{"id":513,"date":"2015-10-22T20:33:12","date_gmt":"2015-10-22T20:33:12","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/ivandesantiago\/?p=513"},"modified":"2015-10-22T20:33:12","modified_gmt":"2015-10-22T20:33:12","slug":"conversando-con-leonardo-padura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/2015\/10\/22\/conversando-con-leonardo-padura\/","title":{"rendered":"CONVERSANDO CON LEONARDO PADURA"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong><span style=\"text-decoration: underline\"><span style=\"font-family: Calibri\">CONVERSANDO CON LEONARDO PADURA<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong><span style=\"text-decoration: underline\"><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El pasado jueves tuve el honor de charlar con un Premio Princesa de Asturias de las letras, el \u00fanico de habla hispana desde que Augusto (Tito) Monterroso, el del dinosaurio que segu\u00eda all\u00ed, lo recibiese en el a\u00f1o 2000.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Era Leonardo Padura en estado puro. Solo le faltaba su ron y sus tabacos, porque \u201c<em>ya solo se bebe en los bares y ya no se fuma en ning\u00fan sitio<\/em>\u201d. Era una conversaci\u00f3n tranquila, de un tipo pausado de quien uno admira la humildad con la que afronta la vida. Es un hombre que la primera vez que visit\u00f3 Asturias quiso comprarse unos zapatos, pero solamente pod\u00eda mirar los escaparates de la calle Corrida, porque ten\u00eda 40 d\u00f3lares para 10 d\u00edas de estancia. Prometo que me hubiera quitado los m\u00edos y se los hubiera dado, pero el Padura Premio de las letras ya no los necesita.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Me ense\u00f1\u00f3 que era un periodista que supo dar a sus columnas un toque literario, que nunca perdi\u00f3 la poes\u00eda ni para contar un accidente de tr\u00e1fico y que ah\u00ed estuvo su \u00fanico \u00e9xito. Poder contar a los dem\u00e1s la esencia de la cosas sin caer en lo banal o lo prosaico. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Me cont\u00f3 que en la Cuba que le ha tocado vivir, en la que siempre ha cre\u00eddo y nunca ha abandonado &#8211; pese a que en la d\u00e9cada de los noventa haya faltado de todo, en ese momento que, eufem\u00edsticamente, se llam\u00f3 el \u201cper\u00edodo especial\u201d &#8211; \u00a0no hab\u00eda libros para poder formarse. No pod\u00eda comprar literatura porque con hambre uno no puede leer. Porque sin comida, los sue\u00f1os ceden ante los rugidos del est\u00f3mago.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Su charla tranquila te ense\u00f1a a enfrentar la vida como viene, a admirar lo poco que uno ha logrado juntar y a protegerse de todo lo que no sea seguir aprendiendo cada ma\u00f1ana, como lector, como observador, como esp\u00eda de vidas ajenas que poder llevar a un papel, para que luego, sesudos profesores le encuadren a uno en el \u201crealismo m\u00e1gico\u201d o en los movimientos que quieran. Llevarse algo al est\u00f3mago nunca fue tan importante para Padura como llenarse de letras, como enga\u00f1ar el hambre con historias. All\u00ed, en aquel per\u00edodo especial, supo torear la necesidad de la mano de V\u00e1zquez Montalb\u00e1n o Juan Madrid. Aprendi\u00f3 a combinar las p\u00e1ginas de la novela negra espa\u00f1ola con los \u201chervidos\u201d de aquellas plantas que rescataban de los campos cubanos, \u00fanico sustento de unos ciudadanos que vieron una isla, acaso la m\u00e1s bonita del Caribe, desmoronarse a manos de los que gobernaron con el miedo y la metralleta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero Padura nunca se fue y nunca se rindi\u00f3. Y aquel ni\u00f1o ateo a causa del juego de pelota (tambi\u00e9n me narr\u00f3 que prometi\u00f3 a su madre ir a la iglesia hasta que hiciera la primera comuni\u00f3n, si luego le dejaba ir los domingos a jugar a b\u00e9isbol) se convirti\u00f3 en un periodista con literatura en las venas y palabras correctas en sus art\u00edculos. Y un d\u00eda, en que el hambre de la literatura fue incontenible con alg\u00fan manjar barato, con caf\u00e9 colado, con arroz con habichuelas, escribi\u00f3 su primera novela negra y nos llev\u00f3 a enamorarnos de Violeta del R\u00edo o a deleitarnos despu\u00e9s tras un cuadro en \u201cPaisaje de Oto\u00f1o\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Padura me cont\u00f3 muchas cosas, y yo le escuch\u00e9, casi sin pesta\u00f1ar, como el alumno que admira al maestro. Era un periodista con la maestr\u00eda de un escritor, acaso un investigador privado frustrado, frente a un aprendiz de escritor, que hace labores de, acaso su verdadero sue\u00f1o, el periodismo. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Padura me habl\u00f3 de m\u00fasica y pintura. Me diseccion\u00f3 la historia de La Habana y la del pueblo de Israel que cont\u00f3 en su novela \u201cHerejes\u201d y, sobre todo, no modific\u00f3 jam\u00e1s su tono mesurado, le gustasen o no las preguntas que recib\u00eda. Siempre una palabra esencial, siempre el adjetivo en su sitio, siempre la mesura por bandera.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Me ense\u00f1\u00f3 que vivir es beber y comer, y por eso la gastronom\u00eda es parte de su literatura, porque en la cultura hispana una mesa es el lugar de reuni\u00f3n de familia y amigos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Tras m\u00e1s de hora y media de charla, sal\u00ed de mi encuentro con Padura con la fuerza que recuerdo cuando comenc\u00e9 a escribir, hace m\u00e1s de quince a\u00f1os, volviendo a amar la literatura con la sinraz\u00f3n que lo hacemos los que intentamos contar historias propias y ajenas.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Calibri\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Padura me ha ense\u00f1ado muchas cosas en nuestra charla. S\u00ed, es cierto, a mi lado hab\u00eda otras doscientas personas, pero Padura nos habl\u00f3 a cada uno de nosotros. Al menos conmigo lo hizo. Ah\u00ed est\u00e1 su magia.<\/span><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONVERSANDO CON LEONARDO PADURA \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El pasado jueves tuve el honor de charlar con un Premio Princesa de Asturias de las letras, el \u00fanico de habla hispana desde que Augusto (Tito) Monterroso, el del dinosaurio que segu\u00eda all\u00ed, lo recibiese en el a\u00f1o 2000. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Era Leonardo Padura en estado puro. 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