Sus manos son pequeñas pero agarran con la fuerza de un titán. Sus ojos son pequeños pero brillan más que muchas noches la mismísima luna. Sus labios son pequeños pero ya se mueven decididos a conseguir lo que se propone. Su corazón, igual de pequeño que sus manos, sus ojos y sus labios, le está dando la primera lección de su vida, justo ahora que su vida no acaba más que empezar. Pero Marina es una luchadora. Marina lleva el coraje en sus genes y en su sangre. Por eso Marina, tan pequeña, es tan grande. Como su madre. Como su abuelo.