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Iván de Santiago González

Lecturas Voluntarias

RICHARD FORD MUSICADO

RICHARD FORD MUSICADO

 

            No les voy  a ocultar yo, a estas alturas de nuestra relación, mi pasión por la Fundación Princesa de Asturias. Por ella he llegado a pegarme – dialécticamente, por supuesto – con muchos de los que eligieron el día de la entrega de Premios para manifestarse frente al Campoamor, incapaces de tener visibilidad por sí mismos y buscando la que les da la Fundación.

            La Fundación y sus Premios son un patrimonio de Oviedo, de Asturias, que hacen que nuestro nombre se escuche muy lejos, y que se nos conozca por ellos. Se llamaba “branding” hasta hace poco, hacer marca de un nombre, de una ciudad, de una referencia. Ahora se llama “inbound marketing” y hay empresas especializadas en hacerlo. Pero cuesta millones. A la ciudad y a la región, les sale gratis.

            Pues bien, ya hace años que la Fundación apostó por la “Semana de los Premios”, llevando a toda la región los actos y extendiéndose a los siete días previos a la entrega. Cada vez son más los que asisten, los que se involucran, los que disfrutan, los que se sienten parte de los Premios, y todo lo que conllevan.

            El pasado sábado, la Fundación organizó un road trip por la obra de Ricard Ford, escritor norteamericano premiado este año. Se agotaron las invitaciones en reserva electrónica en 1 hora y 45 minutos, buena prueba de eso que les contaba en el párrafo anterior de que la gente participa y disfruta.

            Antes de empezar, ya merecía la pena acudir. El escenario eran las antiguas cocheras del Fontán, cerradas desde siempre,  y que no se habían abierto hace decenios. Yo mismo, cuarenta y tres años en esta ciudad, solamente conocía su puerta perennemente cerrada.

            Y la dirección del evento también prometía: Pablo Moro. Ese ovetense de cuarenta años que se ha convertido en un referente musical en la ciudad a base de poesía en sus canciones mezclada con dosis de rock and roll, que igual despliega un acústico excepcional en el edificio Histórico de la Universidad en la noche blanca celebrada una semana antes, que da música a la poesía de nuestro Ángel González, o ejerce de maestro de ceremonias de otros nueve artistas para homenajear a Richard Ford. Muchos, que creímos en él desde el comienzo, nos sentimos justamente recompensados.

            Y el evento resultó ser un espectáculo de los que recordaremos siempre. Diez artistas asturianos escogieron una canción, suya o a ajena, para cantarla en relación con la obra de Richard Ford.  Algunos enlaces eran obvios, como el de Alexandra in Grey, que tiene un tema propio llamado “Canadá”, como la novela de Ford. Otros, acaso más rebuscados, como Fee Rega cantando “The bóxer”, con esa voz desgarrada y desgarradora que hacía que los pilares del viejo aparcamiento temblasen.

            Alfredo González y Nacho González adaptaron dos temas al castellano, con el ímprobo esfuerzo que conllevan. Michael Lee Wolf, nacido americano pero más asturiano ya que el arroz con leche enlazó la obra de Ford con su tema “Last boxcar song”, muy  de perdedores, de gente que se queda, en el último vagón, como muchos personajes de la difícil América que retrata Ford.

            Un marinero llamado Igor Paskual nos regaló una versión de “Blue Hotel” de Cris Isaak a ritmo de rock y Alberto y García (otro referente de la música ovetense que tendremos que conocer más a fondo en los próximos tiempos) movió a todo el mundo, que no tenía gana de irse, con el tema de “The weigh” de la famosa “The Band”, que, pese a que son el gran sonido americano, son canadienses, y ahí nuevamente tienen el enlace con D. Richard.

            Elle Belga, que no necesita nada para justificar porqué canta lo que le viene en gana, nos susurró “Ahora”, un tema propio y el tipo que montó todo esto, Pablo Moro, cerró la ceremonia de gozo de un sábado de octubre interpretando, cómo no, al gran maestro americano, Bruce Springsteen.

            Y nos íbamos, satisfechos todos, y la primera Teresa Sanjurjo, directora de la Fundación, cuando los diez artistas decidieron que en esto de enlazar literatura y música – si acaso no son lo mismo – era necesario que, tras una semana de polémicas y debates, nos acordásemos del premio Nobel de Literatura, también Premio Príncipe de Asturias, D. Robert Zimmerman, o, para todos, Bob Dylan.    

            Y cantamos todos, los de arriba y los de abajo, los 200 afortunados que vivimos una noche mágica. Cantamos y bailamos, disfrutamos, y nos sentimos escritores y cantantes, y estrellas y fan, y amigos entre abrazos guiados por una banda excepcional que acompañó a todos los artistas y ahora tocaba para nosotros. Porque la magia de esa noche, de ese lugar, de la Fundación, de Pablo Moro, y de las cocheras del Fontán lograron que todos fuéramos artistas.

            Y que todos cantáramos las novelas de Ford. Y que todos leyéramos las canciones de Springsteen. Y que la música y las letras nos contasen que en un lugar llamado América hay tipos que luchan por ser “moderadamente felices” y poetas que se ahogan en los lagos.

En Oviedo, capital de un lugar donde se entregan los mejores galardones del mundo, hay artistas capaces de llevarnos allá donde queramos a través de la música y de las páginas de novelas.

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Sobre el autor

Abogado y escritor. Grafólogo. Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo. Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato. Exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo en el período 2007-2011.


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