{"id":1103,"date":"2014-12-22T09:25:19","date_gmt":"2014-12-22T09:25:19","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/jotia\/?p=1103"},"modified":"2014-12-22T09:25:19","modified_gmt":"2014-12-22T09:25:19","slug":"un-bosque-de-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/2014\/12\/22\/un-bosque-de-palabras\/","title":{"rendered":"Un bosque de palabras"},"content":{"rendered":"<p>A prop\u00f3sito de &#8216;No encuentro mi cara en el espejo&#8217;, Fulgencio Arg\u00fcelles (Acantilado)<\/p>\n<p>Leer a Fulgencio Arg\u00fcelles es lo m\u00e1s parecido a atravesar un bosque en oto\u00f1o cuesta abajo. Y cualquiera que haya atravesado un bosque en oto\u00f1o cuesta abajo \u2013o sea, cualquiera\u2013 sabe que no es sencillo, que est\u00e1 humedo, que si no se pone cuidado, resbala; pero sabe tambi\u00e9n que es completamente imposible parar. La misma fuerza de la inercia que te empuja cuesta abajo por un bosque en oto\u00f1o es la que Fulgencio Arg\u00fcelles imprime en sus verbos, con la que encadena sus enumeraciones, con la que construye textos que m\u00e1s que escritos parecen destilados, porque los cose con palabras que no se pronuncian, se mastican, y los llena de atm\u00f3sferas que lo envuelven todo, y de personas, personajes, que, como solo sucede con la literatura mayor, se instalan en la mente y en el coraz\u00f3n del lector para quedarse all\u00ed a vivir para siempre.<br \/>\nVuelve el escritor de Cenera a la cuenca minera, muy cerca de su \u2018Palacio azul de los ingenieros belgas\u2019, que va, por cierto, por su s\u00e9ptima edici\u00f3n, tambi\u00e9n en Acantilado. Lo hace \u00abel d\u00eda de la muerte del cura Lubencio\u00bb, una noche de tormenta en v\u00edsperas de una guerra, la civil, que \u00abnadie va ganar porque nadie gana nunca ninguna guerra, aunque algunos quedar\u00e1n m\u00e1s jodidos que otros\u00bb. Y en un pueblo, Pe\u00f1afonte, en el que por las noches suena el viol\u00edn de una muchacha que ha perdido el juicio por amor (o tal vez sea la \u00fanica que lo conserva), \u00ablos sapos y las culebras salen a tomar la luna\u00bb y hasta, si se tercia, caen bombas p\u00e9rdidas de los alemanes.<br \/>\nAll\u00ed viven Mar\u00eda Casta y su hijo Edipio, el chico al que tanto le cuesta encontrarse en el espejo. La nueva novela de Fulgencio Arg\u00fcelles es la historia de esta particular pareja, unida por la sangre y por un secreto, pero tambi\u00e9n de muchas otras almas, la mayor\u00eda partidas por la miseria, casi todas marcadas por la injusticia. Es tambi\u00e9n la historia eterna del ser humano, ese que \u00abdebe nacer muchas veces para crecer\u00bb, ese que tiene que \u00abparirse a s\u00ed mismo\u00bb.<br \/>\nPoco importa la trama, aunque, por resumir, la trama sea el retrato coral, la foto fija de una aldea asturiana sobre la que estalla la guerra civil con la Revoluci\u00f3n del 34 sin cicatrizar. No es esta una historia de buenos y malos, como no es el mundo un lugar para las simplezas. La mayor verdad, que confiesa el propio Arg\u00fcelles en boca de uno de sus personajes, es que \u00ablos hechos nada son en comparaci\u00f3n con la forma que tenemos de interpretarlos\u00bb. Por eso y porque \u00ablas palabras son inocentes y tambi\u00e9n son libres, andan expuestas a granel para que cualquiera las elija a su antojo y las coloque\u00bb, \u00e9l las utiliza para dar forma a coleccionistas de palabras, a mujeres capaces de \u00abatrapar buenos sentimientos y sentarlos literalmente a su lado\u00bb, a un hombre \u00abque hab\u00eda le\u00eddo tres libros pero muchas veces: \u2018La Biblia\u2019, \u2018Moby Dyck\u2019 y \u2018Los cuentos de la Alhambra\u2019\u00bb, a un contador de estrellas enamorado de la luna \u00abque es m\u00e1s humana que el sol porque crece, mengua y hasta se acaba muriendo\u00bb, a un maestro \u00abateo por la gracias de Dios\u00bb o a un cura poco dogm\u00e1tico cuyas largas conversaciones sobre lo humano y lo divino con el profesor marcan algunos de los momentos m\u00e1s memorables del libro. Deliciosos y hasta impagables podr\u00eda decirse si no fueran adjetivos tan terror\u00edficamente cursis. Inteligentes, sinceros y divertidos en todo caso.<br \/>\n\u2018No encuentro mi cara en el espejo\u2019 es m\u00e1s que una historia de fascistas y comunistas, de falaguistas y anarquistas, es m\u00e1s que el reflejo de unos hechos en un lugar y en un momento concretos. \u2018No encuentro mi cara en el espejo\u2019 es un canto, un canto oscuro y por momentos tenebroso, pero un canto al fin y al cabo, a la salvaci\u00f3n del hombre por el hombre. Porque en medio de la basura, en el centro mismo del barro, siempre est\u00e1 eso a lo que \u00abuno sabe que ha llegado cuando se deshacen aqu\u00ed dentro los nudos de la congoja\u00bb. Est\u00e1 ese deseo de abrazar, de sentir al otro. Est\u00e1 el amor, la \u00fanica fuerza capaz de que el \u00abolor de los escombros\u00bb deje de flotar en el aire y d\u00e9 paso a un viento fresco. Aunque sea solo por un rato. En Pe\u00f1afonte o en cualquier lugar del mundo.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A prop\u00f3sito de &#8216;No encuentro mi cara en el espejo&#8217;, Fulgencio Arg\u00fcelles (Acantilado) Leer a Fulgencio Arg\u00fcelles es lo m\u00e1s parecido a atravesar un bosque en oto\u00f1o cuesta abajo. 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