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Guillermo Díaz Bermejo

A las pruebas me remito

EL CONFLICTO DE LOS TAXIS

Llevamos ya casi quince días, leyendo y oyendo reiteradas noticias en torno al conflicto de los taxis, que primero se inició en Barcelona y que ahora continúa en Madrid. En mi modesta opinión, entiendo que, en este ya largo conflicto, los taxistas convencionales se han pasado de frenada y además de eso, con su recalcitrante actitud, están tirando piedras sobre su propio tejado, ya que, probablemente, muchos usuarios empezarán a cuestionarla utilización de sus servicios, como es mi caso.

Como punto de partida de mis opiniones, he de decir que la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia), ha formulado recurso ante la Audiencia Nacional, cuestionando diferentes aspectos de la regulación actual. En este recurso, la CNMC no sólo pide la liberación de las VTC (vehículos de turismo con conductor), sino que también pide la liberalización de las licencias de taxi.  Si este recurso prospera, el resultado final será que, de hecho, se pondría fin al actual mercado secundario que se ha implantado en España, en el que las licencias pasan de un taxista a otro, dependiendo de la oferta o la demanda que exista.

Aunque en este momento se hable mucho de esas licencias VTC que son las que utilizan los chóferes de las plataformas Uber o Cabify, ha de decirse que estas licencias no son nada nuevo. Aunque ahora son populares porque son las que usan estas dos plataformas, que han visto en ellas un nicho de mercado sin explotar, estas licencias no son nada nuevo, ya que existían desde hace mucho tiempo atrás. Antes, por ejemplo, eran utilizadas por los conductores de limusinas, o por lo que se llamaban coches de gran turismo que yo ya conocí en mi juventud.

Desde hace ya tiempo, todas estas licencias que eran concedidas por los diferentes Ayuntamientos para ejercer la actividad de taxista, a unos precios razonables (500€), se convirtieron en un gran negocio y empezó a especularse con ellas en el mercado negro o secundario, donde se llega a pagar por ellas más de 150.000€. El origen de esta especulación sin duda alguna, está en el monopolio que se generó por la concesión restrictiva que además de limitar la entrada de nuevos vehículos, condicionaba también la competencia en sus precios, la calidad de sus servicios y la necesaria innovación en sus flotas.

La diferencia de las licencias VTC con las del taxi convencional, es que las VTC no pueden recoger a ningún usuario que les de el alto en la calle. Tampoco pueden detenerse en lugares estratégicos como aeropuertos o estaciones de tren para esperar por clientes, a excepción de que el servicio hubiere sido acordado previamente en una plataforma. Tampoco pueden estar en circulación cuando no lleven pasajeros, a excepción del trayecto que tengan que realizar para regresar a su base después de un servicio. En definitiva, las VTC sólo pueden prestar servicios que previamente hayan sido pactados en la correspondiente aplicación informática o de móvil.

En lo que a mi se refiere, después de haber sido primero usuario de taxis convencionales, sobre todo para mi traslado en viajes de trabajo, desde el aeropuerto al hotel, y haber pasado ahora a ser usuario de las nuevas plataformas, puedo sacar mis propias conclusiones.

Antes, cuando al llegar al aeropuerto iba a la parada de taxis, me gustara o no me gustara, quedaba obligado a subirme al que por turno me tocaba, independientemente de que el conductor fuere maleducado o mal aseado o independientemente de que el interior del vehículo estuviere sucio o tuviere un olor desagradable. En reiteradas ocasiones tuve que reprender a los conductores que, pensando que yo no conocía los recorridos, intentaban apartarse del itinerario habitual para hacer mas largo el recorrido y de ese modo hacer que el taxímetro ampliara el precio a pagar. También tuve que protestar muchas veces para que cerraran las ventanillas y pusieren en funcionamiento la climatización. Me decían que así gastaban más combustible.

Cuando los pillaba con esa corruptela, alguno incluso tenía la osadía de decirme que daban un rodeo para evitar atascos de tráfico. Cuando tras eso les increpaba por no haberme preguntado antes para advertirme de esa incidencia y que yo decidiera, alguno me confesó que el era asalariado y que su jefe le obligaba a hacer una facturación determinada en su horario de trabajo, y que cuando esa era baja, se veía obligado a hacer esas cosas. Alguno me contó que materialmente estaba siendo explotado por el dueño del taxi.

Tras esas valoraciones negativas que acabo de realizar sobre los taxis convencionales, ahora tengo que decir que, en sentido contrario, estoy encantado con el servicio que percibo en las nuevas plataformas. Voy habitualmente a Madrid y allí con frecuencia, desde la aplicación que tengo instalada en mi móvil, de modo concreto utilizo los servicios de Cabify.  El vehículo llega puntualmente (veo su recorrido en la propia aplicación), me encuentro con un conductor vestido con corbata y con un vehículo limpio.

De modo muy educado, el conductor del vehículo sale y presto me abre la puerta trasera, para facilitarme el asiento en el mismo. Me pregunta si necesito alguna cosa, o si deseo oír alguna emisora de radio. Previamente, ya sabía cual iba a ser el precio del traslado, precio que, por cierto, es más barato que el de los taxis convencionales. Alguna vez utilicé esta misma plataforma en un viaje fuera de España, y cuando llegué al aeropuerto, allí tenía al VTC esperándome. Las condiciones del servicio exactamente las mismas que me dan cuando lo uso en Madrid.

Por todo ello, concluyo diciendo: Señores taxistas, están en una encrucijada. El oligopolio se acabó, los mercados se imponen y las nuevas tecnologías se implantan en su mercado, al igual que pasa en otros sectores. Al igual que a cualquier otro empresario, a ustedes les toca evolucionar, adaptarse a los nuevos tiempos, modernizarse y seguir. De no hacerlo así, otros les comerán el terreno. Y de paso les sugiero que no sigan colapsando las ciudades, ya que de ese modo no hacen mas que tirar piedras sobre su propio tejado y seguir perdiendo clientes. Al menos a mí, me han perdido.

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Sobre el autor

El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.


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