Hace sol y yo sigo congelada. Tengo el miedo metido en cuerpo y no es que ande estornudando por las esquinas tras besarme a la luz de la luna con un mexicano con el que previamente me comí una pata de jamón. No. Mi frío y mi miedo tienen un nombre: Sporting. Y me preocupa que el equipo, en vez de ocuparse de enmedar sus errores, se dedique a escupir al árbitro. Razón no les falta, picardía toda: ¿cuándo se vio al reo amenazando al verdugo? Y ser prudente no es ser cobarde. Aviso.
La economía tampoco me da respiro. Ahora resulta que según no sé qué barómetro España es el último país que va a salir de la recesión. Nos adelantan Estonia, Letonia y Lutuania, países todos ellos con los que, hasta hoy, yo pensaba que sólo competíamos en Eurovisión. Nos adelanta también Portugal, nosotros que tanto les miramos por encima del hombro cuando vamos a por toallas. Ay.
Pero hay más. Resulta que al hilo del H1N1 (yo que siempre fui fan de R2D2) me entero de que en cada cuerpo humano hay del orden de dos kilos de microbios. Y yo esto lo leo en enero y, mira, como que me da igual, pero ya en mayo y con este día de playa, pienso en los dos kilos de microbios y solo veo lorzas saliendo por el biquini. Mira que es sufrido ser mujer… Y ser mujer del Sporting en tiempos de recesión ya ni te cuento.