Ocho obras artísticas en una senda peatonal y ciclista entre Avilés y Llaranes, de dos kilómetros, que trascurre entre, prados, chimeneas y árboles a la vera de la Ría
Cuando se inauguró no me constaba ninguna senda tan original, tanto en Asturias como en España.
Trascurre entre Avilés y Llaranes y complementa el extraordinario Paseo de la Ría, abierto por la Autoridad Portuaria avilesina en la Avenida del Conde de Guadalhorce, popularmente Carretera de San Juan.
En sus inicios, caminando hacia Llaranes, muestra piezas industriales, depositada en el suelo sin orden ni concierto, de la desaparecida –sin atender a criterios patrimoniales– industria de cabecera de Ensidesa, como fueron los hornos altos o la monumental Central Térmica.
Le sigue una colección de monolitos que la Cofradía del Colesterol de Avilés va colocando en homenaje a los personajes que premia anualmente y que convierte esta parte de la senda, o ruta, en una especie de ‘paseo de la fama’ hollywoodiense.
A continuación surgen ya las estatuas. Los impulsores del sembrado artístico fueron, en 2010, el Ayuntamiento de Avilés y la empresa siderúrgica Arcelor–Mittal (‘heredera’ de Ensidesa) quienes dejaron allí una placa dando cuenta que «Las esculturas de esta ruta conforman una visión contemporánea del acero y de lo que ha venido suponiendo para Avilés. El arte, con su capacidad para expandirse más allá de los límites fabriles, permite abrir una reflexión sobre la industria como elemento transformador de la sociedad, sobre la versatilidad del acero como material reutilizable hasta el infinito (…)».

'Hemisferios en equilibrio'
Las obras expuestas son:
‘Desequilibrio’ de Ricardo Mogo. El autor, que compone un sorprendente castillo de naipes, busca reflejar en su montaña de cartas de la baraja lo inestable que es cualquier equilibrio.

'Miscelánea'
‘Miscelánea’ de Tomás Marbán. Vistosas bases de bobinas de acero, pintadas en diferentes colores en homenaje a las diversas culturas y gentes, de toda España, que pusieron en marcha la siderúrgica Ensidesa.
‘Mano de Eva’ de José Manuel Truyés. Una mano mecánica que parece querer enlazar la industria con la bíblica Eva y su manzana. El autor recuperó una pinza de las acerías para simbolizar todo lo que la industria siderúrgica había entregado a Avilés.
‘Vientos de acero’ de Anabel Barrio. Molinillos de viento que une pasado y futuro, industria y ecología. Y también cultura e industria, que conviven en Avilés.

'Vulcano y Prometeo'
‘Transición’ de Luis Taboada. Construida sobre una base de chapa en la que el autor ha colocado diferentes piezas planas y ruedas, con distintas formas, tamaños y colores cálidos, tratando de sugerir la maquinaria de los procesos de fabricación del acero.
‘Vulcano y Prometeo’ de Ramón Rodríguez. Dos columnas que simbolizan a Vulcano y Prometeo, dioses del fuego, elemento fundamental e imprescindible en el proceso siderúrgico. El autor rescató una puerta inservible de las baterías de cok de la empresa siderúrgica.
‘Alegoría de la siderurgia’ de Fidel Pena. Seis grandes planchas de acero con seis diferentes colores que va tomando el acero durante su laminación en el Tren de Chapa, componen una pieza artística de tres toneladas de peso.

'Alegoría de la siderurgia'
Todas ellas complementaron, en 2010, a ‘Hemisferios en equilibrio’ de Ricardo Mojardín que data de 2004 y que es una obra, realizada en acero corten, en homenaje a la Escuela de Aprendices de Ensidesa que estuvo ubicada en parte de los terrenos por donde hoy transcurre esta ruta del acero.
Así que, una senda peatonal a orillas de una ría mágica, vistosas balaustradas de metal reluciente y madera caliente, árboles frondosos, prados, chimeneas, esculturas… ¿Quién da más?
De nuevas, cuando se inauguró, muy pocos. Pero hoy, seis años después, la falta de mantenimiento aliada con la contaminación incesante, ha eliminado en gran parte de las piezas sus vistosos cromatismos generando un cierto desastre artístico, ignoro si subsanable.
Si hay suerte quizá dentro de un tiempo –quien lea este episodio– tenga que suprimir el párrafo anterior y asentir al dicho de que, también, la paciencia es un arte.