El abajo firmante enfrentó el pasado viernes su cuadragésimo San Mateo. Son cuatro décadas de fiesta en esta ciudad en la que hemos hecho de todo. Comenzamos, hace ya más de veinte años, sintiéndonos mayores por encontrarnos en la calle una vez caída la noche, y esas primeras noches fueron las de San Mateo. El decenio siguiente tuvo muchos excesos, y no pocos defectos, pero conocimos todos y cada uno de los rincones festivos, hasta acabar el Máster mateíno cuando nuestro cuerpo dijo un día que era hora de recogerse primero.
Así que, lo queramos o no, a base de conciertos, de lluvia, de sidra, de caipiriñas, de teatro, de mojitos, de bocatas, cuatro decenios de vida dan para un MBA. Algo sabemos del asunto. En caso de no haber aprendido, no será por no haberlo intentando, por no haber porfiado, año tras año, durante los doce días en que la noche y el día llegaron a juntarse muchas veces.
Y, sinceramente, hacía mucho tiempo que no veía cosas nuevas. Hacía lustros que la rutina era la misma, y la rutina acaba con una relación, aunque la nuestra con San Mateo debía ser eterna, porque la llama de la pasión no se apagaba. Pero este año nos han traído flores. Algo nuevo se cuece. Cosas diversas para unir a la tradición. Y la verdad es que el resultado es excepcional.
No quiero ni debo ocultar mi gran amistad con el Alcalde de Oviedo, Agustín Iglesias Caunedo y la presidenta dela SOF, Belén Fernández Acevedo. Han sido mis compañeros y son mis amigos. Eso es así. Y por eso no han encontrado ustedes en las 144 ocasiones en que nos hemos encontrado ya en esta página, crónicas doradas de miel sobre actuaciones municipales. Cuando ha habido que decir que algo era bueno, se ha dicho, pero cuando no lo era, tampoco me ha bailado la tecla para compartirlo con ustedes.
Por eso, y porque he visto los debates que se padecieron previamente a San Mateo, creo que hoy hay que reconocer el mérito de haber creado unas fiestas distintas, mejores, más variadas, con más posibilidades. Porque ambos han recibido muchos palos antes de comenzar, y ahora que todo va bien, que las cosas marchan, que todo el mundo en la calle comenta la mejoría del ambiente festivo y las nuevas variantes articuladas, alguien tiene que dar la cara y reconocer el mérito. En este país lo extraño es dar la cara por un amigo que lo hace bien, porque uno corre el riesgo de que encima se vuelvan contra él. Cuando lo hacen mal, entonces ya nadie les conoce. Somos así de cainitas en esta patria nuestra.
Los nuevos “chiringuitos” del Paseo de los Álamos son una gran idea. Limpios, modernos, variados, con oferta en todas las ramas hosteleras, y sin una música que te perfore el cerebro. Música hay, pero de la que acompaña, que es donde está el punto justo que algunos olvidaron hace años para convertirse en “barracas”. Los tradicionales me gustan, son el alma de las fiestas, pero los que vienen lo hacen con fuerza, y eso hará que se pongan las pilas, que no bajen la guardia, y el debate, la opción, siempre es buena para el cliente, y los clientes somos los ovetenses.
No he visitado aún el recinto deLa Ería, pero el pasado domingo se hablaba maravillas de su ubicación y diseño. Lo que sí he visitado, y mucho, es la zona de juegos infantiles del Campo de San Francisco (la vida te cambia el mojito por el actimel, pero bienvenido sea). Y la verdad es que es estupenda. Con programación independiente y complementaria a la de San Mateo, todos los días, desde las 17 hasta las 20 horas, hay trenes, actuaciones infantiles, teatro, títeres, enormes pompas de jabón, y un grupo de actuaciones hinchables para que los niños disfruten.
Es decir, totalmente gratis, han logrado que para los niños también exista San Mateo. Han hecho participar a los pequeños de la fiesta. El pasado sábado, para ver a Susana, había más nervios que para Loquillo o Celtas Cortos la noche anterior. Y el viernes, un espantapájaros acabó su función y se tiró una hora haciendo fotos a pie de escenario. Como Justin Bieber o Jennifer López, pero en Oviedo, bajo las centenarias copas del Campo San Francisco.
Así que al César lo que es del César. Como me constan las críticas que ha recibido la presidenta dela SOF(y el ciudadano no entiende de mesas de contratación, sino de eficacia y resultados) y de que el Alcalde las ha padecido en esa lejanía y proximidad que da tener que estar en todo, considero justo que, cuando se hacen las cosas bien, se reconozca. Por mucho que sean mis amigos, y ahora los palos me los lleve yo. ¡O con todo y con eso!