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Guillermo Díaz Bermejo

A las pruebas me remito

LA GENERACIÓN DE LOS 50

Probablemente, porque yo formo parte de esa generación que ha nacido en torno a los años 50, vengo observando con detalle, que nosotros ya no somos como aquellas personas a las que, cuando nosotros éramos jóvenes, veíamos y considerábamos ancianas, porque tenían 60 años o más.  En nuestros tiempos, a una persona se la consideraba vieja cuando superaba los 60 o 65 años de edad.

Estoy convencido que nosotros, los de la generación de los 50, ahora formamos parte de una franja social, que ha dejado a un lado la palabra vejez. Y esto es así porque sólo basta ver que nuestra expectativa de vida ha crecido enormemente, probablemente por los avances de la medicina, por la alimentación o por la calidad de vida que tenemos, y esto nos ha llevado a que, junto con los japoneses, los españoles seamos los ciudadanos más longevos del mundo. Hoy nuestra generación está viviendo un cambio demográfico, en algún modo del mismo alcance que en otro sentido, vivíamos en nuestra adolescencia, en la que había una auténtica explosión demográfica, con altos niveles de natalidad y con niños por todos lados.

Ciertamente, el envejecimiento demográfico es uno de los fenómenos más importantes de nuestra sociedad actual (en este momento hay más de 8,7 millones de personas mayores de 65 años). Pero, aun así, tenemos que considerar como positivo este envejecimiento ya que, sin duda alguna, se trata de una conquista social. Se trata de un proceso de rejuvenecimiento, ya que las personas viviremos más años y en unas condiciones de salud cada vez mejores.

Nosotros somos hombres y mujeres maduros, que hemos trabajado desde muy jóvenes, hemos trabajado duro, nos hemos sacrificado por nuestros hijos, hemos sacado la familia adelante y hemos logrado vivir satisfactoriamente. Hemos superado y dejado atrás una dictadura y hemos conseguido llevar adelante a nuestro país, curando las heridas, dejando atrás los odios y aprendiendo a convivir pacíficamente, mediante una transición política auténticamente modélica.

Probablemente por todo esto, ahora nos sentimos en plenitud y por nuestra mente no pasa la idea de envejecer. Nosotros ahora, tras nuestra más que merecida jubilación, no pensamos en quedarnos quietos esperando a poner años a nuestra vida. Muy al contrario, por nuestra vitalidad, lo que deseamos es poner vida a los años, que no es lo mismo. Muchos de nosotros, superada la digamos edad legal de jubilación, en modo alguno pensamos en el retiro.

Queremos seguir manteniéndonos activos, realizando actividades de todo tipo, disfrutando con plenitud cada día, sin miedo al aburrimiento o a la soledad. Queremos seguir creciendo intelectualmente y por eso, al igual que entrenamos los músculos del cuerpo, también entrenamos nuestro músculo más importante, cual es el cerebro.

Ahora queremos disfrutar del ocio y de un tiempo lleno de vitalidad, porque, después de muchos años trabajando duro y sacando adelante a nuestras familias, habiendo superado muchas carencias, necesidades, desvelos, infortunios, lo que ahora queremos es vivir la vida con intensidad, con ilusión y con entusiasmo.

Ahora, consideramos el periodo de envejecimiento como una oportunidad de rejuvenecimiento y por ello seguimos siendo jóvenes, porque además de cultivar el cuerpo y la mente, manejamos con soltura los ordenadores, las tablets o los teléfonos inteligentes. Nos movemos por las redes sociales, guasapeamos diariamente tanto con nuestra familia como con nuestros amigos, compramos por internet, viajamos, participamos en actividades sociales y muchos de nosotros nos dedicamos al voluntariado social ayudando a personas desfavorecidas, actividad ésta de voluntariado, que nos permite seguir siendo útiles y valiosos para la sociedad actual.

Ya no somos esas personas que, llegada la edad de la jubilación, de un día a otro nos deteníamos en el tiempo. No sé qué nombre podría darse a esta nuestra generación de los 50 que en aquella época si seríamos viejos, pero que ahora ya no lo somos porque estamos llenos de plenitud tanto física como intelectual. Ahora, cuando miramos atrás, sólo lo hacemos para recordar las lecciones que aprendimos cuando la vida nos daba algunas bofetadas o cuando cometíamos errores, pero ya no tenemos nostalgia del pasado, porque tenemos un presente rico en vivencias y un futuro que aún puede ser largo y lleno de vitalidad.

Creo que los de la generación de los 50, debemos de seguir avanzando y para ello, además de continuar adelante llenos de vitalidad y plenitud, también debemos de empezar a levantar la voz para recordar a las clases políticas que todo lo que ahora tenemos, lo hemos hecho nosotros con nuestro esfuerzo y trabajo y que, por tanto, no vamos a pedir nada que ya no sea nuestro. Nosotros dejamos atrás una dictadura, curamos nuestras heridas y tiramos del carro, ayudando a nuestros padres hasta su muerte. Había muy pocas ayudas, pero, aun así, con escasez de medios, sacamos adelante a nuestras familias, trabajando muchísimo más de lo que ahora trabajan las generaciones jóvenes.

La España actual la construimos nosotros y por ello exigimos a los dirigentes políticos que gobiernen sensatamente pensando en los ciudadanos y no como hacen ahora que sólo gobiernan pensando que nuestro país es su patio particular. No queremos que vuelvan a llevar a nuestros nietos a una brutal crisis económica como la que antes llevaron a nuestros hijos, lo que nos obligó a seguir arrimando el hombro para mitigar las dificultades que empezaban a soportar nuestros hijos, cuando no teníamos que acarrear con nuestros nietos y volver a ayudarlos económicamente, para que la familia no se desmoronara.

Tenemos que decir alto y fuerte que a nosotros ya no se nos pueden pedir más sacrificios. Nosotros queremos tener lo que nos corresponde porque hemos trabajado para conseguirlo y lo que nos corresponde es una pensión que nos permita vivir dignamente, una sanidad de calidad y unos servicios sociales dignos. En sentido contrario, lo que ahora pedimos a los dirigentes políticos es que se ponga a trabajar duro como hemos hecho nosotros, que dejen a un lado sus intereses personales y de partido o sus guerras de tronos y que empiecen a gobernar pensando sólo en los ciudadanos.

Pedimos también que revisen sus sueldos, sus pensiones vitalicias, sus exageradas dietas y gastos de viaje, sus asesores, sus chiringuitos políticos vestidos de órganos y empresas públicas, que son utilizadas como puertas giratorias. Pedimos que reduzcan el déficit público de una vez por todas, metiendo tijera en sus desmesurados gastos. Pedimos igualmente que utilicen el Congreso sólo para negociar y llegar a acuerdos y no como ocurre ahora, para convertirlo en un escenario lleno de insultos, chabacanería y palabrerío vacío. Tienen que demostrarnos que son dignos de la confianza que les hemos dado cuando han sido elegidos.

Nosotros, los de la generación de los 50, estamos acostumbrados a trabajar duro y a luchar para sacar las cosas adelante. Y en esta línea, no van a poder callarnos la boca y vamos a seguir chillando para que nos demuestren con hechos que además de gobernar para todos los ciudadanos, miran también hacia esta generación de los 50 que, a estas alturas de la vida, quiere seguir viviendo dignamente, sin que se nos recorten los derechos que nosotros mismos hemos conseguido y no ustedes. Además de esto, queremos seguir siendo útiles a la sociedad.  No nos obliguen a volver a coger el toro por los cuernos. He dicho.

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Sobre el autor

El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.


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