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Iván de Santiago González

Lecturas Voluntarias

!QUÉ NOCHE LA DE AQUEL DÍA!

¡QUÉ NOCHE LA DE AQUEL DÍA!

 

            Saben ustedes bien que el título que hoy encabeza esta columna fue la traducción, de todo menos afortunada, a una canción de The Beatles, de título original “ A hard days night”. Pero, es que, sinceramente, me venía de perlas para lo que quería contarles.

            Y es que hoy es obligatorio hablar de la noche blanca. Tuvo lugar el sábado, como conocen, y es un éxito rotundo. Es ya un producto consolidado, a prueba de gobiernos, de desgobiernos, de enfrentamientos, de capacidades o de imposibilidades. Es un evento cultural que funciona estupendamente, en el que la gente se implica, la disfruta y las cosas se están haciendo bien.

            Se programa adecuadamente, desde unos comienzos titubeantes, y ahora la oferta es amplísima. Con que no llueva y no haga un frío polar – y a decir verdad, este veroño asturiano se está portando – la gente toma las calles y participa. Desde las Pelayas hasta el Museo de Bellas Artes. Desde la Alcayata hasta la música en directo, todo está repleto. La gente está hambrienta de cultura de la buena, y gratuita.

            Todo empezó el viernes con dos magníficas rutas por Oviedo. La de la Regenta, dramatizada de modo idóneo y con la voz de Regina Buitrago poniendo conocimiento y calma a una narración de lugares maravillosos en el centro de la capital. Aprendiendo siempre cosas, como que la actual sede del BBVA de la calle Mendizábal fue el primitivo hotel Covadonga del que se cuenta que, tras el Palace en Madrid, fue el primero en tener teléfono. O las rutas del octubre del 34 y la posterior guerra civil de la mano de la Fundación Juan Muñiz Zapico, que, lejos de narrar un tostón histórico, señalan, denuncian y comentan lugares relacionados con lo ocurrido en esta capital, que tendría un papel tan importante en sucesos posteriormente tan dramáticos. Somos Historia, nuestras calles lo son, y conocerla nos hace mejores.    

            El sábado hubo de todo. Bueno y variado. Tuve el honor de poner el inicio a la noche blanca leyendo, junto con muchos otros implicados voluntariamente, canciones de Tino Casal, hijo predilecto de esta ciudad, en la biblioteca de la Granja. Creo que tardaremos en valorar la labor de las bibliotecarias (lo digo en femenino porque todas las que conozco, y son muchas, son mujeres) y de los clubes de lectura de la ciudad. Un acto ameno y emotivo para dar el pistoletazo de salida.

            Después, Pablo Moro en el Claustro de la Universidad en acústico, mientras Toño Velasco pintaba sobre la marcha con una autenticidad que a uno le admira y le provoca sana envidia. Al mismo tiempo, Israel Sastre y su alcayata llenaban la puerta del Bellas Artes.

            Y a las 23.30 charlamos de crisis y literatura en el Salón de Té del Campoamor con dos glorias vivas de nuestra literatura, Javier García Cellino y Luis Arias Argüelles – Meres (al que encuentran también en estas páginas) y con el futuro de la literatura, otro ovetense de nombre Marcelo García que tiene pluma afilada y utiliza magistralmente el estilete de la palabra para contar lo que está pasando alrededor en este siglo XXI tan difícil. La periodista y compañera escritora Patricia Serna nos moderó de modo magistral.

            Salimos pasada la una de la madrugada, tras un debate entretenido y en el que compartimos opiniones y discrepancias desde el respeto. Y la calle bullía. Los jóvenes corrían de un lado a otro con el programa en la mano. Y se comentaban por sus móviles dónde había que ir a esa hora para no perderse nada.

            Me encanta esa noche de la cultura. Donde todos nos damos cuenta que el alimento del espíritu es tan importante como el que nos llena el estómago.

            Pero si algo me gustó, sobremanera, es que vi hordas de chavales que no portaban, como todos los sábados, las bolsas de los supermercados repletas de alcohol para perder el sentido de la realidad cuanto más rápido mejor. Esa noche es para estar atento a todo, no para esconderse tras el vodka o el whisky.

            Si, al menos, una vez al año, logramos esto, amortizados están los esfuerzos. Ojalá todos los sábados fueran noche blanca.

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Sobre el autor

Abogado y escritor. Grafólogo. Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo. Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato. Exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo en el período 2007-2011.


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