IMPUESTOS PARA RICOS
No se trata hoy de hacer corporativismo desde esta columna sabatina, con la maravillosa jornada que se nos anuncia, pero tampoco puede llevar uno casi 500 columnas, que se dice pronto, defendiendo con vigor las causas ajenas hasta el punto de que los de casa, en ocasiones, le reprochen ser peor tratados que los de fuera.
El caso es que habrán leído ustedes esta semana que el Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo ha recurrido la ordenanza fiscal referida al IBI. Y ello porque el nuevo impuesto, ese que el Concejal de Economía nos decía que haría que pagasen más impuestos las 250 grandes fortunas de esta ciudad, nos ha caído de lleno encima a los letrados.
Resulta que no somos una gran fortuna, somos una corporación de derecho público, que tenemos un edificio en el Oviedo Antiguo. Edificio, por cierto, que es nuestro, que construimos pagándolo entre todos y que incluso estuvo paralizado años cuando se hallaron restos arqueológicos de una platería que cuidamos con esmero en dicha sede.
Pero resulta que la normativa de la lúcida mente que guía el área económica de nuestro consistorio, D. Rubén Rosón ideó para ser el “azote del rico”, y obligar a los que tenían un palacio en plena calle Uría, un pazo en Cervantes, o un castillo en el Fontán, se ha encontrado con que sanciona a una de las instituciones más antiguas de esta ciudad, solamente por el valor catastral de su edificio. Es el mismo concejal que esta semana, cuando se conoció el recurso, lamentaba que no se hubieran puesto en contacto con él desde el Colegio. ¿Acaso hubiera servido para algo? ¿Qué pasa, que si le llama la Junta de Gobierno del Colegio, ya está arreglado, se hace la vista gorda?. Entiendo que no será así, pero si la normativa es desafortunada, las declaraciones lo son más aún.
Pues nada, el impuesto de los ricos nos incrementa a los letrados 10.000 € el recibo, y nos negamos. No es una cuestión política. Cualquier gobierno, de cualquier signo ideológico que hubiera perpetrado una canallada similar, seguro que tenía enfrente al colegio de abogados.
Por una razón muy sencilla. No somos los ricos a los que querían gravar, según decía. Somos un colectivo que, entre otras cosas, prestamos el turno de oficio, base de la asistencia jurídica gratuita, y tenemos múltiples convenios con el Ayuntamiento para ayudar en violencia de género, colectivos desfavorecidos, reclamaciones y defensa hipotecarias, y así, un largo etcétera, que hace que quede claro que nada más lejano al palacio en pleno centro y al grupo de ricos que querían, según decían, que pagasen.
Es un error más. Uno de tantos, pero ahora se encuentra a los letrados enfrente, que han recurrido la normativa de tasas, por injusta y desproporcionada. Y otra cosa no, pero en litigar nos va la vida.
Así que lucharemos contra una normativa injusta, arbitraria, efectista y contraria a derecho. Y si ganamos, todas las grandes superficies se verán beneficiadas de una eventual nulidad.
Es lo que tiene hacer las cosas para contarlas a los acólitos y gritarlas a los demás como slogan: su escaso peso jurídico y su muy altas dosis de improvisación.