LOS PRIMOS DE VILLA Y UNOS AMIGOS
La misma semana que el Gobernador del Banco de España tenía que comparecer para explicar que el sistema de pensiones, tal como ideó, no aguanta la nueva realidad, que resulta que ha aumentado la esperanza de vida, que se han incrementado las jubilaciones anticipadas, que la caja no da para seguir así y que o nos lo tomamos en serio o aquellos que hoy tenemos cuarenta no tendremos nada dentro de treinta, resulta que los primos de Vila (UGT) y unos amigos (CCOO) montan una manifestación en Madrid y en otras veinte ciudades españolas para protestar por lo mucho que trabajan y lo poco que se les paga.
Llevaba yo varios días preocupado porque, tras haber cotizado veinte años – hay algunos que, aunque llevemos traje, somos trabajadores como el que más – se me diga que el sistema no aguanta. Que es necesario tomar medidas y que vamos a tener que trabajar más años y cotizar más cantidad y veo que el domingo, ese día de descanso para muchos – para algunos da igual que sea domingo que martes, porque las horas sindicales valen para todo – se reúnen 2000 personas en Gijón y casi 15.000 en Madrid para protestar y prometer una “primavera caliente”.
Me sorprende, en primer lugar, que la media de edad es muy avanzada. Y escucho atentamente el motivo que indican los periodistas: la falta de afinidad de los sindicatos entre la juventud y el hecho de que los pensionistas asturianos protestan porque sus pensiones suben por debajo del IPC. Y me pregunto, ¿los pensionistas asturianos? ¿aquellos que reciben 2050 millones de euros más de lo que cotizamos en la región? ¿los que tienen la segunda mejor tasa de pensiones en España?. Simplemente hay cosas que me sorprenden.
Y me sorprende que la gente de UGT, que pasa por tiempos en los que hemos sabido que José Ángel Fernández Villa, el que se enfrentaba a la policía con aquella frase de “yo llevo treinta años en este negocio”, se había llevado todo y aún había regresado a ver si quedaba algo para alguien; el mismo sindicato en el que tuvo que entrar la Policía Nacional hace apenas tres semanas y detener a cinco de sus máximos dirigentes, pues parece que se da una ingente estafa con el dinero de los cursos de formación (Ministerio Fiscal “dixit”, no me lo imputen a mí) tenga la desfachatez de encabezar una manifestación de nada. Carezcan del rubor necesario para esperar tiempos mejores y sus líderes – sí los mismos que fueron capaces de culpar a la Policía Nacional de una intervención ordenada por el juzgado de instrucción – se muestren orgullosos de defender no sabemos bien qué, y de acusar al Gobierno, al Estado, al Principado, a los empresarios y al pato Donald del mercado laboral actual. Debe ser que no han vivido en este país en los últimos diez años y desconocen que la economía mundial se desmoronó allá por 2008 y desde entonces sobrevivimos, creamos empleo entre todos y llegamos a fin de mes. No pedimos más. Otros llegan siempre, porque sus salarios salen de nuestras nóminas. Y su única obligación es manifestarse o prometer “primaveras calientes”.
No me extraña que carezcan de implantación entre los jóvenes. Muchos estudian y se preparan para el futuro. Otros trabajan para ayudarse a sí mismos, a sus familias, crean su camino venidero. No tienen tiempo para el vacío que representa un sindicalismo del siglo XIX. La pancarta no paga la hipoteca.
Villa y los cursos de formación, sabemos ahora que tampoco. La pagamos entre todos.