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	<title>NOVELAS DE REGALO FORZADO | Lecturas Voluntarias - Blogs elcomercio.es</title>
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		<title>NOVELAS DE REGALO FORZADO | Lecturas Voluntarias - Blogs elcomercio.es</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jul 2016 20:43:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván de Santiago González</dc:creator>
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		<description><![CDATA[NOVELAS DE REGALO FORZADO            Hace un par de semanas llamó a mi despacho un señor preguntando por mí para una consulta sobre propiedad intelectual. Cuando le llamé para darle una cita me indicó que precisaba asesoramiento jurídico sobre unos derechos editoriales. Le cité y nos conocimos.             Charlamos, charlamos mucho, acerca de literatura, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/REC-html40/loose.dtd">
<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p align="center"><strong><span style="text-decoration: underline"><span style="font-family: Calibri">NOVELAS DE REGALO FORZADO</span></span></strong></p>
<p align="center"><strong><span style="text-decoration: underline"><span style="font-family: Calibri"> </span></span></strong></p>
<p><span style="font-family: Calibri">         Hace un par de semanas llamó a mi despacho un señor preguntando por mí para una consulta sobre propiedad intelectual. Cuando le llamé para darle una cita me indicó que precisaba asesoramiento jurídico sobre unos derechos editoriales. Le cité y nos conocimos.</span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><span style="font-family: Calibri">            Charlamos, charlamos mucho, acerca de literatura, del panorama actual, de las redes sociales como enemigos del libro en papel, del escaso tiempo del que uno dispone para leer, de lo divino, de lo humano, de lo mundano, de lo novelado … Todo ello a cuenta de que mi cliente, con 74 años, por primera vez en su vida había cumplido el sueño de acabar una novela, y, tras varios años buscando, había conseguido un editor que se iba a aventurar en publicarla.</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri">            Una gran noticia. Una ilusión hecha realidad. Un sueño que llega en la senectud. Pero los sueños a veces tienen regusto amargo. Y el problema del joven autor – aunque sea a efectos de publicación – es que era pensionista. Había estudiado el asunto ligeramente, lo había consultado con su editorial, había leído las noticias al respecto y, efectivamente, tenía un problema con su pensión de jubilación.</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri">            Si su novela iba bien, y tenía la suerte de que, tras cien presentaciones, dos mil entrevistas, tres mil columnas periodísticas y cuatro mil bolos, vendía mucho, podría perder la pensión de jubilación si sus ingresos superasen el salario mínimo interprofesional computado anualmente.</span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p><span style="font-family: Calibri">            Prometí estudiarle el asunto y buscar una solución, y quedamos en vernos en unos días. Con denuedo y afición por el asunto, no lo niego, le estudié las posibilidades de evitar la pérdida de la pensión. Barajamos la posibilidad de cesión integral de derechos, pero no es legal, la constitución de una sociedad mercantil, pero conlleva el alta en autónomos como administrador y con ello se realiza una actividad empresarial que conlleva la pérdida de la jubilación, la publicación por su esposa, pero está en idéntica situación. Nada, no hay solución legalmente viable.</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri">            Unos días después, cuando le expuse el panorama, me escuchó con atención y sus ojos reflejaron la derrota de quien se cae dos metros antes de la línea de meta cuando lidera la prueba.</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri">            Me dijo que iba a pensar qué hacía y me pidió que le enviara la factura. En apenas tres días pidió volver a verme. Llegó sonriente, como nuevo, como si hubiera encontrado una posibilidad que yo no hubiera vislumbrado. Cuando le pregunté qué había pensado, me lo dijo claramente: “ Te la regalo. Es tuya. Publícala tú”. No entendía qué quería decir. “Que es para ti. Mi mayor ilusión sería verla publicada, y tú no tienes los problemas laborales que tengo yo. Ya tienes varias y es una más y para mí sería como si saliera bajo mi nombre</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri">            He de confesar que me sorprendió, pero rechacé inmediatamente su oferta. No sería capaz de hacer mío algo que no lo fuera. Estaría engañando a mis lectores y con ello me estaría engañando a mí mismo.</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri">            Salió de mi despacho con la mirada baja, derrotado. Se sabía vencido por el sistema de pensiones públicas y sabía que la ilusión de toda su vida quedaba enterrado bajo el sistema de Seguridad Social. Le indiqué que la polémica habida al respecto sin duda daría lugar a alguna modificación de la ley. “Yo ya no tengo tiempo para modificaciones, me dijo”.</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri">            Le pedí permiso para contarlo, con la protección que garantiza el anonimato. Le dije que la gente merecía saber lo que ocurre y que el episodio, pese a todo, era muy novelesco. “Las novelas no son tuyas ni mías, Iván, me respondió. Son de los lectores, así que por supuesto, a ellos pertenece mi historia. Será lo único que sabrán de mí”.</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri">            Llevo varias noches pensando en él. Los sueños, a veces, se topan con la ley.</span></p>
</body></html>
<hr />
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