APUESTA DECIDIDA POR EL CAMBIO HORARIO
Habrán visto ustedes, pues me consta son gente leída y viajada, que se ha reabierto el debate del posible cambio horario en España. Aquello de que nos levantamos como un belga y nos acostamos más tarde que nadie. Aquello de que comemos a deshora, cenamos tarde, dormimos poco, y todo ello a cuenta de la supuesta siesta, objeto en extinción hace decenios.
Lo primero que hemos de saber al respecto es que hay una comisión en el Senado estudiando el cambio horario hace más de un año. Eso les hace preguntarse por la utilidad efectiva del Senado, lo sé, pero no es el momento de este debate. Ese otro llegará, pero seguro que después del horario, viendo lo poco que se ha trabajado este y otros asuntos o, al menos, el escaso resultado. Sin embargo es necesario recordar que el anuncio de la Ministra de Empleo responde precisamente a ese estudio previo.
Bien, lo segundo que hemos de tener en cuenta es que vivimos en un meridiano artificial. Nuestro horario, por situación, tendría que ser el de Londres o Lisboa, y no el de Alemania, con quien Franco quiso converger hace más de medio siglo. Si se ha olvidado la dictadura en calles y plazas, qué menos que hacerlo en el horario que nos aleja de Europa y, lo que es peor, de la productividad.
Todo el continente desayuna en torno a las 7, comienza a trabajar a las 8, para entre 45 minutos y una hora para comer, y se va a casa entre las 17 y las 18. Aquí, llegamos en torno a las 9, paramos dos horas para comer, y padecemos el llamado “presentismo”, es decir, estamos en el trabajo, acaso sin hacer nada, pero sentados en nuestros sitios hasta las 20 o las 21. Esto hace incompatible el trabajo con la familia o cualquier actividad de lunes a viernes. La conciliación familiar y laboral es una quimera. La productividad, ruinosa.
Entonces, ¿por qué mantenemos este horario? Algunos dicen que por el clima: falso. Portugal o Grecia tienen nuestro clima y no tienen un horario absurdo. Otros dicen que es la idiosincrasia española, que es Historia, que siempre se ha hecho así: falso. Está documentado que Alfonso XIII sacaba a sus hijas a pasear por Madrid después de la siesta, y eso era a las 15.30.
Ha llegado el momento de observar y cambiar. Les digo, por experiencia propia, que cuando trabajo en Milán, que son muchas semanas al año, el Metro va lleno a las 7.30. La gente se toma un café a media mañana, pero emplea 10 minutos. Y la comida 45. A las 17.30 no busque usted un profesional, que no lo encontrará. La gente está con su familia, en el gimnasio, leyendo, en el parque … ¡Viviendo, carajo! que decía el mexicano. El trabajo se acabó hasta la jornada siguiente.
La tercera parte de la mentira es que las grandes empresas nunca lo van a permitir. Iberdorla, ad exemplum, tiene una política de que a las 18 horas se apagan las luces. No hay ordenadores. Hay que irse a casa. Han bajado sus bajas un 12 % y han ganado 1 millón de Euros el año pasado.
A cualquier lado que uno mire, todo son ventajas. Si alguien tiene que hacer un trabajo y se le estimula, lo hará alegre y productivo. Si uno tiene que estar sentado en una silla hasta las 21 horas, la productividad es una palabra sin significado.
Eso sí, soy firme partidario de que la ley sea quien obligue a reducir el horario y conciliar. Dejarlo en manos de empresarios y trabajadores será un conflicto colectivo perpetuo. Si la legislación favorece la conciliación con ayudas en cotizaciones, o incluso la hace obligatoria, estoy seguro que en 5 años veremos otro país.
Y los sectores que, lamentablemente, no pueden beneficiarse, como la hostelería, también sé que van a tener un incremento de trabajo, y uno trabaja para ganar dinero.
Mirar a Europa y aprender no nos puede ir mal. Los tópicos del “tipical spanish” estarán bien para vender habitaciones de hotel o sangría, pero no para hipotecar la vida en un trabajo sin rentabilidad.