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Guillermo Díaz Bermejo

A las pruebas me remito

HISTORIETAS DE ABUELOS

Hace algunos años, escribí un artículo en el que hablaba de los problemas con los que nos enfrentábamos los abuelos primerizos, para adaptarnos al entorno que representaban las vacaciones veraniegas. En aquél primer proceso de adaptación y con un buen entrenamiento, me había quedado con la sensación de que la prueba había sido superada y que por ello ya teníamos la soltura suficiente para convivir con los nietos de modo relajado y divertido, ya que además de estar a su cuidado y disfrutar de ellos, quedaba tiempo para dar los habituales paseos en bicicleta, para ir a tomar una sidra con la pandilla, o para salir a cenar algún día con los amigos.

Pasaron varios años, el número de nietos creció y, craso error, cuando creías que ya tenías experiencia mas que suficiente para convivir con ellos, sin saber cómo, entraste en un proceso desbordante. Al final del mes de junio empiezas a recibir llamadas de tus hijos que te dicen: Papá, los niños ya terminan el cole, en Madrid hace un calor horroroso y vamos a llevároslos, para que vayáis a Tapia con ellos, ya que allí os lo vais a pasar genial con ellos en la playa.

Te pones las pilas, te preparas para cumplir las indicaciones que te dan tus hijos y organizas cuidadosamente toda la logística. ¡al fin! Ya estamos instalados en la casa de verano. Ahora ya irá todo sobre ruedas, que para eso somos abuelos expertos. Al día siguiente, casi sin haberte aposentado, recibes la llamada de tu otro hijo: ¿Papá ya estáis instalados? Nosotros saldremos de Madrid algo tarde. Tened preparada la cena y la cama de los niños, que seguro llegarán muy cansados. No hay problema. Todo bajo control.

Pasado el finde, los papás regresan de nuevo a Madrid, porque tienen que trabajar, y mi mujer y yo nos quedamos al cuidado de los cinco nietos. No hay problema que para eso tenemos experiencia. Primera noche solos con los niños que tardan en dormirse porque están algo excitados con la marcha de sus papás. A media noche uno llama: ¡Abuelaa que mi cama está mojada! Meada monumental, colchón a secar y el niño a la cama con mi mujer. A las 7 de la mañana el pajarito mañanero se despierta, empieza a chillar y despierta a los otros. Empiezas a levantarlos. Uno huele algo mal y vas a mirarle el dodotis. Cagada antológica. Y como al meterlo en la cama, el dodotis se lo había puesto yo, probablemente mal, la mierda llegó a la camiseta y también a la sábana de la cama. Bah, cosas normales en los niños.

Preparativos del desayuno: Uno que no quiere, al otro que no le gusta, que esto es mío, que me pongas Clan en la tele, que no me quites este sitio, que ese juguete es mío. ¡Uff! Objetivo conseguido, pero, de pronto mi mujer mira el reloj y ¡caramba si ya son las 11!. Quédate aquí con ellos que yo tengo que ir corriendo a la tienda a comprar. Entre tanto esperas, siguen las disputas, las peleas, las carreras, toda la casa patas arriba y tu venga a vociferar. Pero, igual da, ni te escuchan. Ellos a lo suyo.

Regresa mi mujer con la compra y empezamos los preparamos para ir a la playa. Sesión de cremas protectoras y hala a coger los artilugios playeros. Paipos, sillas, sombrilla, cubos y rastrillos, toallas. ¡¡eh eh para!! Que no podemos llevar tanto trasto. Seleccionemos sólo lo necesario. ¿Seleccionar?  Que yo quiero esto, que yo quiero lo otro, que yo quiero llevar todo. Nuevo grito autoritario del abuelo y todos llorando a la playa. Llegas a la arena, empiezas a quitar las camisetas y de pronto ves un revuelo en la orilla. Resulta que mientras quitabas la camiseta a uno, otro sale corriendo a toda velocidad hacia la orilla y una ola bajera le pega un buen revolcón. Una señora que estaba allí lo saca del agua al tiempo que masculla ¡qué padres serán estos que abandonan a su hijo en la orilla! Señora, yo soy el abuelo y estoy a su cuidado y es que mientras quitaba la camiseta al hermano, en dos segundos este se me escapó corriendo a la orilla. Ah. Bueno, lo entiendo.

Tras quedar deslomado ejerciendo de ingeniero de caminos canales y puertos, con las paletas y los cubos en la orilla del agua, al fin tienes un respiro y puedes ir a pegarte un bañito para quitarte toda la arena que tienes metida hasta salvas sean las partes. Regreso a casa, duchas, carreras y a preparar las comidas.  Sigue siesta reparadora y nuevamente la ceremonia de los preparativos playeros, idéntica a la de la mañana. Subes de la playa a las 8, son las 11 de la noche y aun los niños siguen corriendo de un lado a otro de la casa. Nuevo grito del abuelo que para eso es el viejo gruñón y todos a la cama. ¡Al fin! ya podemos relajarnos. Vamos a ver si picoteamos algo para cenar y pronto a la cama, que la noche puede ser muy dura. Mañana será otro día.

Le digo a mi mujer, relajate que ya queda poco para que nuestros hijos vengan y ellos ya empezarán a ocuparse de los niños. Nuevo error. Con los padres en casa la situación aún empeora más y el lio crece. Cuando pensabas que ibas a quedar liberado con la presencia de los padres, las cosas se complican aún más. Qué razón tenía un amigo mío cuando me decía que los nietos se compartan mucho mejor cuando están solos con sus abuelos. Pero es que, además, cuando pensabas salir a cenar solos tú y tu mujer para relajarte del follón, de pronto tus hijos reciben llamadas de sus amigos y te dicen ¿podéis quedaros con los niños? Es que queremos ir a cenar con los amigos. Mis hijos llaman a sus amigos y les dicen: Contad con nosotros que tenemos cobertura. Pues nada, a ver si hay suerte y mañana podemos quedar liberados, aunque me temo que igual se repite la historia.

En fin, no quiero cansar a nadie con esta historia de un abuelo gruñón, como me dicen que soy. Pero, creo estar seguro si digo que otros muchos abuelos que lean esto, estarán pensando lo mismo que yo. Es verdad que te entra cierta melancolía o tristeza cuando se van de nuevo a Madrid y te despides de ellos, pero, ¡qué ganas tengo de que se acaben las vacaciones de verano para relajarme y disfrutar de la libertad, la soledad y la tranquilidad doméstica! Por el momento, toca disfrutar de esa tranquilidad que se produce cuando todos los niños se han ido a la cama y están dormidos. Ahora es ese momento sublime que se produce cuando tienes un vino en a mano y lo saboreas tranquilamente relajándote del follón que has tenido en casa todo el día. Buenas noches.

 

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Sobre el autor

El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.


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