{"id":1481,"date":"2016-09-02T10:57:25","date_gmt":"2016-09-02T08:57:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/?p=1481"},"modified":"2016-09-02T10:57:25","modified_gmt":"2016-09-02T08:57:25","slug":"desde-florencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/2016\/09\/02\/desde-florencia\/","title":{"rendered":"Desde Florencia"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/jotia\/wp-content\/uploads\/sites\/27\/2016\/09\/florenciafoto.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-1482\" title=\"florenciafoto\" src=\"\/jotia\/wp-content\/uploads\/sites\/27\/2016\/09\/florenciafoto.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/27\/2016\/09\/florenciafoto.jpg 640w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/27\/2016\/09\/florenciafoto-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>\u201cAbsorto en la contemplaci\u00f3n de la belleza sublime, la ve\u00eda de cerca, la tocaba, por as\u00ed decir. Hab\u00eda alcanzado ese punto de emoci\u00f3n en el que se encuentran las sensaciones celestes inspiradas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de la Santa Croce, me lat\u00eda con fuerza el coraz\u00f3n; sent\u00eda aquello que en Berl\u00edn denominan nervios; la vida se hab\u00eda agotado en m\u00ed y caminaba temeroso de caerme\u201d.<\/p>\n<p>El s\u00edndrome del viajero, \u2018Diario de Florencia\u2019 (Stendhal)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Temerosa de caerme pese a que hace d\u00edas, podr\u00edan decirse siglos, que he renunciado a los tacones, camino por las calles de Florencia y, con permiso de Stendhal, yo tambi\u00e9n \u201ccreo vivir con Dante\u201d a pesar de que, a veces, esta ciudad no sea \u201cm\u00e1s que un museo lleno de extranjeros\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la misma puerta de la Santa Croce la figura de Alighieri y sus imponentes dimensiones de gigante espanta palomas y turistas japoneses que, sospechosamente, jam\u00e1s se mueven en bloques inferiores a la veintena y se empe\u00f1an en verlo todo a trav\u00e9s de sus c\u00e1maras y tel\u00e9fonos. Florencia se impone como se impusieron los Medicci, como sus pr\u00edncipes, como sus papas. Las piedras podr\u00edan fundirse con el calor del final del verano, pero no lo hacen. Seis, siete siglos despu\u00e9s de permanecer en el mismo lugar, nos dejan claro que ellas se quedan, que somos nosotros, como las palomas y los turistas japoneses, los que estamos de paso. Pero nosotros, a diferencia, seguro, de las primeras y, probablemente, tambi\u00e9n de los segundos, a\u00fan podemos pedir un \u00faltimo deseo, como los reos que ardieron a pocos pasos de aqu\u00ed, en la Piazza della Signor\u00eda: nosotros a\u00fan tenemos la capacidad de llevarnos una parte de Florencia, con sus c\u00fapulas y sus frescos colosales, con sus m\u00e1rmoles verdes y sus sillares eternos, con sus delicadas \u2018anunciaciones\u2019 y sus retorcidos torsos de bronce, con sus \u2018tizzianos\u2019 y su \u2018Primavera\u2019 naciendo para siempre cada d\u00eda. Con su olor a cuero, su sabor a helado de ricota y su sonido de mil campanas. Y guardarla en el alma. A buen recaudo. Para cuando nos haga falta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Podemos llevarnos eso y la certeza de que nosotros nos vamos, pero Florencia se queda. Y ese es, sin duda, el mejor consuelo.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cAbsorto en la contemplaci\u00f3n de la belleza sublime, la ve\u00eda de cerca, la tocaba, por as\u00ed decir. Hab\u00eda alcanzado ese punto de emoci\u00f3n en el que se encuentran las sensaciones celestes inspiradas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. 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