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Alberto del Río Legazpi

Los episodios avilesinos

La estela de los franciscanos en la Historia de Avilés

(Estos días una exposición en la antigua Escuela de Cerámica, comisariada por el arqueólogo Sergio Ríos, nos recuerda de un modo muy didáctico, la huella dejada por los franciscanos en Avilés)
       Fueron los primeros que llegaron a Avilés y han sido los últimos en marcharse. Hubo un paréntesis obligado (por una ley que afectaba a las ordenes religiosas del Estado español) al ser expulsados de su convento. Luego, los Franciscanos volvieron, pero hace como cosa de un año se fueron, parece que definitivamente (que con la Iglesia nunca se sabe), por agotamiento de vocaciones.
       A lo largo de la historia, Avilés tuvo tres conventos. El de los monjes Franciscanos y dos más: el de las monjas Bernardas, con acceso por la calle San Bernardo (y ocupando un gran patio de luces, de bendito suelo vegetal y arbolado,  formado por las Calles San Bernardo, La Fruta y La Cámara) y el de los monjes mercedarios, llamado el Convento de La Merced, en solar hoy ocupado por la calle La Cámara y la plaza de La Merced, donde hoy se levanta la iglesia Nueva de Sabugo.
       A las monjas Bernardas las sacaron por la fuerza [de la ley] como consecuencia de la conocida como ‘Desamortización de Mendizábal’. Y su complejo religioso (donde se incluía un claustro) fue demolido rápidamente (no fuera a ser que fastidiara una operación urbanística en marcha) y las ruinas se llevaron, en tropecientas carretas de bueyes, como relleno, para fijar el terreno marismeño –por entonces y desde siempre, la pleamar llegaba hasta aquí– de lo que hoy conocemos como Las Meanas, campo de fútbol incluido y ahora en manos de un ciudadano escocés. No somos nada.
       Los monjes Mercedarios, también fueron exclaustrados y su convento, que tuvo quince usos (Asilo, colegio, telégrafos, cuartel de la Guardia Civil, escuela de náutica, fábrica de tejidos, cuadras de bueyes municipales  y ocho etcéteras más) fue derribado y restos de altares y algunas imágenes fueron aprovechados por otros templos. Por ejemplo en la iglesia de Santa María de Cancienes hay un magnífico retablo (recientemente restaurado bajo la dirección de Teresa Imaz de Las Alas) procedente de aquel convento mercedario de Sabugo.
       Bernardas y Mercedarios fuéronse de Avilés, y no volvieron. Los Franciscanos que también habían sido exclaustrados en 1835 sí que regresaron, en 1919. Aunque no a su convento, que había sido reconvertido en parroquia de San Nicolás de Bari, sino a la histórica iglesia de la calle de La Ferrería (que durante siglos llevó el nombre de aquel santo de Bari), levantada en el siglo XII y que a partir de entonces pasó a llamarse, popularmente, ‘Iglesia de los Padres’, porque así lo decidió el personal que cose nombres que nunca se despegan (calleja Los Cuernos, calle La Cárcel, plaza del Pescado, etc.).
       La vuelta de los Franciscanos no hizo más que demostrar su querencia por la antigua villa realenga famosa en cartas marinas y rutas comerciales. Habían  llegado en el siglo XIII y su expansión por Asturias fue fulgurante: Oviedo, Avilés y Tineo vieron como se levantaban conventos de la orden de los ‘Hermanos Pobres del italiano santo de Asis’.
       Las órdenes religiosas que hubo en Avilés no dejaron nada, porque se lo echaron abajo todo. Los Franciscanos lo dejaron todo, porque hubo suerte de que no les afectara ningún plan urbanístico. Y en su herencia, conservada en la actual parroquia de San Nicolás de Bari, que ellos levantaron como convento, figuran los elementos arquitectónicos más antiguos de Avilés, algunos rodeados de misterio.
       Me refiero a la pila bautismal, que tanto intrigó a Jovellanos, cuya procedencia sigue siendo desconocida. O a un tablero de cancel, que lleva a deducir de la posible preexistencia de otro templo en ese mismo solar. Dicha pieza está empotrada en uno de los muros del claustro, el único de Avilés, terminado de construir alrededor de 1604.
       Por cierto que dicho tablero, considerado quizá el vestigio arquitectónico más antiguo que se conserva en Avilés sirvió como inspiración para el logotipo de ‘Avilés Milenario’, realizado en 2005 por Lorena Prieto, alumna de la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias, dentro de un proyecto (siendo concejal de Cultura Juan José Fernández, de IU) que el Ayuntamiento quería utilizar como promoción de los mil años de historia de Avilés. Dicho plan se presentó públicamente (ver hemerotecas 30 de junio de 2005) y se realizó el correspondiente «merchandising» (camisetas, bolígrafos, etc) con el lema «Avilés, ciudá milenaria». Pero… de aquello nunca más se supo, porque desapareció todo lo referente a dicho proyecto. Se ignora el porqué y por qué se esfumó.
       Pero yo hablaba de lo es realidad en el antiguo convento, como un llamativo sepulcro gótico de (como no, tratándose de Avilés) un miembro de la familia De las Alas. O la espectacular arquería románica del claustro. O la portada septentrional del templo. No sigo porque todo esto es episodio aparte.
       Como episodio aparte fue el eremitorio de Raíces que fundaron los Franciscanos en 1413 y que el paso de los siglos convirtió en una cuadra que el Ayuntamiento de Castrillón, después de un rescate ejemplar, sigue sin abrir al público para su visita. Y ya va siendo hora.
       Quede constancia que es de restallo, en arquitectura y simbología, la herencia dejada por los Franciscanos desde su llegada –entre 1267 y 1274– y su forzada marcha, por expulsión, en 1836.
       Regresaron en 1919. Vinieron menos de los que hubo y a partir de entonces, acorde con la flojera de vocaciones, el tiempo los fue menguando hasta quedar reducidos a dos (incluido el superior) que inevitablemente fueron resbalados, en 2013, hacia el convento de Santiago de Compostela.
       Armando Arias –coordinador del Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS– siempre atento a la jugada, comprendió inmediatamente la trascendencia histórica del hecho y se adelantó a organizar un homenaje de mucho calado (palabra y música) en el templo que habían venido ocupando los frailes desde 1919, que es también el edificio más antiguo de la ciudad.
       Fue una despedida multitudinaria, la que Avilés le hizo a esta orden religiosa que había venido, a la villa, hace más de siete siglos. También eran los últimos, y más antiguos, de Asturias, donde el arzobispo actual es franciscano, mira tu lo que son las cosas. Y, encima, en 2013, año en que fue elegido papa el cardenal argentino Jorge Bergoglio quien manifestó su voluntad de ser conocido como ‘Francisco’ en honor del santo de Asís.
       Si algo caracterizó la estancia de los Franciscanos en Avilés, durante más de 750 años, fue su discreción y humildad.
       En esto están de acuerdo tirios y troyanos, agnósticos y creyentes. Recuerdo que una vez le preguntaron al futbolista argentino Di Stéfano que por qué no rezaba antes del partido y el astro del Real Madrid señaló al vestuario del rival: «¡Porque Dios es de los dos!».
       Algo así ocurre a la hora de hablar de los franciscanos avilesinos. Fueron de todos porque son parte de la Historia (mayúscula) de Avilés, donde dejaron una estela imborrable.

Los episodios avilesinos es un blog de La Voz de Avilés

Sobre el autor

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta


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