(Un recorrido tras la estela dejada por Armando Palacio Valdés, un clásico de la literatura española, en la ciudad en la que vivió de niño y donde descansan sus restos).
Hay dos personajes a los que Avilés tiene a mucha honra, un artista plástico con obra en museos de medio mundo y un escritor que dominaba el arte de narrar y con muchos de sus libros traducidos a varios idiomas. Ellos son Juan Carreño Miranda y Armando Palacio Valdés.
En su día (LA VOZ DE AVILÉS, 26 de enero de 2014) y como homenaje a Carreño Miranda propuse un paseo por la ciudad para buscar lugares o motivos que nos recordaran a este Pintor de Cámara del Rey de España de hace cuatrocientos y pico de años.
Hoy lo hago con Palacio Valdés, un clásico de la literatura española, que ha puesto el nombre de Avilés en obras clásicas de la literatura y al que la ciudad ha correspondido con una estela de agradecimientos.
Comencemos situándonos en la plaza de España –el Parche más artístico de España y parte del extranjero– y ante el palacio municipal démonos por enterados de que allí fue declarado ‘Hijo Adoptivo y Predilecto de Avilés’ el famoso escritor. Y que, casi cien años más tarde, y también allí sellaron (enero de 2008) su hermanamiento los municipios de Laviana y Avilés lo que se consiguió en torno a su compartido sentimiento de admiración hacia la figura de Armando Palacio Valdés.

Calle y teatro Palacio Valdés.
Una de las calles que parte de esta plaza es la de Rivero, donde en la casa numerada con el 8 estuvo viviendo cuando lo trajeron a Avilés, siendo un bebé, desde Entralgo (Pola de Laviana) donde había nacido. Una placa –de difícil lectura– allí colocada certifica que «En esta casa transcurrieron los años de niñez y de primera juventud del glorioso novelista Don Armando Palacio Valdés».
Frente a esta casa se levanta el palacio de Llano Ponte (también conocido como de García Pumarino) un edificio del siglo XVIII que inspiró al escritor para su celebrada novela ‘Marta y María’ escrita en 1883. El propietario de este palacio, en 1949, vació su interior (o sea arrasó capilla artística, salones hermosos, escaleras barrocas y no sigo porque ustedes ya habrán pillado la barbaridad destructora) para convertir la mansión en una sala cinematográfica que bautizó como ‘Marta y María’ queriendo corresponder al homenaje literario que Palacio Valdés le había hecho a este edificio al que de palacio de época, el propietario en cuestión, solo le dejó la fachada.
A continuación hay que caminar unos metros descendiendo hasta la calle actualmente rotulada a nombre de Armando Palacio Valdés después de haber llevado los de Siglo XIX, Ocho de Octubre, Luis Sirval y José Calvo Sotelo.
Y en la calle Palacio Valdés se levanta un llamativo edificio bautizado como Teatro Palacio Valdés, cuya primera piedra se puso en 1900 pero no se terminó hasta 1920 por cuestiones económicas finalmente resueltas por un grupo de notables locales al mando de un médico de Castropol llamado Claudio Luanco, un crack –que se dice– del Avilés sociocultural. El teatro, y luego también cine, bajó el telón y cerró sus puertas en 1972. Reabierto en 1992 –por presión popular y la ayuda ‘espiritual’ de Alfonso Guerra, aquel vicepresidente del Gobierno de España que tenía tanto mando en plaza– y después de una larga y costosa rehabilitación, volvió a sus orígenes ofreciendo solamente espectáculos teatrales.
Ante la fachada del coliseo y sobre peana hay un busto de bronce del novelista, obra del escultor asturiano Mauro colocada por el Ayuntamiento en 1997, con la siguiente inscripción: “Avilés a Palacio Valdés. 1853-1938”.
En la misma calle también se puede tomar algo en una cafetería que lleva el nombre de la calle y del teatro.
Y también cerca de esta calle está el domicilio social de la
Asociación de
Vecinos El Arbolón que lleva el nombre de ‘Palacio Valdés’ como bandera.

Palacio Valdés y su esposa Manuela, en el parque del Muelle (montaje fotográfico).
Pero habrá que ir –pasando la calle de La Ferrería muy andada por el escritor junto con sus amigos Leopoldo Alas ‘Clarín’ y el filósofo Sánchez Calvo– hasta el parque del Muelle (Jardín Histórico de Asturias) para encontrarse virtualmente con el autor literario, sentado en un banco con su segunda esposa Manolita, pues en sus venidas veraniegas a ‘su pueblo’ se alojaba en el [hoy desaparecido] Hotel La Serrana, a un costado del palacio de Camposagrado, y donde escribió buena parte de ‘Marta y María’.
Y para ver a estas dos señoritas, aunque sea en bronce, hay que desplazarse hasta una esquina de las calles del Prado y Españolito donde se puede admirar un grupo escultórico (propiedad de un constructor) realizado por el artista avilesino Favila en 1999, en homenaje a la obra de Palacio Valdés.
Desde aquí deberemos cruzar la ciudad para acceder a la monumental calle de Galiana, que durante años (de 1918 a 1945) llevó el nombre de Palacio Valdés y a quien el escritor dedicó un capítulo en su obra ‘La novela de un novelista’.

El biznieto de Palacio Valdes, Armando Sirvent Palacio-Valdés, con su familia ante el mausoleo del escritor.
Poco después de finalizar Galiana encontramos el edificio del histórico [por ser el primero] Instituto de Enseñanza Media avilesino, Carreño Miranda, hoy reconvertido en Colegio Público Palacio Valdés. Aquí la paleta mudó a pluma.
Y siguiendo camino, cuesta arriba, se llega al cementerio de La Carriona donde entre otros monumentales panteones destaca el suyo, regalo del pueblo de Avilés a quien quiso ser enterrado aquí. Se trata de un conjunto escultórico, del andaluz Jacinto Higueras, donde una inscripción labrada en piedra ruega «Viajero, si algún día escalas las montañas de Asturias y tropiezas con la tumba del poeta, deja sobre ella una rama de madreselva. Así Dios te bendiga y guíe tus pasos con felicidad por el Principado».
Y sean madreselvas, claveles o pensamientos, el caso es que siempre hay flores en la tumba de Armando Palacio Valdés, aquel que tenía el arte de narrar.