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Alberto del Río Legazpi

Los episodios avilesinos

Ruedas, olas y alas

            Desde Mombasa, el más importante puerto marítimo de la costa oriental africana me envía un cariñoso y divertido mensaje, vía Facebook, un ingeniero de Caminos, Canales y Puertos que lleva dos años trabajando en Kenia y añora a raudales la sidra, el cachopo (‘¡quien lo pillara!’), el queso Gamonedo y sobre todo a su barrio de El Quirinal, el de Avilés no el de Roma. Y [Andrés M.G.] me sugiere mas Episodios que traten sobre las infraestructuras avilesinas.

            Tiendo un puente hacia sus deseos.

Antiguo puente de Los Pilares o San Sebastián.

Antiguo puente de Los Pilares o San Sebastián.

            Andrés sabe que, en el transcurso de los siglos, Avilés como población de destacado nivel comercial fue -y es- importante nudo de comunicaciones, algo que dada su especialidad en ingeniería le resultará familiar. Como familiares por sencillas y elementales son las ruedas, que apenas nos paramos a calibrar como invento capital en la historia de la humanidad. Y ya sé que es cosa de párvulos pero conviene recordar que comenzaron a utilizarse hacia el 3.700 a.C. en Mesopotamia (que comprendía a gran parte del actual Irak) cuna de varias civilizaciones y –hoy- uno de los mayores polvorines del planeta tierra.

            La rueda nos transporta al camino que en el caso de Avilés siempre los tuvo destacados por tierra, mar y aire. O sea ruedas, olas y alas.

            En la Edad Media destacaban los caminos reales, de más anchura y calidad que los otros y que ponían en comunicación poblaciones de cierta importancia. Era el caso del que unía Avilés con Oviedo, fundamental en el progreso del reino de Asturias y luego de Castilla por el gran volumen de mercancías trajinadas en el puerto avilesino movidas por carros de bueyes o caballerías, por la calle La Ferrería, la puerta del Alcázar (una de las cinco que tenía la muralla de Avilés), el arrabal de Rivero y el camino de Oviedo y luego León y Valladolid. En 1786 y reinando Carlos III (el de la Puerta de Alcalá, miralá, miralá) en la calzada a Oviedo se instalaron dos grandes bancos de piedra conocidos como Los Canapés que ahí siguen con una gasolinera por vecina y un viaducto por techo.

Camino de hierro entre San Juan y Salinas.

Camino de hierro entre San Juan y Salinas.

            Pero no sería hasta 1847 cuando se construyese –planificada y dirigida por el ingeniero Severo Robles- la carretera que une Oviedo con Avilés que tuvo un tráfico en constante aumento, según corrían los años, hasta que en 1976 entró en servicio la autopista conocida como ‘Y’ por unir Oviedo, Gijón y Avilés, libre de peaje y con firme antideslizante. Obra de excepcional complejidad, nada nuevo tratándose de Asturias, «por las dificultades topográficas, geológicas y climatológicas de la zona» decían los periódicos de la época y por la que se computaron hace poco (entre 1976 y 2016) 450 millones de circulaciones. La “Y” está integrada en la autovía del Cantábrico, eje que une Portugal con Francia a través del norte atlántico español.

            También fuimos etapa intermedia medieval del camino real que unía a Grado con Gozón y que cruzaba todo el casco histórico, entrando por la puerta de Cabruñana y discurriendo por el antiguo trazado de la calle de San Bernardo enfilaba por la calle de Los Alfolíes para terminar salvando la muralla por la puerta del Puente que daba acceso al legendario viaducto de piedra de Los Pilares (derribado en 1890), llamado luego de San Sebastián y hecho en hierro hasta que entró en servicio el Azud, en 1953, con el que actualmente seguimos salvando la Ría camino de Gozón. Actualmente una réplica del metálico de San Sebastián une peatonalmente el centro de la ciudad con el Centro Niemeyer, luciendo un espectacular proyecto cromático (al que tengo por una de las principales referencias icónicas de la ciudad) obra del artista Ramón Rodríguez.

(Diseño Elías&Santamarina)

(Diseño Elías&Santamarina)

             El material utilizado en el firme de los caminos es otro medida del avance del tiempo: tierra, empedrado, asfaltado… O de hierro, oiga. Y cuando esto ocurre las ruedas también su metalizan. Los caminos de hierro comenzaron a florecer (dicho sea con perdón) con los tranvías que comunicaron Avilés con el extrarradio. Primero el de vapor, “La Chocolatera” (de Avilés a Salinas entre 1893-1933) y luego el tranvía eléctrico (de Villalegre a Piedras Blancas pasando por Avilés, 1921-1960). Pero en este apartado de caminos de hierro, lo más importante fue el ferrocarril que comenzó a funcionar en 1890 comunicando a la ciudad con el resto de España a la vez que la separaba de su fachada marítima. Un problema que ahí sigue, a la espera de que lo sotierren o sabe Dios qué.

            Y no olvidemos el popularmente conocido como ‘tranvía del Carreño’ enlazando por zona costera Avilés con Gijón y actualmente con muchos más destinos alcance al estar integrado en la línea del FEVE que circula por la zona costera del norte del país.  

            Como he rodado demasiado a la fuerza serán episodio aparte las alas, las de los aviones (que en la comarca avilesina está el Aeropuerto de Asturias) y las olas de la mar, que nunca hay que olvidar que el puerto marítimo comercial de Avilés figura, desde la Edad Media, entre los líderes del norte atlántico español y que el puerto pesquero está entre los cinco primeros -en volumen de capturas- de España.

            Sépase esto, si se ignoraba, y celébrese en cualquier caso a bombo y platillo y difúndase a todo trapo pues es tema del que presumir. No se corten.

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Los episodios avilesinos es un blog de La Voz de Avilés

Sobre el autor

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta


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