{"id":1621,"date":"2018-03-01T20:55:45","date_gmt":"2018-03-01T19:55:45","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/?p=1621"},"modified":"2018-03-06T14:52:26","modified_gmt":"2018-03-06T13:52:26","slug":"ahora-y-siempre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/jotia\/2018\/03\/01\/ahora-y-siempre\/","title":{"rendered":"Ahora y siempre"},"content":{"rendered":"<p>Igual que para creer en la Santina no es necesario creer en Dios, para ser de Quini nunca hizo falta ser del Sporting, ni siquiera de f\u00fatbol. Porque Quini era, es, otra cosa.<br \/>\nRecuerdo la primera vez que vi el r\u00edo Duero desde el asiento de atr\u00e1s del coche de mi padre: la inmensa emoci\u00f3n infantil de comprobar que algo que habitaba en los libros tambi\u00e9n era real. Me sucedi\u00f3 lo mismo la primera vez que vi a Quini en carne y hueso. Porque para los ni\u00f1os de mi generaci\u00f3n Quini era la equivalencia en rojo y blanco a Superman. Quini era el p\u00f3ster en la habitaci\u00f3n, el grito de goooooool en la radio del domingo por la tarde, la alegr\u00eda de Isidro, playu entre los playos, camino de El Molin\u00f3n. Era la fe inquebrantable de mi abuela en el Sporting, la certeza de que el peque\u00f1o puede con el grande aunque solo sea a veces. Era la emoci\u00f3n, nuestra Esparta particular. Quini era, adem\u00e1s, el paisano siempre dispuesto, el colaborador de una y mil causas, el que tiene una foto con todo Gij\u00f3n, literalmente, no es un decir, porque \u00e9l posaba y sonre\u00eda para qui\u00e9n quisiera, cu\u00e1ndo quisiera y c\u00f3mo quisiera.<\/p>\n<p>Pero sobre todas las cosas, Quini siempre me pareci\u00f3 la encarnaci\u00f3n con piernas, benditas piernas, de las segundas oportunidades, esas que la vida te ense\u00f1a que suelen acabar siendo las mejores. Dej\u00f3 el Sporting y volvi\u00f3, le secuestraron y perdon\u00f3, le vinieron mal dadas y levant\u00f3 cabeza, pele\u00f3 contra un c\u00e1ncer cabr\u00f3n y le dio esquinazo. Ya es casualidad, o no, que su coraz\u00f3n se haya parado precisamente en el d\u00eda m\u00e1s fr\u00edo en a\u00f1os en un Gij\u00f3n helado y paralizado por una noticia que se adelanta veinte o treinta a\u00f1os, joder. Por primera vez no hay segundo tiempo, no queda partido de vuelta para remontar.<\/p>\n<p>La \u00faltima vez que le vi en la tele daba \u00e1nimos al jugador de turno que sal\u00eda al campo despu\u00e9s de un cambio y pens\u00e9 que Quini era la \u00fanica persona del mundo capaz de hacer del abrazo una profesi\u00f3n, la segunda de su vida. La \u00faltima vez que le vi en persona fue, naturalmente, en una sidrer\u00eda. A pocos pasos un ni\u00f1o con la boca abierta le miraba y tiraba de la chaqueta de su padre, at\u00f3nito como si fuera el mism\u00edsimo Rey Melchor o Batman con el Batmovil aparcado a la puerta el que estuviera acodado en la barra. Quini charlaba tranquilamente con su mujer de sus cosas, pero vio al guaje por el rabillo del ojo y no lo pens\u00f3 ni medio segundo. Se acerc\u00f3 a \u00e9l, le choc\u00f3 la mano, le cogi\u00f3 los mofletes y le solt\u00f3 no s\u00e9 qu\u00e9 gracia&#8230; En la cara de aquel ni\u00f1o, encendida, volv\u00ed a ver a mi hermano con diez a\u00f1os, vi otra vez a mi abuela en la Tribunona, vi a una ciudad entera, a un pueblo, unos colores, una forma vieja y aut\u00e9ntica de sentirlos y sobre todo vi a El Brujo en acci\u00f3n, que pidi\u00f3 otro cul\u00edn sin darse un pijo de importancia, sin darse cuenta, o d\u00e1ndosela pero sin aspavientos, de que hay personas tocadas por la mano de Dios, o de la Santina, capaces de hacer magia: con las piernas en un campo de f\u00fatbol, con las manos en la barra de un chigre&#8230; con el coraz\u00f3n siempre y en cualquier caso.<\/p>\n<p>Quini se ha ido. Su leyenda jam\u00e1s. La poes\u00eda no siempre se crea por escrito y los poetas, como los viejos rockeros, nunca mueren. Ahora, Quini. Ahora y siempre.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Igual que para creer en la Santina no es necesario creer en Dios, para ser de Quini nunca hizo falta ser del Sporting, ni siquiera de f\u00fatbol. Porque Quini era, es, otra cosa. 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