{"id":88,"date":"2013-04-25T20:43:41","date_gmt":"2013-04-25T20:43:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/ivandesantiago\/?p=88"},"modified":"2013-04-25T20:43:41","modified_gmt":"2013-04-25T20:43:41","slug":"el-campillin-oviedo-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/2013\/04\/25\/el-campillin-oviedo-espana\/","title":{"rendered":"EL CAMPILL\u00cdN, OVIEDO, ESPA\u00d1A."},"content":{"rendered":"<p align=\"center\">\u00a0<\/p>\n<p align=\"center\"><strong><span style=\"text-decoration: underline\">\u00a0<\/span><\/strong><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Conozco el Campill\u00edn desde que tengo uso de raz\u00f3n, como muchos de ustedes. Para m\u00ed, un ni\u00f1o educado en los Padres Dominicos de Oviedo durante quince a\u00f1os, subir al Campill\u00edn, cuando ya \u00e9ramos tan mayores que nos permit\u00edan salir al recreo en las proximidades, era ver nuestro colegio desde una atalaya privilegiada que nos hac\u00eda sentirnos due\u00f1os del edificio donde nos educaban. Era una platea para observar los patios, las aulas,la Iglesia\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Despu\u00e9s, cuando la vida me llev\u00f3 ala Facultadde Derecho en el lejano Campus de El Cristo, volv\u00eda de vez en cuando a sentarme en sus bancos, en esas ma\u00f1anas de Oto\u00f1o o Primavera en la que ve\u00eda a las futuras generaciones jugar en mis mismos patios, aprender en mis mismas aulas. No era un parque precioso, puedo reconocerlo, pero los lugares son bonitos porque en ellos viven las personas y cada sitio conserva la historia de lo que uno ha vivido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A\u00f1os despu\u00e9s, me vine a vivir al barrio. Y por eso paso por el Campill\u00edn a diario. Desde all\u00ed veo los patios y los bancos que marcaron mi juventud. Lo que ocurre es que ahora atravieso con prisa, y por eso no me detengo a ver la primavera en los \u00e1rboles, o los ni\u00f1os que juegan en el parque con atracciones que, en mis tiempos, se limitaban a un bal\u00f3n y dos jerseys o dos mochilas haciendo de porter\u00edas. No es m\u00e1s feliz quien m\u00e1s tiene, sino quien menos necesita, dec\u00eda siempre mi abuelo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El pasado s\u00e1bado atraves\u00e9 el Campill\u00edn hacia las 9 de la noche. Hace ya un tiempo que su parte superior, la m\u00e1s pr\u00f3xima a Arzobispo Guisasola, la ocupan unos individuos a los que la droga ha hecho flacos favores y que se encuentran en esa fase vital en la que ya pocas cosas importan. Acaso compartir un cart\u00f3n de vino barato y buscar la esperanza de un nuevo rato de alivio de los dolores que la propia droga les causa cuando les falta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero son inofensivos. Aparte de que carecen de fuerza vital para hacer da\u00f1o a nadie que pese m\u00e1s de cincuenta kilos, se limitan a pedirte una moneda y ni siquiera te recriminan si no se la das. Todos lo saben y por eso comparten el parque con ellos en un ejemplo de que la vida no es peligrosa si uno sabe con qui\u00e9n y c\u00f3mo tratar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero a esa hora hab\u00eda un despliegue policial sin precedentes. A la entrada superior atisb\u00e9 dos furgonetas estacionadas y no menos de nueve agentes en la zona donde habitualmente se encuentran los toxic\u00f3manos. Pens\u00e9 que alguna peque\u00f1a reyerta por bienes tan absurdos como una pulsera de tela o un vaso de pl\u00e1stico con miles de usos, podr\u00eda haber ocasionado un incidente.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mi sorpresa al llegar fue que los agentes no vigilaban a los toxic\u00f3manos. Ped\u00edan la identificaci\u00f3n a un grupo de j\u00f3venes, perfectamente vestidos y arreglados, oliendo a colonia cara, que beb\u00edan de botellas enormes en los bancos situados enfrente. Sin duda comprobaban que ten\u00edan la edad para beber, y, por el resultado de las s\u00faplicas de alguno de ellos, no se daba en todos los casos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nuestra polic\u00eda tiene que controlar a los j\u00f3venes, para que no beban antes de la edad permitida, antes que a los toxic\u00f3manos. Podr\u00edamos pensar simplemente que evitan que acaben como aqu\u00e9llos a una edad temprana, pero tambi\u00e9n nos da una escena muy preocupante de nuestra realidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Horas despu\u00e9s, tras haber cenado con unos amigos, volv\u00eda a casa hacia la 1 de la ma\u00f1ana. La soledad de El Campill\u00edn, era plena. Me sorprendi\u00f3 que no hubiera nadie, pues no era tarde para un s\u00e1bado noche. Ech\u00e9 de menos (en el buen sentido) a las prostitutas de raza negra que llevan en ese lugar a\u00f1os realizando su trabajo en las condiciones que sean. Esas que te invitaban con un gesto de cabeza o con una palabra a gritos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La crisis tambi\u00e9n se las ha llevado por delante. Pobres esclavas del \u00faltimo escal\u00f3n del sexo barato que vend\u00edan su cuerpo y su alma a precios irrisorios, tambi\u00e9n se han visto apartadas de la calle porque los clientes ya no tienen ni para pagar el exiguo estipendio solicitado. A veces no es necesario prohibir, porque el propio mercado desaparece.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando sal\u00eda de El Campill\u00edn con un amargo sabor de boca, un hombre de unos sesenta a\u00f1os rebuscaba en un cubo de basura. Abr\u00eda las bolsas sin rubor. En una de ellas sac\u00f3 una especie de chocolatina y comi\u00f3 su contenido. Al sorprenderme mir\u00e1ndole, mascull\u00f3 una sola palabra: \u201cPerdone\u201d. Le hice un gesto con la mano, queriendo indicarle que no me deb\u00eda perd\u00f3n alguno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sal\u00ed de El Campill\u00edn con ganas de haberle pedido perd\u00f3n a \u00e9l. Porque quiz\u00e1 todos, por acci\u00f3n u omisi\u00f3n, seamos los culpables de que alguien tenga que comer de la basura. S\u00e9 que no es la escena de la mayor\u00eda de nuestros hogares, pero si algo tenemos que hacer, es dotarnos de las fuerzas necesarias para que nunca nadie tenga que volver a rebuscar entre nuestras basuras. De la crisis a la p\u00e9rdida de la condici\u00f3n humana hay un solo paso, y ese es el que no debemos dar jam\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esta ma\u00f1ana me he levantado un poco antes para ir a trabajar. He atravesado El Campill\u00edn. Lo he dicho muchas veces pero cada d\u00eda lo creo con m\u00e1s fe. Solamente con el esfuerzo de todos podremos salir de esto. M\u00e1s con menos, y compartido con quien lo necesita con apremio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Conozco el Campill\u00edn desde que tengo uso de raz\u00f3n, como muchos de ustedes. Para m\u00ed, un ni\u00f1o educado en los Padres Dominicos de Oviedo durante quince a\u00f1os, subir al Campill\u00edn, cuando ya \u00e9ramos tan mayores que nos permit\u00edan salir al recreo en las proximidades, era ver nuestro colegio desde una atalaya privilegiada [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":35,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/88"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/wp-json\/wp\/v2\/users\/35"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=88"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/88\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=88"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=88"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/ivandesantiago\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=88"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}