{"id":693,"date":"2018-07-16T10:14:11","date_gmt":"2018-07-16T08:14:11","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/?p=693"},"modified":"2018-07-16T10:14:11","modified_gmt":"2018-07-16T08:14:11","slug":"de-todas-las-memorias-historicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/2018\/07\/16\/de-todas-las-memorias-historicas\/","title":{"rendered":"DE TODAS LAS MEMORIAS HIST\u00d3RICAS"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0<span style=\"text-decoration: underline;\">DE<\/span><u> TODAS LAS MEMORIAS HIST\u00d3RICAS<\/u><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><u>\u00a0<\/u><\/strong><\/p>\n<p>I.- \u00a0\u00a0\u00a0La abuela de mi mujer tiene 95 a\u00f1os. Lleva varios en una residencia geri\u00e1trica con una limitaci\u00f3n de movilidad que, sin embargo, hasta hace escasamente un mes, no le hab\u00eda afectado a su enorme capacidad para contar historias, vividas por ella y su familia, por otros, historias de la Historia. Quien sabe contar historias nunca estar\u00e1 solo, me dijo un d\u00eda Ray Loriga, y con Ana es cierto.<\/p>\n<p>Entre las historias que contaba, estaban, c\u00f3mo no, las de su ni\u00f1ez y su juventud. Una ni\u00f1ez dura en una casa con cinco hijos y una juventud de bailes de pueblo y timideces que el tiempo fue eliminando. Las cuenta de un modo maravilloso. De tal modo que yo, en muchas ocasiones, llegu\u00e9 a pensar que novelaba una realidad que quiz\u00e1 no fuera tal como la narraba y prefer\u00eda envolver en una realidad m\u00e1s atractiva.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II.-\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0Hace unos meses se muri\u00f3 Amador, uno de los hermanos de Ana. Ten\u00eda 97 a\u00f1os. Yo comenc\u00e9, hace unas semanas, a recopilar las escrituras de propiedades para pagarle al Principado de Asturias de nuevo por lo que Amador ya hab\u00eda pagado durante toda su vida, el impuesto que se devenga con ocasi\u00f3n de su sucesi\u00f3n. All\u00ed hab\u00eda t\u00edtulos de finales del siglo XIX, dignos de conservar, contratos privados, escrituras notariales, certificados de propiedad de ganado, y muchas cosas m\u00e1s. Y, una ma\u00f1ana de julio de 2018, me encontr\u00e9 la partida de defunci\u00f3n de Celso.<\/p>\n<p>Celso era un hermano de Ana y Amador. Y yo hab\u00eda escuchado muchas veces su historia, tan bien narrada, ya les digo, que quiz\u00e1 cre\u00ed que no era real. Pero esta semana, al leer esos documentos, comprend\u00ed que los hechos eran tal como los contaban.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>III.- \u00a0\u00a0\u00a0Toda la familia de Ana y Amador vivieron en Palomar, un pueblecito de Ribera de Arriba, a escasos 10 minutos de Oviedo y Mieres. Hab\u00edan vivido una guerra \u2013 entre la cuenca minera de la revoluci\u00f3n del 34 y el Oviedo del \u201ccerco\u201d- con los miedos de todos, las penurias de todos, las precauciones de todos, pero en aquella casa, afortunadamente, siempre hab\u00eda habido comida, y, concluido el conflicto, no faltaba ninguno de casa. Eras eran dos noticias extraordinarias, porque en muchas casas de alrededor faltaban la comida y los j\u00f3venes. A ambos se los hab\u00eda llevado la guerra.<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 39 el padre de familia enferm\u00f3. Un c\u00e1ncer se lo llev\u00f3 en poco tiempo, antes de acabar el a\u00f1o. Celso, que era el mayor, y estaba colocado en una carnicer\u00eda de Mieres (a donde iba caminando saliendo todos los d\u00edas a las 5 de la ma\u00f1ana) tuvo que volver a casa y hacerse cargo de sacarles adelante. Una viuda y cinco hijos \u2013 tres hombres y dos mujeres \u2013 ten\u00edan que salir adelante en la postguerra, que quiz\u00e1 fue m\u00e1s duro que el trienio de muerte<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IV.- Interpret\u00f3 entonces Celso el papel que le tocaba al \u201cmayorazu\u201d, y trabajaba en la huerta y con el ganado, para poder olvidar a su padre y comer todos los d\u00edas. Eran, como todos sabemos, tiempos en los que todo faltaba y por ello era necesario que los cinco de la casa pusieran de su parte.<\/p>\n<p>Todo mejor\u00f3 como puede hacerlo en el a\u00f1o 1940 en un pueblo asturiano. Pero entre todos los vecinos, que tambi\u00e9n ayudaban como pod\u00edan a sus semejantes y el esfuerzo de los miembros de la casa, no se pasaba hambre ni fr\u00edo, lo cual era suficiente. La felicidad se llamaba simplemente un plato en la mesa y un techo para cobijarse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>V.-\u00a0\u00a0\u00a0 Nunca hubo bandos en esa casa, como en tantas, como en casi todas. Todos quer\u00edan seguir viviendo sin mirar atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero un d\u00eda muri\u00f3 el cura de Palomar. Y la tradici\u00f3n dec\u00eda que el funeral de un cura lo dec\u00edan varios de sus compa\u00f1eros. Celso de ofreci\u00f3 a ir a buscar al cura de Lavarejos, un pueblo cercano por el que hab\u00eda que hab\u00eda que llegar cruzando el monte.<\/p>\n<p>All\u00ed le dieron el alto unos \u201cmaquis\u201d. Le preguntaron d\u00f3nde iba. \u00c9l dijo que se hab\u00eda muerto el cura de Palomar e iba a buscar al cura de Lavarejos para que diera la misa. Fue suficiente para condenarle sumariamente. Le descerrajaron dos tiros y le dejaron desangrarse en el monte hasta que a la ma\u00f1ana siguiente la familia pudo subir a buscarle para saber qu\u00e9 le hab\u00eda ocurrido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VI.- \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Esta semana tuve en mis manos la partida de defunci\u00f3n de Celso. Dice algo parecido a \u201cvar\u00f3n de 29 a\u00f1os fallecido por herida de arma de fuego y posterior p\u00e9rdida de sangre durante horas.\u201d<\/p>\n<p>Entend\u00ed entonces que la historia de Ana era tal como la contaba. El pecado de Celso simplemente fue contar la verdad. Que iba a buscar a un cura para que diera el funeral de otro. Durante a\u00f1os, me dec\u00eda, se sab\u00eda en el pueblo el nombre del asesino, pero, como con la guerra, solamente se quer\u00eda pasar p\u00e1gina. No hab\u00eda venganzas ni recuerdos. Nada se ganaba mirando atr\u00e1s con ira, porque Celso no iba a volver.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>EP\u00cdLOGO.- \u00a0\u00a0Estos d\u00edas Ana est\u00e1 muy enferma. Ya apenas puede contar historias.<\/p>\n<p>Celso lleva 77 a\u00f1os enterrado tras haberse desangrado en el monte.<\/p>\n<p>Ni uno ni otro piensan en cambiar una ley o en llamar \u201cmemoria hist\u00f3rica\u201d a lo que les pas\u00f3.<\/p>\n<p>Acaso yo tampoco lo pienso.<\/p>\n<p>Solamente s\u00e9 que me gusta que ustedes conozcan lo que le pas\u00f3 a Celso. Y que, acaso, si le da tiempo, mi mujer, coja la mano de su abuela, y le lea, pasada por el tamiz de mi escritura, la historia que ella siempre nos contaba y que yo, esta semana, pude comprobar en toda su crudeza en un documento de defunci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y que Ana, quiz\u00e1, antes de dejarnos, pueda -casi sin abrir los ojos, tal como est\u00e1 ahora &#8211; recordar su ni\u00f1ez, cuando a\u00fan Celso estaba en esa casa, y volver a un momento de felicidad que nunca nadie debi\u00f3 llevarse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0DE TODAS LAS MEMORIAS HIST\u00d3RICAS &nbsp; &nbsp; \u00a0 I.- \u00a0\u00a0\u00a0La abuela de mi mujer tiene 95 a\u00f1os. 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