{"id":1290,"date":"2015-09-04T14:45:33","date_gmt":"2015-09-04T14:45:33","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/jotia\/?p=1290"},"modified":"2015-09-04T14:45:33","modified_gmt":"2015-09-04T14:45:33","slug":"el-hombre-que-se-salvo-de-ser-devorado-por-los-leones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/2015\/09\/04\/el-hombre-que-se-salvo-de-ser-devorado-por-los-leones\/","title":{"rendered":"El hombre que se salv\u00f3 de ser devorado por los leones"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><a href=\"http:\/\/blog.elcomercio.es\/jotia\/files\/2015\/09\/1uganda1.jpg\" rel=\"external nofollow\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter  wp-image-1295\" src=\"\/\/blog.elcomercio.es\/jotia\/files\/2015\/09\/1uganda1.jpg\" alt=\"\" width=\"538\" height=\"403\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Cuando el narrador es fiel, eterna e inquebrantablemente fiel a la historia, al final es el silencio quien habla&#8221; (Karen Blixen en una carta a su hermano)<\/p>\n<div><\/div>\n<div>Conoce cada metro cuadrado de Murchinson porque todos los ha caminado con sus pies descalzos, duros como rocas, r\u00e1pidos como de ant\u00edlope. O casi, que son cerca de 4.000 kil\u00f3metros, s\u00ed, 4.000: Murchinson es el parque nacional m\u00e1s grande de Uganda y uno de los mayores de toda \u00c1frica. George naci\u00f3 en Kenia, pero aqu\u00ed ha vivido los \u00faltimos 40 a\u00f1os, tantos como lleva siendo ranger. Sus armas son sus ojos negr\u00edsimos, su o\u00eddo prodigioso y un kalasnikov un tanto desvencijado con el que tiene licencia para disparar a los furtivos. A los animales, solo en caso de riesgo m\u00e1ximo. George es un hombre feliz, &#8220;s\u00f3lo si lo eres puedes ves a los animales&#8221;, esta es su primera advertencia, seguida de una risotada de estruendo, antes de adentrarnos con \u00e9l y nuestra suerte de cami\u00f3n &#8216;descapotable&#8217; en uno de esos lugares tocados por la mano de Dios, en uno de esos sitios en los que no ser feliz resulta pr\u00e1cticamente imposible.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>As\u00ed es como comienza el desfile interminable de ant\u00edlopes, chacales, facoceros, jirafas, hipop\u00f3tamos y hasta una pareja de calados en peligro de extinci\u00f3n, aunque esto se parece muy poco a un desfile. Es m\u00e1s como si te hubiesen concedido el deseo de ser invisible y tuvieras la bendita suerte de que te dejasen mirar muy de cerca la vida: la salvaje, el origen de todo. Mezclarte con ella. Cae la tarde cuando George pide silencio y unos prism\u00e1ticos. Como en misa, comenzamos a aproximarnos. Despacio, como si el tiempo se hubiera detenido. Est\u00e1n aqu\u00ed, tres hembras de le\u00f3n sestean y, junto a ellas, dos cachorros que parecen como abrazados dan vueltas sobre la hierba, juegan, que eso es lo que tienen que hacer los ni\u00f1os, es su trabajo. El macho est\u00e1 escondido, bien a la sombra, el suyo en realidad es imponer, evitar que nadie, incluido otro le\u00f3n, le d\u00e9 la lata a sus chicas. Ellas son las que cazan. La manada no se inmuta, como si nos hubieran dado un secreto permiso para observarles siempre y cuando sigamos en silencio. Y seguimos, vaya si seguimos. Hay dos cosas que paralizan: una es el miedo; la otra, la belleza. Y esta es la que delante de los primeros leones en libertad de mi vida me tiene sin poder moverme, siquiera para sacar la c\u00e1mara.<\/div>\n<div>Ven\u00eda advertida por Karen Blixen:\u00a0&#8220;Ver un le\u00f3n te hace sentir de pronto lo que la naturaleza expresa con su fuerza cuando se le mira a los ojos&#8221;. Y Karen Blixen jam\u00e1s miente.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Lo que viene a continuaci\u00f3n es una transcripci\u00f3n, lo m\u00e1s fiel que mi coraz\u00f3n y mi memoria me permiten, de la historia que George nos regal\u00f3 despu\u00e9s, la historia de c\u00f3mo se salv\u00f3 de ser devorado por los leones.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>1998 (todas las historias de George empiezan con la data). Hab\u00edan sido d\u00edas de trabajo duro y ya me tocaba descansar. Estaba en el poblado, con los otros rangers, bebiendo, bebiendo mucho, esa es la verdad; borracho, vaya. Todos quer\u00edan irse a dormir y a m\u00ed se me ocurri\u00f3 seguir la fiesta solo, en un sitio que me gusta especialmente. Me cog\u00ed un par de botellas de cerveza y otra de whisky y empec\u00e9 a andar. Llegu\u00e9. Y, naturalmente, me las beb\u00ed. A eso hab\u00eda ido. Estaba borracho, s\u00ed, definitivamente estaba muy borracho. Despu\u00e9s de un rato bien largo, no recuerdo cu\u00e1nto de largo, pero s\u00ed que segu\u00eda siendo de noche, decid\u00ed volver. A la ida la carretera (llama carretera a un camino polvoriento abierto en la sabana) estaba llena de animales; a la vuelta, no. Esto me preocup\u00f3, pero segu\u00ed caminando. \u00bfA ver qu\u00e9 otra cosa iba a hacer? Y entonces los vi: el macho, con su melena enorme, a mi derecha, observ\u00e1ndome, en alerta. Junto a \u00e9l, tres leonas. Al otro lado del camino, otras cuatro. En ese momento se me quit\u00f3 la borrachera de s\u00fabito y me di cuenta de que mi pantal\u00f3n estaba completamente mojado. Juro que no llov\u00eda. No sab\u00eda que hacer, no ten\u00eda ni idea de qu\u00e9 hacer. Creo que olvid\u00e9 decir que iba desarmado. Bueno, pues iba desarmado. Entonces mir\u00e9 al cielo y pens\u00e9: Dios, \u00e9l es el \u00fanico que puede sacarme de esta, el \u00fanico capaz de ayudarme. Y le pregunt\u00e9 directamente:<\/div>\n<div>-Dios, por favor, no dejes que me maten, dime, dime qu\u00e9 puedo hacer.<\/div>\n<div>-Habla con ellos.<\/div>\n<div>-\u00bfC\u00f3mo que hable con ellos?<\/div>\n<div>-S\u00ed, hazlo, expl\u00edcales, cu\u00e9ntales.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y le hice caso, les habl\u00e9 en ingl\u00e9s, no s\u00e9 por qu\u00e9 pero me pareci\u00f3 que igual lo entend\u00edan mejor que el luo o el swahili. Me dirig\u00ed al jefe, claro est\u00e1.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>-Le\u00f3n, por favor, ya ves que soy un ranger, estoy aqu\u00ed para protegeros y para cuidarnos, no para haceros da\u00f1o. Por favor, permitidme seguir mi camino. Por favor. Por favor.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Me mir\u00f3 muy fijamente. Se sent\u00f3. Y las leonas comenzaron a sentarse despu\u00e9s de \u00e9l. Vi que me hab\u00eda entendido, y segu\u00ed. Al llegar al poblado, meado de miedo, pero vivo, despert\u00e9 gritando a todos mis compa\u00f1eros. Ninguno me crey\u00f3. A la ma\u00f1ana siguiente volvimos al lugar. All\u00ed estaban las huellas. Las m\u00edas en el camino y las de los ocho leones a ambos lados, cuatro a la derecha, cuatro a la izquierda. As\u00ed fue c\u00f3mo me salv\u00e9 de ser devorado por los leones y as\u00ed fue como aprend\u00ed que si uno es amable con los animales, ellos lo son contigo. Pero, por si acaso, que a nadie se le ocurra sacar el cuerpo del cami\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y otra enorme risotada hizo las veces de color\u00edn colorado.<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &#8220;Cuando el narrador es fiel, eterna e inquebrantablemente fiel a la historia, al final es el silencio quien habla&#8221; (Karen Blixen en una carta a su hermano) Conoce cada metro cuadrado de Murchinson porque todos los ha caminado con sus pies descalzos, duros como rocas, r\u00e1pidos como de ant\u00edlope. 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