Lo que hoy necesitamos los españoles es, mucha más claridad en las informaciones sobre lo que nos está pasando ahora y menos distracciones de lo que ha ocurrido hace ya muchos años que, en este momento, no importa nada de nada a casi todos los ciudadanos. Por ejemplo, mientras los políticos dan mas y mas titulares sobre lo que ocurrió en el 23-F, en la calle y en el día a día, estamos viviendo otra realidad muy diferente.
Señores políticos, oigan y escuchen a los ciudadanos, que estamos muy preocupados por todo lo que está ocurriendo hoy y que no nos interesa nada lo que ocurrió hace cuarenta años. Es cierto que la historia merece un profundo estudio, pero también es cierto que el presente necesita que la política establezca prioridades reales y los políticos dejen a un lado tanta polarización y tanta confrontación, para empezar a gestionar con diligencia todo lo que afecta de modo directo a millones de ciudadanos.
A título de ejemplo, por qué los gobernantes no dan transparencia total al uso de los fondos europeos NextGeneration. O por qué no se prescinde de titulares y más titulares y por el contrario se realicen y se nos faciliten auditorías comprensibles y resultados medibles. Por qué no se aprueban y ejecutan medidas concretas y medibles que permitan el acceso real a la vivienda, especialmente para jóvenes y clases medias.
En cuanto al continuado encarecimiento de la vida, los ciudadanos también exigimos medidas eficaces que controlen y reduzcan esta lacra en la que vivimos. En esta misma línea, los ciudadanos de La Palma, afectados por la reciente catástrofe que vivieron y padecieron cuando estalló el volcán en septiembre del 2021, siguen esperando a que el gobierno les aporte las ayudas prometidas y que no acaban de recibir por la enorme burocracia existente. Ante las crisis nacionales que padecemos, lo que necesitamos son explicaciones y además soluciones.
En lo que se refiere a desclasificar archivos históricos, puede que sea legítimo, pero lo que no es legítimo es que haya una transparencia selectiva y conforme a los intereses de los gobernantes. Para ello, si se abren archivos del pasado, que se abran con un criterio general y no sólo con los intereses de los gobernantes. Y estas mismas exigencias de transparencia también tienen que aplicarse a nuestro presente.
La confianza ciudadana no se pierde por estudiar nuestra historia de modo totalmente claro, sin ambigüedades y sin comunicaciones totalmente fragmentadas de esa historia. La transparencia en modo alguno puede ser selectiva ni coyuntural. Si se desclasifican archivos tiene que ser con criterios generales y tanto si nos referimos a archivos históricos, como a los archivos del presente.
La confianza ciudadana no se pierde por estudiar nuestra historia, sino que se pierde cuando los políticos quieren fragmentarla y pretenden que los ciudadanos sólo estudiemos lo que a ellos les interesa.
En una democracia madura, como debería de ser la nuestra, los historiadores analizan, los jueces investigan y la policía actúa. Paralelamente los gobernantes gestionan y la oposición fiscaliza. Y en este escenario, los ciudadanos no queremos teorías, puesto que lo que exigimos son resultados.
Quienes vivimos otras etapas de nuestra historia, sabemos que los países avanzan cuando se gobierna con hechos y no con relatos fabricados por los políticos según sus intereses personales y de partido. La convivencia se consigue de modo pacífico, cuando se fortalecen las instituciones democráticas y cuando no se reabren trincheras del pasado. Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla e igualmente están condenados los que descuidan su futuro.
España necesita memoria serena, gestión eficaz y responsabilidad democrática. ¿es mucho pedir?