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Iván de Santiago González

Lecturas Voluntarias

EN LAS DISTANCIAS CORTAS …

EN LAS DISTANCIAS CORTAS …

 

            La parca se nos ha llevado a Gerardo Herrero.

 

            Cruel e inopinadamente le esperaba durante un paseo por Soto de Llanera, para privarnos de su ayuda y su maestría. ¡Siempre se van los buenos!. Hay tantos que merecerían no pasar un solo minuto más bajo el sol y, sin embargo, en el momento postrero no se sabe de razas o condiciones. Simplemente se nos van, y nos dejan ayunos de sus enseñanzas diarias.

 

            Llevo 17 años de ejercicio profesional y la mayoría de ellos bajo el mandato de D. Gerardo como Fiscal Jefe. Podría contar miles de cosas, todas ellas positivas. Pero no contaré aquel divorcio en el que intervinimos ambos, yo como letrado defensor y él por el Ministerio Público, en el que se daba la curiosa e inhabitual circunstancia de que ninguno de los cónyuges quería a los hijos, y ambos no sabíamos muy bien qué hacer … Ni aquella ocasión en que tuvimos que llamarle porque un testigo protegido se negaba a declarar en el juzgado de Tineo con un saco de patatas que le cubriera la cabeza para no ser identificado. Ni cómo, cuando hube de declarar ante él por una denuncia política, me trató con profesionalidad y cariño, que ambos son compatibles …

 

            No contaré nada de esto porque me podría la pasión. La de quien compartió muchas horas de toga y de actos públicos con Gerardo. La de quien, siendo Presidente dela Agrupaciónde Abogados Jóvenes del Colegio de Abogados de Oviedo, le llamó tantísmas veces para que impartieras charlas a los letrados y no fue capaz de pagarle un solo duro porque se negó en redondo. La de quien, años después compartía con él el café vespertino pues ambos impartíamos clases enla Escuelade Práctica Jurídica y, durante un semestre dábamos clase consecutivamente. En esos 15 minutos de cortesía con el alumnado, uno aprendió más Derecho que cinco años de facultad.

 

            Pero no contaré todo esto. Porque si el Gerardo Fiscal Jefe era grande, el Gerardo hombre lo era aún más. Porque en las distancias cortas ganaba. Porque en el tú a tú era una personalidad arrolladora y respetuosa al mismo tiempo. En perfectas dosis combinadas, dependiendo del interlocutor.

 

            Era el padre de familia orgulloso el día que nos invitó y estrenamos el primer corto de su hijo Gerardo. Era el marido que se paraba contigo en la calle para que charlásemos con su esposa, ambos en chándal, en cualquier lugar de los alrededores de Oviedo. Era el hombre dadivoso capaz de entregar una y mil veces al día una limosna a Manolín el Gitano, sin importarle el destino de su moneda. Porque el generoso da y no pregunta. Porque nunca esperaba una compensación o una respuesta. Porque ni siquiera hacía preguntas.

            Porque Gerardo estaba siempre a disposición de los demás. Era de los que aún no se había creído que era más porque tenía un cargo. Era de los que podías llamar a su extensión de Fiscalía y cogía personalmente su teléfono. Era de esos que, con los años, había acumulado experiencia profesional y personal, y se enorgullecía de ello, pero no se había subido a ningún pedestal.

 

            Con un ingente grupo de amigos fieles, podía trabajar toda la mañana, acudir a una comida, pasar por su casa a ver a su familia, dar un paseo vespertino con su esposa, y acudir a una cena de cualquier evento (no se reservó para nadie, siempre estuvo a disposición de todos y allí donde su presencia pudiera ayudar en algo se le podía encontrar) y volver a casa con la misma sonrisa de la mañana. Y el día siguiente volver a empezar sin decaimiento, sin una sola mueca de desagrado.

 

            Ahora nos ha dejado de un modo tan terrible que aún preferimos no creerlo. Y cuando lo hagamos, cuando nuestra mente se acostumbre a que no está, le echaremos tanto de menos que nuestros sueños seguirán siendo los de una profesión en la que él representaba con entereza a un agente jurídico prioritario. Y nuestra ciudad la de un padre ejemplar, un marido afectuoso y un ovetense de lujo.

 

            Sé que aún es pronto, pero no quiero que caiga en saco roto. Espero que el entorno del Palacio de Justicia, se haga donde se haga, tenga una calle con su nombre. Solo así podremos devolverle un poquito de lo mucho que nos dio.

 

 

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Sobre el autor

Abogado y escritor. Grafólogo. Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo. Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato. Exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo en el período 2007-2011.


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