estaban en una nueva calle donde la fila de casas de la derecha se habían edificado sobre la antiquísima muralla, que unos años antes se habían cargado los intereses inmobiliarios. Las casas de la izquierda formaban parte del perímetro de la –entonces–  recientemente construida plaza del mercado o Plaza de los Siete Nombres.
            Los dos cafés a los que me refiero, situados en esta calle –que hoy conocemos como La Muralla– estaban situados frente a frente y los dos haciendo esquina. Hablo del Colón y del Imperial y de ambos quedan las fachadas.
            El Colón, bajo y piso, se había instalado en 1890, aunque no fue hasta 1905 cuando añadió el elemento arquitectónico que lo singulariza: la terraza aérea en el primer piso, que origina soportales en la acera, modelo barrio antiguo de Nueva Orleans. El Imperial ocupaba solamente el bajo, pues la terraza que muchos creen prolongación del negocio, era del Casino de Avilés (fundado en 1872) que tenía en el edificio su sede y que la instaló en 1907 para disfrute de sus socios. Este edificio también acogió, durante un tiempo, a la Cámara de Comercio local, fundada en 1899.

A la izquierda el Imperial. A la derecha el Colón.


            El Imperial se había instalado en La Muralla en 1900. Anteriormente y desde 1872, estuvo en la calle La Ferrería (según datos que aporta Luis Muñiz Suárez, en su magnífico libro ‘Historia de La Voz de Avilés. 1908-2008 ’) y en la casa que da frente a la calle El Sol, justo donde años más tarde se instalaría el diario avilesino que permanecería allí durante más de medio siglo.
            Ambos cafés, de gran superficie, eran la sensación, la modernidad de la época. Porque añadían a los servicios propios de esta clase de establecimientos espectáculos variados. Así mientras en el Imperial actua­ban tonadille­ras y cupletistas, con acompañamiento orquestal, el Colón ofrecía diarias sesiones de cine, con acompañamiento de piano.
            La sutileza, en lo publicitario, quizá ayude a establecer mejor la diferencia. Mientras el Imperial invitaba a exotismos como cerveza ‘La Estomacal de Mahón’ o a catar vinos de Burdeos, el Colón se vanagloriaba de servir leche recién ordeñada.
            Al Imperial lo presentaban los anuncios de la época de esta guisa: «Sitio céntrico, amplio local, venti­lador eléctrico con aparato pro­ductor de ozono para que la atmósfera esté siempre pura… En Barcelona, en una sala mecánica­–médica, cobran cinco pesetas por una hora de aspiraciones oxige­nadas… en este café, por veinticin­co céntimos, se puede pedir un café riquísimo, agua filtrada, seis periódicos diarios, tres ilustrados, biblioteca, teléfono y aspiraciones oxigenadas de la misma clase que en una sala médica de Barcelona, sin limitar el tiempo de aspiración…  Increíble, pero verdad».
            Subidones oxigenados aparte, lo que le daba categoría era la clientela que allí se reunía. Por entonces las tertulias eran muy numerosas. Por raro que parezca, la gente (la que podía, claro) se comunicaba, charlando, en torno a la mesa de un café y no mirando –los ojos como platos y la cerviz doblada– a un teléfono enano en la palma de la mano. Cuando no enchufados –en alma, corazón y vida– a un ordenador.
            En el Imperial abundaban las tertulias, pero destacaba una que me descubren unas notas inéditas de David Arias Rodríguez del Valle (alcalde de Avilés en dos ocasiones) y que –Guerra Civil de 1936 mediante– terminó exiliado en México. Una de sus nietas, Maricruz, me hizo llegar el escrito.

David Arias (1890-1975)

            David describe a los personajes variopintos de aquella tertulia del primer tercio del siglo XX. Por encima de todos estaban dos personas. Una Wenceslao Carreño, de familia ilustre, coronel del ejército retirado, monárquico leal, bebedor risueño y bibliófilo empedernido. Y otra Nicasio Rodríguez Viña, de origen modesto, republicano convencido y a quien «la herencia de un tío indiano convirtió en filósofo ocioso y catador pacífico».

            Y luego una serie de contertulios entre los que descollaban –y me permito adornarlos con pinceladas escogidas del escrito de David– como más habituales: Fortunato Sánchez-Calvo (venerable fan del filósofo Krause), Lorenzo de Uhagón (silencioso tertuliano con rasgos inesperados de ingenio), José María Lobo de Las Alas (inculto, pero dotado de talento avispado y socarrón), Manolo Vior (intelectual y gimnasta) y  David Arias (poeta que llegó a ser alcalde).
            De aquella tertulia prodigiosa nacieron dos cosas importantes. Una, la idea de celebrar una verbena anual, acompañada de la edición de una revista irónica, titulada ‘La Batelera’. Y, otra, la fundación de una biblioteca pública (Biblioteca Popular Circulante).
            ‘La Batelera’, un clásico festivo, llenó de música y alegría muchos veranos avilesinos.
            Y la Biblioteca Popular Circulante, escribe David Arias, «fue la primera de su clase en Asturias y tal vez en toda España». Pero lo que él no se imaginaba es que aquel ‘invento’ de la tertulia prodigiosa transcendió de lo particular a lo municipal y que con el tiempo se renombró como Biblioteca Bances Candamo (la BBC, que es un episodio aparte) y que terminaría germinando una Casa Municipal de Cultura, que con la llegada de los Ayuntamientos democráticos en 1979, potenciaría sus actividades hasta convertirse, por la cantidad y la calidad de las mismas, en una de las más destacadas de España de su tiempo.
             Por cierto, que en 1933 se cerró el tradicional café Imperial para abrir una entidad bancaria. No tengo nada claro que Avilés saliera ganando.

Los episodios avilesinos es un blog de La Voz de Avilés

Sobre el autor

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta


noviembre 2014
MTWTFSS
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930