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Guillermo Díaz Bermejo

A las pruebas me remito

SUPERVIVENCIA DE LOS EMPRENDEDORES

En la organización a la que pertenezco, Secot Asturias, aplicando los controles de calidad internos en los que nos movemos, dada nuestra condición de entidad acreditada por Aenor, hemos estado haciendo un estudio, llamando por teléfono y en algunos casos visitando, a los emprendedores que habían acudido a nosotros en busca de asesoramiento. Con esta acción, pretendemos averiguar tanto el grado de éxito o fracaso de los negocios que habían iniciado, como el número de empleos que habían creado, e igualmente valorar la alta o baja calidad del emprendimiento.

Sobre una muestra de 102 de los negocios emprendidos o a emprender en los años 2016 y 2017, hemos podido sacar algunas conclusiones sobre los aciertos y, sobre todo, los errores que los emprendedores han cometido y que los han llevado al fracaso de las empresas que han montado, e incluso, que los han llevado a ni tan siquiera iniciar la actividad, tras valorar nuestros consejos. Algunos de ellos incluso se enfadaban con nosotros cuando les advertíamos de que su negocio no iba a ser viable.

La primera conclusión que pudimos extraer, es que tan sólo el 18% de los asesorados consiguió poner en marcha su negocio y mantenerse dos años después en el mercado empresarial. Se da la circunstancia, además, de que la mayor parte de esos emprendedores que han conseguido mantenerse en este mercado tan competitivo, han creado startups de base tecnológica. Todo apunta a que suele triunfar, el emprendimiento que podríamos llamar de alta calidad, que es innovador y que introduce en el mercado un nuevo modelo de negocio, mientras que fracasa otro modelo que podríamos definir como de baja calidad y que consiste en copiar o en coger en traspaso, negocios que ya están extendidos en el mercado.

Hemos podido detectar también algunos de los errores que esos emprendedores han podido cometer. Uno de ellos es la falta de formación adecuada para iniciar el emprendimiento, falta de formación que probablemente tiene su origen en la formación que se imparte tanto en las Universidades como en los Centros de Formación Profesional. Es cierto que esta falta de formación, en gran parte es un fallo de nuestro sistema educativo, pero también es cierto que esa falta de formación también es atribuible al emprendedor que no se ha preocupado de adquirir la más mínima formación sobre las técnicas o las habilidades que se requieren para ser dueños de su propio negocio. Por lo que hemos apreciado, ha sido repetitiva la idea de pretender montar o coger en traspaso, un bar o una tienda de comestibles, sin ni tan siquiera haber estado nunca tras la barra de ese tipo de establecimientos.

Hemos visto también que esos nuevos emprendedores no han visto la necesidad de recurrir a la ayuda de un mentor, como es el caso de los servicios de mentoring que prestamos en Secot, para guiar convenientemente al emprendedor en los primeros pasos de su negocio. Quizá por exceso de confianza o porque ya se consideran autosuficientes, son raros los casos en los que, una vez iniciado su negocio, vuelven a recurrir a nosotros para ver si están siguiendo todos los pasos que les hemos sugerido. Alguno de ellos nos confesó, que con su negocio ya en ruina, sentía vergüenza de volver a nosotros para tratar de relanzarlo.

Otro de los errores que hemos podido detectar es que, en los primeros pasos de la actividad, no se valoraron convenientemente los sobrecostes que se generaban por acudir a programadores informáticos, diseñadores de su página web, asesores contables y fiscales y también costes de publicidad. Estos gastos sobrevenidos por la contratación de servicios, engordaban tanto los gastos que el negocio quedaba terriblemente lastrado.

Con este lastre, se ponían nerviosos e inmediatamente dedicaban sus esfuerzos y su tiempo, a la búsqueda de financiación para sacar el negocio adelante. El problema es que entre tanto se dedicaban a esta actividad improductiva, descuidaban la gestión del negocio, decaía la calidad de sus productos o servicios, entraban en ineficiencia y con ello lo que conseguían era que la rentabilidad del negocio emprendido, cayera en barrena.

A todo esto, se añade la barrera que representa conseguir la financiación que necesitan, ya que las entidades bancarias y de crédito o capital riesgo, empezaron a cerrar el grifo a ese tipo de negocios que reducían exageradamente su facturación y eso para ellos, genera un algo riesgo financiero para prestar el dinero necesario. Alguno, para obtener esa financiación, además de dar el aval de la propia empresa, avaló también con su piso propio y con ello, puso en peligro todo su patrimonio personal.

Quizá por todo esto, es por lo que, concretamente, en Asturias, es muy bajo el número de emprendedores que inician un negocio y por lo que, año tras año, va creciendo el número de autónomos que cierran la actividad. Es cierto que nuestra muestra de emprendedores es muy pequeña en proporción al mercado asturiano, pero, por lo que se va leyendo en la prensa local, creo que guarda una clara correlación con los datos que se registran en nuestra Comunidad.

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Sobre el autor

El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.


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