Estos últimos años han sido funestos para el derecho internacional, ya que todo ha saltado por los aires. Primero Putin invade Ucrania y mantiene una guerra sangrante. Netanyahu arrasa el territorio palestino de modo totalmente desproporcionado y ahora Trump, en nombre de la economía y con un difuso interés antiterrorista, no sólo mató a muchos supuestos narcotraficantes en aguas internaciones, sino que terminó secuestrando al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Como esto no es suficiente, ahora trata también de apropiarse de Groenlandia, que como todos sabemos, pertenece a Dinamarca.
En este estado de cosas, no me preocupa el grito de los políticos y personajes violentos, corruptos o deshonestos. Lo que realmente me preocupa es el silencio de los buenos y por ello, decido no mantenerme callado y voy a expresar de modo abierto mi opinión. No para solucionar nada que no está en mi mano, sino para no sentirme culpable por esconder la cabeza y mirar para otro lado y por ello, ejerzo la libertad de pensamiento que me ha dado mi edad y por ello, liberado de cualquier presión.
En estos últimos años, el Derecho Internacional ha saltado por los aires, ya que se está incumpliendo de modo manifiesto sin que se vea, salvo alguna excepción, que los diferentes Estados se rebelen contra esas arbitrarias decisiones que se están tomando. A mi juicio y creo no exagerar, la paz internacional se está tambaleando.
Conforme al Derecho Internacional los diferentes Estados son soberanos dentro de su territorio y ninguna otra nación puede usar la fuerza o encarcelar líderes extranjeros, sin consentimiento o justificación legal clara, ya que, conforme a la Carta de las Naciones Unidas, se prohíbe la fuerza, excepto en legítima defensa o con autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.
Esta autorización no ha existido en los tres casos que he comentado anteriormente y por ello ha de aplicarse el principio de no intervención, dado que el derecho internacional prohíbe de modo expreso la intervención en los asuntos internos de otro Estado, utilizando presión política o fuerza militar, aunque estos estados sean una dictadura.
Sin tener el mandado del Consejo de Seguridad de la ONU o sin haber circunstancias claras de legítima defensa, el empleo de la fuerza militar viola la Carta de la ONU. Hay mecanismos internacionales como la extradición que necesita cooperación judicial entre Estados, o la Corte Penal Internacional que juzga crímenes internacionales, como son los de genocidio, de guerra o de lesa humanidad.
Así, por ejemplo, en el caso de Maduro no hubo extradición formal ni orden judicial venezolana que avale la entrada de fuerzas militares estadounidenses que, de modo totalmente planificado, tras matar a muchos defensores, secuestraron al presidente y se lo llevaron a Estados Unidos para juzgarlo.
Es mas que evidente que esta detención no fue legal y que provocó una violación del derecho internacional, ya que se usó la fuerza sin ningún consentimiento o mandato de la ONU, habida cuenta de que se trato de una operación militar en un territorio soberano, aun cuando ese territorio era gobernado por una dictadura bolivariana que ni tan siquiera aceptó la derrota en las elecciones presidenciales.
Por mucho que Trump sostenga que se trataba de una lucha contra el narcotráfico o por una amenaza a la seguridad nacional estadounidense y que el asalto estaba justificado, aunque no tuviere el respaldo de la legalidad internacional, esto no tiene ningún fundamento.
Es cierto que existieron reacciones de algunos estados que condenaron con rotundidad la violación del derecho internacional, pero en otros muchos estados lo que hubo fue un claro silencio, hasta el extremo que, Naciones Unidas sólo expresó su preocupación por el respeto al derecho internacional, pero nada más.
Yo no quiero estar en ese digamos “silencio de los corderos” y por ello, con estas reflexiones elevo mi protesta, aunque ya sé que servirá de poco o de nada. La situación actual es más que preocupante.