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Guillermo Díaz Bermejo

A las pruebas me remito

CIBERABOGADOS

Hace unos días, asistiendo a una charla sobre seguridad informática, el ponente, ingeniero informático, dijo que tal y como estaban las cosas, no sabía si iba a ser necesario tener ingenieros expertos en derecho tecnológico, o abogados expertos en tecnologías informáticas. Esta pregunta me lleva a escribir este artículo.

Estamos viviendo en un mudo cibernético, virtual, donde ya no hay fronteras y donde estamos, tanto los ciudadanos, que podríamos llamar ciberciudadanos, como un cada vez mayor número de empresas, que llamaremos “ciberempresas”, que nos ofrecen sus productos y servicios a través de la red. Muchas de estas empresas también están instaladas en el mundo real, pero muchas de ellas se crean en el propio ciberespacio, sin presencia física en el entorno real.

En la misma medida que las ciberempresas se instalan, para operar y vender sus productos en ese mundo global que es el ciberespacio, los ciudadanos nos movemos también en ese ciberespacio, operando en las redes sociales, navegando por internet y comprando toda serie de productos y servicios. De este modo, por ejemplo, compramos billetes de avión o tren, reservamos hoteles, compramos toda clase objetos y productos, que, en muchos casos, nos son suministrados por empresas que están fuera de nuestras fronteras geográficas.

En este mundo cibernético, ya no tenemos fronteras geográficas que delimiten los diferentes estados. Las fronteras o aduanas de este mundo virtual están en las empresas que nos prestan los servicios de telecomunicaciones, mediante direcciones IP y con unos dispositivos de hardware, que nos permiten navegar por internet. Las fronteras o aduanas de este mundo global están en las empresas que nos venden sus productos o nos ofrecen sus servicios y esas empresas pueden estar físicamente en cualquier lugar del mundo, e incluso están sólo presentes en el mundo virtual.

Internet ha generado una auténtica revolución y estamos viviendo una nueva era, cual es la sociedad de la información. Tras la revolución industrial de hace más de un siglo, nunca se había vivido en el mundo un cambio tan profundo y rápido, como el que estamos viviendo en estos momentos.

En internet ya no hay límites geográficos y, como consecuencia, no puede haber gobiernos ni estados virtuales que tengan esta representación en la red. Tampoco puede haber jueces o tribunales que tengan jurisdicción universal y menos aún, poderes legislativos que sean capaces de dictar leyes de alcance global. Y, en este estado de cosas, dentro de este nuevo mundo virtual, conviven máquinas, nuevas tecnologías, ciberciudadanos, ciberempresas e incluso ciberorganizaciones.

Si bien es cierto que en la red de redes existe una convivencia pacífica entre los operadores de la misma, también es cierto que se pueden producir situaciones que perjudiquen y causen daño a los ciudadanos. Y en esta situación, el derecho no puede quedarse al margen como un mero observador.

Internet es un mundo virtual, inmaterial, sin límites físicos ni fronteras. Actualmente, el ciberespacio se ha convertido en un entorno estratégico nuevo, que va más allá de los conocidos como tierra, mar y aire. Y es ahí, en ese nuevo mundo, donde está el problema, ya que el derecho sólo puede actuar allá donde ostenta el poder y como de todos es conocido, ese poder sólo puede ser dado por el poder legislativo, judicial y ejecutivo de los Estados, que son los que están dotados de los correspondientes ordenamientos jurídicos.

Y en este espacio global y complejo, la pregunta es ¿qué papel tienen los abogados en internet? Como primera premisa, en internet no hay ningún colegio profesional u órgano que habilite al abogado para ejercer su profesión como se conoce actualmente. No obstante, a mi juicio, el ciberabogado ya existe. Es ese profesional que además de dominar y conocer las leyes vigentes, tiene amplios conocimientos de la informática, de las redes sociales y de la sociedad de la información. Se especializa en la legislación vinculada a la sociedad de la información, de la comunicación y del comercio electrónico. Es ese profesional que se ha adaptado a las nuevas tecnologías y a los entornos web.

En este mundo tan complejo y de rápida evolución, además de conocer el derecho, tiene que moverse muy deprisa y manejar el ciberespacio actualizando la rápida evolución de las leyes mercatorias asociadas a internet. Este ciberabogado puede ejercer su profesión dentro de una empresa, para prestarle el asesoramiento que necesita en el desarrollo de sus actividades cibernéticas, pero también puede instalar un despacho profesional independiente, para asesorar a ciberclientes.

Incluso, muchas ocasiones, ese ciberabogado puede dar un salto y dotado de su especialización el derecho tecnológico, instala un despacho virtual en la propia red de redes para ofrecer servicios jurídicos virtuales tales como, por ejemplo, contratos tipo, formularios jurídicos, escritos e incluso realiza consultas virtuales desde el ciberespacio. En definitiva, ese ciberabogado puede desempeñar dos roles. Uno puede ser el de instalarse en el espacio físico para asesorar a ciberciudadanos y a ciberempresas en el área jurídica de las tecnologías de la información y la comunicación y otro, instalarse en ese nuevo entorno virtual donde va a moverse en un nuevo paradigma y en una nube donde tendrá que resolver toda una serie de conflictos e incluso de normas, aun por conocer o desarrollar.

El reto del nuevo ciberabogado es actuar en ese mundo virtual. aparentemente desordenado, donde gobierna el orden técnico y donde las nuevas tecnologías, que en poco tiempo ya son antiguas, se mueven a una velocidad de vértigo, velocidad a la que, en la vida real, el derecho no puede evolucionar ni moverse.

En este nuevo mundo del espacio virtual, habrá abogados que se labrarán su futuro profesional, saliendo de la vida real y saltando al ciberespacio. Para ello, sin duda alguna, tendrán que dejar atrás las barreras del pensamiento jurídico convencional, y entrar en un nuevo entorno donde, a modo de comparación, tendrán que utilizar unas “gafas ciber” para poder observar con nitidez ese mundo virtual, ya que en esa nueva dimensión, desprendido de los conceptos jurídicos convencionales, podrá observar y analizar los conflictos que pueden surgir en ese desconocido ciberespacio y de ese modo podrá encontrar las soluciones jurídicas que se requieran.

Termino diciendo que hablar de un “ciberabogado”, ya no es ciencia-ficción.

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Sobre el autor

El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.

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